Georgina y Juan Boubée, la historia familiar detrás de Ripsa
Los fundadores de Ripsa repasaron los inicios de la empresa, el valor de la familia y el desafío de seguir creciendo juntos.
Juan Boubée, director de Ripsa y socio fundador de la empresa, llegó a Entrevistas MDZ acompañado por su esposa, Georgina, para repasar una historia que combina intuición, esfuerzo, familia y adaptación a los cambios. Lo que empezó como una idea novedosa para pagar impuestos y servicios fuera del banco terminó convirtiéndose en una red con múltiples prestaciones.
A lo largo de la charla, ambos reconstruyeron los primeros años de la compañía, las dudas del mercado, el rol de la familia en las decisiones y la incorporación de su hijo Tommy al directorio. También hablaron de sus años de juventud, del trabajo, del matrimonio y de la importancia de mirar la propia historia con gratitud.
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-¿Cómo nació Ripsa, ?
JB-La empresa nació con una modalidad que ya existía afuera: poder pagar en lugares comunes, no solamente en el banco. Nos gustó la idea y decidimos avanzar. Al principio éramos cinco socios: cuatro de la familia y un conocido que fue quien había traído parte de esa idea. Fue toda una aventura y también una experiencia increíble, porque en ese momento la institución para hacer pagos era el banco. La gente hacía la fila en el banco y las empresas proveedoras de luz, gas o teléfono tenían al banco como el lugar natural para la cobranza. Nosotros aparecimos con una propuesta distinta, que tenía que ver con descentralizar ese sistema.
-¿Fue difícil convencer a las empresas de aceptar ese modelo?
JB-Sí, fue toda una batalla. Hay que pensar que Ripsa tiene 30 años. Cuando íbamos a hablar con el gerente general de una empresa, por ejemplo Telecom, y le decíamos que queríamos hacer la cobranza de sus facturas, la primera pregunta era: “¿Y dónde?”. Entonces uno respondía: “En una carnicería, en un videoclub”. Y claro, sonaba rarísimo. Te miraban como diciendo: “¿En serio estás diciendo esto?”. Después vino otra batalla, que fue convencer al usuario. El banco tenía una presencia muy fuerte y había que lograr que la gente confiara en que podía dar la vuelta a la manzana, cruzar la calle y pagar una factura en otro lugar. El usuario se preguntaba: “¿Y con esa plata qué van a hacer? ¿Después me van a reclamar?”. Había que construir confianza. Fue un camino largo, de mucho aprendizaje.
-¿Cómo evolucionó el servicio desde aquellos primeros años?
JB-Al principio era luz, gas, teléfono y cable. Nada más. Hoy, más allá de la cobranza de impuestos y servicios, se pueden hacer un montón de operaciones: recargas de celulares, recarga de la tarjeta SUBE, envío de dinero y también extracción de efectivo. Para mí, poder sacar dinero es una solución enorme. Hay una gran deficiencia en lo que son los cajeros automáticos. Normalmente no quedan cerca de tu casa y, si es un fin de semana, lo más seguro es que no tengan dinero porque se vacían muy rápido. Además, el costo de mantenerlos llenos es muy alto. Entonces, que puedas cruzar y tener un Ripsa donde sacar dinero en cualquier momento es una ayuda concreta para la gente.
-Georgina, ¿cómo viviste la creación y el crecimiento de la empresa?
GB-Siempre lo viví a la par, porque nosotros todo lo hacemos de a dos. Ese fue siempre nuestro modo. Fue un camino muy lindo, pero también difícil, porque como todo comienzo, nada es fácil. Hubo años buenos y también años no tan buenos, especialmente a nivel societario. Después quedamos dos socios y seguimos adelante. En esto no emprende solamente uno. Emprendemos los dos y emprende la familia. Cuando uno se juega por algo así, las consecuencias de lo bueno y de lo malo son para todos. Por eso siempre consultamos todo, siempre lo hablamos. Esa manera de caminar juntos fue muy importante para nosotros.
-¿Qué importancia le dieron a la capacitación personal y dentro de la empresa?
JB-La facultad es un paso súper importante, pero uno también tiene que ir sumando cosas en el camino. En el mundo existen talleres, seminarios y espacios que te permiten enriquecerte en poco tiempo. Creo que parte de no quedarse quieto es consumir esas cosas, escuchar vivencias de otros y seguir aprendiendo. En la empresa también fuimos capacitándonos. Dentro de Ripsa, por ejemplo, para el área de tecnología tenemos una propuesta de educación libre: lo que quieras estudiar, la empresa te lo paga. Si alguien tiene inquietudes con inteligencia artificial, trae el curso que quiere hacer y la empresa se lo paga. Además, le damos el espacio para que pueda hacerlo. Me parece muy importante tener ese concepto, porque si no es muy difícil ir para adelante. Hay que tratar de hacerlo de manera planeada y no porque te lleva la vorágine.
