Hace 15 años que esta en la calle, vive en la puerta del Hospital Central y necesita unas muletas para caminar
En medio de la ola de polar, Diego vive en la puerta del Hospital Central luchando contra el frío, la diabetes y una herida que no termina de cerrar.
Diego vive hace 15 años en la puerta del Hospital Central. Con diabetes y una herida que no cicatriza, pide muletas para poder caminar.
Alf Ponce Mercado / MDZEste viernes en Mendoza, con el termómetro castigando y una llovizna fina que no dio tregua en toda la mañana, MDZ recorrió las puertas de distintos hospitales de la provincia buscando ponerle rostro al frío y contar cómo lo atraviesan los que están más expuestos: niños, abuelos, los que no tienen techo. En ese recorrido apareció una historia que se quedó grabada: la de Diego.
Diego está en situación de calle desde hace 15 años. Vive, literalmente, en la puerta del Hospital Central: ahí duerme, ahí pasa el día, ahí pide alguna colaboración a quienes pasan para poder comer. Con gorro rojo, una bufanda tejida, una zapatilla rota y una manta verde a su lado como toda protección contra el frío, aceptó contarle su historia a MDZ.
"Estoy en situación de calle, perdí a mi familia por la droga. Estaba dejando las drogas cuando los perdí, y hoy los estoy por recuperar", contó, sin vueltas. Consultado por cuánto tiempo lleva en la calle, no dudó: "15 años, más o menos". Diego duerme ahí, cada noche en la puerta del Hospital Central.
Diabetes, hipertensión y una herida que no cicatriza
El frío no es el único problema. Diego es diabético e hipertenso, y contó que tiene un posible cáncer de próstata: "Lo estoy superando", aseguró. Además, tiene un pie lastimado: de tanto caminar se le formó una herida que, a causa de la diabetes, no termina de cicatrizar y hoy lleva vendada. Por eso, dice, prefiere no alejarse del hospital, para poder atenderse rápido si lo necesita.
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"No puedo trabajar más porque tengo diabetes. De tanto caminar se me hizo una herida en el pie y no cicatriza", explicó. Lo que más le gustaría conseguir hoy es "un trabajo, para vivir y ayudar a mi hijo, que muchas veces pasa hambre", contó. Su hijo vive con la madre, en otro punto de Mendoza, y Diego asegura que lo ve seguido: "Hoy hago lo que puedo", afirmó.
En cuanto a sus necesidades Diego fue puntual y afirmó: "Lo que más necesito son unas mueltas, para poder caminar. No puedo moverme bien con esto", dijo señalando su pie vendado. También pidió abrigo y calzado.
El destrato de quien no conoce su sufrir
Diego también nos mostró algo que guarda como un tesoro: una libreta donde tiene anotados, a mano, distintos números de teléfono a los que puede recurrir si necesita ayuda. Una prueba de que -aunque lleva 15 años en la calle- nunca dejó de buscarle una salida a su situación.
Pese a todo, tiene un mensaje para quienes atraviesan lo mismo que él y para quienes puedan tender una mano. "Los días se pueden. Las drogas son malas, perdés a tu familia y quedás en la calle. Uno se da cuenta recién cuando ya perdió todo", contó con los ojos llenos de lágrimas. Y agregó, sobre su propio deseo de salir adelante: "Me gustaría trabajar, no quedarme así. No hago esto porque quiero, es feo que mucha gente que pasa me diga: ‘Andá a laburar’", cerró con dolor.



