El Parque San Martín y el lago de Regatas: historia de una pasión mendocina
Un repaso por la historia del emblemático lago del Parque General San Martín. Escribe Gustavo Capone.
A un costado del lago del Parque San Martín se instaló el Club Mendoza de Regatas.
ALF PONCE MERCADO / MDZTras aquel devastador terremoto del 20 de marzo de 1861, la Ciudad de Mendoza debió redefinir su nueva organización urbana. En pocos segundos, aquella “ciudad de barro” había quedado convertida en una verdadera montaña de escombros.
La vieja ciudad había quedado enterrada para siempre. A partir de ahí, muchos proyectos se presentaron para establecer el nuevo casco urbano y comercial del centro mendocino, proyectándose el renovado desarrollo urbano hacia la Cordillera de Los Andes.
Lo cierto que, en menos de tres décadas, la recuperación edilicia de Mendoza desde calle San Nicolás (futura calle San Martín) hacia el oeste fue prácticamente “milagrosa”.
Pero agregaremos que tamaña política de crecimiento urbana contemplaba además la creación de un parque, no solamente como espacio recreativo y social, sino también, y en forma paralela, como una manera de generar un amplio pulmón verde que fuera un paliativo para la salud pública en medio de una árida geografía y de las frecuentes epidemias que enfrentaba la población, un lugar de concentración y un resguardo ante los posibles temblores, contemplando además alternativas ante los problemas aluvionales.
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Será así, como en 1895, Emilio Civit, siendo Ministro de Hacienda del Gobernador Francisco Moyano, promueve la idea de poblar la ciudad mendocina hacia el Oeste con objetivos tendientes a reubicar la penitenciaría provincial, procurar la defensa aluvional a través de la forestación y contrarrestar la problemática sanitaria. A los efectos, el 6 de noviembre de 1896 se dictó la Ley Provincial Nº 19, constituyéndose en la norma legal de creación del entonces llamado “Parque del Oeste”, para lo cual se contrató al destacado paisajista francés Jules Charles Thays (1849 - 1934).
Thays interpretó perfectamente el momento histórico mendocino, convirtiéndose en un verdadero impulsor de la modernidad de la provincia. Cabal referente de la “belle époque”, pensaba que los espacios públicos debían ser aprovechados por toda la sociedad.
Fue así que el denominado “jardinero de la nación” (seudónimo con que la Revista “Caras y Caretas” apodó al francés por la centenaria cantidad de parques, plazas, paseos, laberintos, calles, bulevares, que diseño en toda Argentina durante su extensa estadía) en tan solamente 4 días presentó los planos del futuro (y actual “Parque General San Martín”) cuyos límites originales del predio fueron: al Este, el canal Jarillal (actual calle Boulogne Sur Mer). Al Norte, la calle Unión (actual avenida Emilio Civit). Y al Sur, el llamado “Hipódromo Andino” que databa de 1904 (actual Hipódromo de Mendoza, cuyo límite hoy es la calle San Francisco de Asís).
De los escombros grises al paisaje multicolor
El parque desde entonces, en mérito a esa pionera acción ambiental y paisajística, pasará a componer para siempre una insoslayable postal de la identidad mendocina, convirtiendo al gigante espacio verde en un indiscutido referente del patrimonio social y colectivo de Mendoza.
Pero no podemos dejar de reconocer también la extraordinaria acción del arquitecto chileno, oriundo de Talcahuano, pero “mendocino por adopción”, Daniel Ramos Correas (1898 – 1991) quien a posteriori, presentó al Ejecutivo Provincial un plan de 22 puntos para la intervención (conservación, terminación y mejoramiento) del Parque General San Martín. La intención de Ramos Correas fue rescatar el pensamiento integral del originario proyecto de Thays adecuándolo visionariamente a los nuevos tiempos.
En 1947, la Ley Provincial Nº 1744 impuso el nuevo nombre de “Parque General San Martín” por el de Parque del Oeste y se cambió además el nombre de la Avenida Uriburu por el actual de Avenida del Libertador.
El Lago del Club Mendoza de Regatas
El Club Mendoza de Regatas nacerá el 17 de noviembre de 1909. Su fundación tuvo su idea como idea movilizadora a la iniciativa de Emilio Civit. Efectivamente, quien años atrás había empujado la creación del Parque, en 1909 siendo por segunda vez Gobernador de Mendoza, estimulará la creación del histórico club.
El nacimiento del Club precisamente en ese lugar del Parque estará determinado por aquella grandiosa obra de 1906 que consistió en la creación de un lago artificial tendiente a la provisión de agua para riego de todo el amplio espacio plantado.
