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Herpes zóster: por qué el estrés y las enfermedades crónicas aumentan el riesgo

El herpes zóster puede reactivarse cuando bajan las defensas. Estrés, envejecimiento y enfermedades crónicas figuran entre los principales factores de riesgo.


El reciente testimonio de Lionel Scaloni sobre haber padecido herpes zóster tras el Mundial de Qatar volvió a poner en agenda una enfermedad que afecta a millones de personas. Especialistas advierten que el estrés, el envejecimiento y diversas enfermedades crónicas pueden debilitar el sistema inmune y favorecer la reactivación del virus.

El herpes zóster, conocido popularmente como "culebrilla", es una infección causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela durante la infancia y que permanece latente en el organismo.

Según los especialistas, el 90% de los adultos mayores de 50 años está en riesgo de desarrollar la enfermedad, especialmente cuando existen factores que comprometen las defensas del cuerpo.

Herpes zóster, estrés y defensas bajas

A medida que las personas envejecen, se produce un deterioro natural del sistema inmunológico conocido como inmunosenescencia. Este proceso reduce la capacidad del organismo para responder ante infecciones y facilita la reactivación del virus.

El estrés también juega un papel determinante. Situaciones de alta exigencia física o emocional pueden generar una disminución temporal de las defensas y aumentar la probabilidad de desarrollar herpes zóster.

"El director técnico de la selección nacional, Lionel Scaloni, comentó que tuvo herpes zóster tras el Mundial de Qatar, en un contexto de fuerte estrés y desgaste emocional. Esto es un claro ejemplo de cómo situaciones de alta exigencia mental y emocional impactan directamente en el cuerpo. El estrés sostenido libera hormonas como el cortisol que deprimen el sistema inmunológico. Cuando las defensas bajan, el virus que estaba dormido encuentra la oportunidad para reactivarse", explicó el Dr. Lucio Criado, médico especialista en medicina interna.

Enfermedades crónicas y herpes zóster

Los especialistas remarcan que el riesgo no se limita a la edad o al estrés. Existen diversas condiciones de salud que incrementan la vulnerabilidad frente a esta enfermedad.

Entre las principales enfermedades asociadas a un mayor riesgo de herpes zóster se encuentran:

  • Diabetes.

  • Enfermedades cardiovasculares.

  • Enfermedad renal crónica.

  • Asma.

  • EPOC.

Además, otras patologías o tratamientos que afectan el sistema inmunológico también pueden favorecer la reactivación del virus:

  • Cáncer.

  • Tratamientos quimioterápicos.

  • VIH.

  • Enfermedades autoinmunes como lupus, psoriasis y artritis reumatoidea.

Síntomas y complicaciones del herpes zóster

El herpes zóster suele comenzar con síntomas que pueden resultar molestos y afectar la calidad de vida de quienes lo padecen. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:

  • Picazón.

  • Hormigueo.

  • Sensibilidad al tacto.

  • Lesiones cutáneas localizadas en el rostro, tórax o abdomen.

Sin embargo, la enfermedad también puede derivar en complicaciones de largo plazo. La más frecuente es la neuralgia postherpética (NPH), un dolor neuropático persistente que puede extenderse durante meses o incluso años después de la desaparición de las lesiones en la piel.

"Más allá de la erupción, el herpes zóster puede dejar un dolor que se prolonga tras la curación de las heridas de la piel, alterando de forma negativa el descanso, el estado de ánimo y la movilidad, lo que puede provocar depresión o retraimiento social en quien lo padece", señaló Verónica Loggia, pediatra, infectóloga y gerente médica de vacunas de GSK.

Prevención del herpes zóster y consulta médica

Cuando la reactivación del virus afecta la zona del rostro, puede presentarse una de las formas más graves de la enfermedad: el zóster oftálmico.

Esta variante puede comprometer directamente las estructuras del ojo y generar complicaciones severas, incluida la pérdida de la visión. Por este motivo, los especialistas destacan la importancia de un diagnóstico temprano y de las estrategias de prevención.

"Cada encuentro con el médico es una oportunidad para conversar sobre cómo prevenir este tipo de enfermedades y cómo fortalecer el sistema inmune. La vacunación es clave para reducir el impacto del herpes zóster y otras enfermedades prevenibles", enfatizó la Dra. Elena Obieta, médica infectóloga.