En nuestra historia de familia hubo momentos lindos y no tan lindos
-Antes de Ripsa, trabajaste como DJ para pagar tus estudios. ¿Cómo recordás esa etapa?
JB-Yo venía de Mar del Plata y mi viejo no me podía pagar la facultad y el alquiler de un departamento en Buenos Aires. Además, cuando me vine, él me había pedido que le prometiera que no iba a trabajar de noche, porque pensaba que yo venía más a divertirme que a estudiar. Yo se lo prometí, pero la realidad era que con un trabajo de cadete no podía vivir. Entonces empecé a buscar trabajo como DJ, algo que ya había hecho en Mar del Plata. Trabajé en lugares muy conocidos de aquella época: Infinitivo, en Martínez; Puerto Pirata, en Libertad entre Arenales y Santa Fe; África, en el Hotel Alvear; y después Hipopótamus. En algunos lugares salía a las seis de la mañana y a las 8.30 entraba a la UCA. Llegaba derrotado y muchas veces me quedaba dormido en clase. Siempre cuento que venía escribiendo en el cuaderno y de repente la birome hacía como un paro cardíaco. Por suerte Georgina me salvó con los apuntes.
-¿Cómo fue la incorporación de Tommy, vuestro hijo, a la empresa familiar?
JB-Tommy siempre quiso venir a trabajar con nosotros, pero nosotros no queríamos que entrara de golpe. Le decíamos: “Primero trabajá en otro lado”. Él nos daba todas las explicaciones de por qué era importante que trabajara en la empresa, pero nosotros sentíamos que primero tenía que hacer su propio camino. Y así fue: pasó por Disney, por Johnson & Johnson. Un día estábamos en Uruguay, él llamó y me dijo: “Estoy yendo para allá, prepárate para el café”. Yo ya sabía que venía otra vez a defender su postura. Pero ya había terminado la facultad y había cumplido los requisitos. Entonces, cuando se sentó y empezó a exponer, le dije: “Ya está, entraste”. Fue muy bueno, porque venía con mucha preparación, con ideas nuevas y con una energía enorme. Para mí trabajar con mi hijo es increíble, es una bendición.
-¿Cómo se integró Tommy al equipo y a la dinámica familiar de la empresa?
JB-Fue algo que me dio mucha alegría. Yo tenía la preocupación de cómo iban a tomar mis primos la incorporación de alguien joven, con una mirada distinta y con mucha preparación. Pero la verdad es que fue súper bienvenido, casi como algo esperado. Tommy venía, preguntaba si hacíamos tal cosa, y cuando le decíamos que no, nos explicaba por qué estaría bueno hacerlo. Eso empezó a pasar todo el tiempo. Él tiraba ideas, traía cosas que había aprendido en otros lugares y se generó una dinámica muy linda. Se formó un buen equipo, cada uno con su visión y su personalidad. Tommy tiene mucha energía y una personalidad muy clara. Para nosotros fue muy importante que esa incorporación se diera así, de manera natural y positiva.
-Después de tantos años juntos, ¿qué balance hacen como matrimonio y como familia?
GB-Es muy lindo mirar para atrás y ver todo lo que fuimos recorriendo juntos. No todo fueron rosas, hubo momentos difíciles y cosas que tuvimos que pasar, pero siempre estuvimos juntos. Nos escuchamos, nos respetamos y fuimos sanando. Para nosotros Dios es muy importante y siempre estuvo adentro de nuestro camino. Hace poco cumplí 60 años y esas edades también te hacen mirar más para atrás. Es lindo ver todo lo ganado. Tenemos un hijo grande, casado con Mery, y una nieta que es lo más. Hoy también se trata de disfrutar todo eso. La verdad es que está bueno mirar la historia y valorar lo vivido.
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-¿Se puede trabajar juntos en matrimonio?
JB-Nosotros creemos que sí. El año pasado nos tocó participar en un retiro de matrimonios que se llama Mar Adentro y dimos una charla. Al prepararla, hicimos una revisión de un montón de cosas de nuestra historia. Ahí tomás una conciencia enorme de lo que construiste, de lo que pasaste y de lo que fuiste logrando. Una de las cosas que dijimos fue: miren su historia. Porque la historia de cada matrimonio es alucinante, pero muchas veces no nos damos cuenta. Vivimos por autopista y damos muchas cosas por hechas: tener un hijo, tener salud, tener a los viejos, tener amigos. Son cosas que nos rodean y que tal vez no paramos a mirar. Creo que los matrimonios tienen mucho para descubrir en su propia historia. La familia es eso.