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El pedido de desarrollo en Change.org frente al "todos somos Uspallata" antiminero

Un grupo de personas de Uspallata lanzó una campaña en Change.org para impulsar un cambio que sienten como "histórico", a partir del desarrollo de la minería.


La frase "todos somos Uspallata", que resuena en Mendoza como bandera de los grupos antimineros, es para muchos uspallatinos un eco distante que no refleja la cruda realidad de un distrito con desafíos socioeconómicos y de infraestructura. Mientras la provincia debate el futuro de la minería, una voz emergente desde la localidad, impulsada por campañas en Change.org, exige desarrollo.

Uspallata, una localidad estratégica en la ruta hacia Chile y un polo turístico, es una comunidad con marcadas identidades sociales y un empleo público que absorbe el 70% de la población activa. Esta dependencia, sumada a un mercado laboral privado temporal y precario, ha generado una falta de fuentes de trabajo para la juventud, empujándolos a la precariedad y a la dependencia de asignaciones estatales.

"Todos somos Uspallata", un discurso cuestionado

Para Miriam Bustos, residente de Uspallata hace más de 30 años dedicada al turismo, y para Gabriela Molina, coordinadora de Uspallata Minera, la consigna "Todos somos Uspallata" es una afrenta. "Me da mucha bronca", afirma Miriam, "salgo a contestar que no es así, que no son todos, que no se pueden arrogar la representación de mucha gente que no conocen ni saben". Gabriela refuerza esta idea: "La mayoría de la gente que hace videos y que sale en los medios, ni siquiera conoce Uspallata". Ambas mujeres invitaron a todos los que usan esa frase como bandera a "pasar un mes acá, en pleno invierno", para que experimenten de primera mano lo que significa la vida cotidiana.

Uspallata no ha visto un avance significativo en tres décadas. A pesar de su flujo turístico de 120.000 visitantes anuales y ser paso obligado para 1.200.000 personas que transitan hacia la alta montaña o Chile, el turismo, según Miriam, es un "verso" si no se acompaña de una inversión y planificación que Uspallata no ha recibido. La informalidad de muchos emprendimientos turísticos y la falta de atractivos que fidelicen al visitante son solo algunas de las razones.

La vida cotidiana en Uspallata dista mucho de ser algo idílico. La falta de redes de gas y calefacción eleva los costos de vida a niveles carísimos, haciendo que el invierno sea cruel. La infraestructura básica, desde el estado de las calles hasta la conectividad a internet, es deficiente en varias de las seis zonas que componen la localidad. Muchos hogares uspallatinos tienen necesidades básicas insatisfechas, situación que recrudece en las zonas rurales. "Barrios completos no tienen los servicios esenciales", destacó Molina. Relata cómo en su propia casa el agua potable se obtiene de "más de 100 metros de manguera para 10 casas" desde frentistas sobre la Ruta 13, lo que genera problemas de presión en verano y dependencias de camiones cisterna de la municipalidad.

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La campaña en Change.org

Frente a este panorama, una campaña en Change.org impulsada por Miriam se ha convertido en un vehículo para expresar el deseo de desarrollo y de diversificación económica en Uspallata, específicamente en apoyo a la minería. La petición suma firmas y se difunde en redes sociales, aprovechando que no tiene un plazo de término fijo. Este movimiento refleja una creciente conciencia, especialmente entre la juventud y las mujeres, quienes son percibidas como las principales impulsoras del cambio. Ellas "se están dando cuenta que hay una excelente oportunidad" en la minería, buscando capacitarse y defender una postura que ven como una "salida laboral cierta" y un "futuro mejor" para sus hijos. La experiencia y el conocimiento de Miriam sobre las carencias de Uspallata la llevan a afirmar que "lo que hay en Uspallata para abastecer lo que requiere la minería" no alcanzará, lo que subraya la necesidad de un desarrollo que provea las oportunidades laborales que la comunidad local no puede generar por sí misma.

Para Gabriela Molina, el actual momento es "histórico". Dice que aunque el proyecto minero no sea tan grande comparado con la producción global o la chilena, para Uspallata "puede cambiar una realidad". Dice que la gente "que está medianamente informada" y ha "tomado un poquito de información" sobre lo que representa esta actividad, comprende el progreso que podría traer, incluso en aspectos tan básicos como el tendido eléctrico, que la minería podría proveer.

La campaña en Change.org -según su creadora- es más que una simple petición; es un síntoma de una Uspallata que anhela romper con el estancamiento y construir un futuro más próspero, enfrentando los discursos que, bajo la apariencia de "todos somos Uspallata", parecen condenar a la localidad a un destino de precariedad. La clave, como señala Miriam, está en "abrirles la cabeza a muchos que pueden", brindándoles información y nuevos contenidos, para que el pueblo de Uspallata pueda decidir su propio destino.

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Gabriela Molina.

Estancamiento y la resistencia al cambio

El estancamiento y la opción de desarrollo que ven estos habitantes en la minería, generó la necesidad de un impulso colectivo para el desarrollo en Uspallata. Aseguran que un grupo "radicalizado" busca, a través del miedo, someter a la población y evitar el debate sobre nuevas oportunidades. "No entran balas, no quieren escuchar otra cosa", explica Miriam. Respecto al día a día, dijo que llevan a una "convivencia civilizada" en la que evitan tocar temas sensibles. Sin embargo, aclara que este extremismo no representa al grueso de la población.

La composición demográfica de Uspallata revela una sociedad muy diversa y diferente. Los datos del relevamiento realizado por PSJ y que se presentó en el Informa de Impacto Ambiental de la mina, indican que aproximadamente el 30% está compuesto por familias militares con residencias transitorias de 2 a 4 años, el 40% son vecinos nacidos y criados en la localidad, y el 30% restante corresponde a pobladores e inversores turísticos, muchos provenientes de Buenos Aires y Córdoba.

Un dato llamativo es el bajo índice de feminidad, con 91.7 mujeres por cada 100 varones, inferior a los promedios departamentales y provinciales. La población total proyectada a 2022 era de 6.677 habitantes, con una concentración del 67.5% en el núcleo urbano. La dinámica laboral está dominada por el empleo público (70%), lo que contrasta con un empleo privado temporal y precario, especialmente afectado por la falta de fuentes de trabajo sólidas para la juventud. Los salarios locales son considerados insuficientes, problema que se agrava en invierno por los costos de calefacción. Gabriela lo reafirma: "Ser Uspallata es tener necesidades", mencionando la falta de oportunidades educativas para los jóvenes, como su hijo de 23 años que, a pesar de la secundaria, se vio obligado a realizar "changas" y ahora tiene un empleo precario.

La economía de Uspallata, además del turismo, se sustenta en su rol como núcleo administrativo y centro de control aduanero en la frontera con Chile. La actividad agropecuaria, aunque minifundista, incluye cultivos como papa, zanahoria y ajo, y la cría de ganado. La minería existente es limitada, con canteras de yeso y molibdeno, y el desarrollo industrial se ve restringido por la falta de gas y limitaciones de acceso a la energía eléctrica. La realidad del hospital local, Dr. Luis Chrabalowski, es también un reflejo de esta precariedad: "Tenemos un hermoso hospital pero no tiene profesionales", lo que obliga a los uspallatinos a viajar a Mendoza para realizar estudios básicos, con los costos y dificultades de transporte que ello implica. La deficiente infraestructura también se extiende a servicios básicos como la electricidad, donde "nos corre una brisa y nos quedamos todo el pueblo sin luz". Gabriela recuerda periodos de "meses sin internet" que afectaron incluso la posibilidad de cursar carreras a distancia.