Pero ese objetivo primario, generado por ese pozo inmenso de casi ochocientos metros de largo con cien metros de ancho lleno de agua, prontamente será ocupado espontáneamente como balneario ciudadano, cambiando para siempre la idiosincrasia y fisonomía del nuevo espacio verde. Fue la sociedad quien empezó, naturalmente, a apropiarse afectivamente del lugar, convirtiéndose desde sus orígenes fundacionales en el centro de multitudinarias convocatorias ciudadanas y un tradicional ámbito de reunión.
Fue así que, a los fines de cuidar y organizar la vida social del nuevo espejo de agua, nacerá el Club Regatas con el fin de administrar las actividades en el lugar.
El primer edificio del Club fue construido por el Ingeniero Juan Molina Civit. Dos salones con piso de tierra, sanitarios, las legendarias tribunas de hormigón armado, las terrazas colgantes y otros dos ámbitos que servían como gimnasio, cantina y vivienda, conformaron, la histórica génesis de las instalaciones del club.
Inmediatamente los deportes cubrirán el espacio. Es importante recalcar también que el remo se había convertido en un deporte conocido, y con cierta historia en el país, siendo difundido en Mendoza por sus primeros socios británicos, empleados del “Ferrocarril Buenos Aires al Pacifico” que habían llegado a Mendoza con el fin de darle forma a la línea férrea que unirá Buenos Aires con Mendoza y posteriormente se extenderá hasta Chile. Aquellos pioneros socios eran aproximadamente 30 y la cuota de ingreso a la institución fue de cinco pesos.
“Una de las modernas características del club era las gradas orientadas hacia el lago y que permitían que el público disfrutara justamente de las regatas o competencias de remo. Estas escalinatas o graderías estaban destinadas a los socios del club. En la orilla opuesta al Club Regatas se ubicaba un paseo en el que el público en general podía disfrutar de las competencias”.
Diez años después de la construcción del club (ya en 1919) durante la gestión del Gobernador José Néstor Lencinas era inaugurado en la zona el conocido “Rosedal”, que primeramente fue denominado “La Rosaleda”, proyectado entonces por el arquitecto mendocino Raúl Jacinto Álvarez.
El paseo por el Parque fue convirtiéndose en algo tradicional. A los nuevos lugares de esparcimiento se agregaban exhibiciones en globo aerostático y en aviones, carreras de bicicleta y motos, incorporándose además las múltiples actividades en el Lago de Regatas: carreras de natación, el tradicional remo, las carreras de lanchas a motor y curiosamente, la pesca de algunas variedades de mojarritas y truchas.
Debemos destacar además que la obra se irá trasformando con el tiempo en el punto convergente de la sociedad mendocina sin reparar en sectores sociales como había imaginado el espíritu progresista y plural de sus creadores.
En aquellos primeros tiempos, resultaba bastante incómodo llegar hasta el Club Mendoza de Regatas. Se debía que arribar hasta los portones del Parque en tranvía y luego movilizarse caminando al club. Posteriormente un “break” tirado por caballos con capacidad para diez pasajeros acercará una alternativa solución. Luego se contó con un camioncito Ford, sin carrocería, con asientos transversales y con capacidad para 25 socios como medio de transporte que acercaba hasta el Club. Pero se tardará mucho tiempo para que un colectivo llegara hasta la puerta de la sede social.
Las políticas turísticas de la época
Fue durante la gestión del gobernador de Mendoza, el rivadaviense Guillermo Cano durante 1936, junto a su ministro Frank Romero Day que se establecieron antecedentes directos de lo que implicaría una pionera política de desarrollo estratégico en el campo del turismo y el ambientalismo mendocino.
Así en 1936 en materia turística se realizará la primera Fiesta de la Vendimia y la creación de la Dirección Provincial de Turismo, la apertura de la colonia de vacaciones de Papagayos y el surgimiento de Vialidad Provincial que unirá los circuitos productivos y turísticos de Mendoza. Puntualmente, en torno al Parque General San Martín se efectuará la construcción del balneario de las Playas Serranas. Su diseño estuvo a cargo de los arquitectos Manuel y Arturo Civit. En la actualidad, allí funciona el destacado Museo de Ciencias Naturales Cornelio Moyano. También en ese tiempo se realizará el embaldosado de El Rosedal, con el asfalto de las avenidas circundantes.
Podríamos agregar también durante esa gestión en materia turística: la inauguración del Arco del Desaguadero. Dicha política turística se completará en pocos años con la construcción del Hotel de Uspallata, la Hostería del Manzano Histórico, la ampliación del Hotel Potrerillos, la pista de patinaje de Vallecitos, los caminos hacia los ríos del sur mendocino, la Hostería Refugio, la escalinata de acceso y el ofrendatorio con el plaquetario en la explanada del Cerro de la Gloria, más la inauguración de la Hostería del Arco Desaguadero.
El Balneario popular
Pero volviendo a la acción recreativa y popular del espacio debemos mencionar que aquellas Playas Serranas estaban destinadas a los bañistas de menores recursos que no podían acceder a los clubes. El espacio complementaba también un edificio con jardines y una explanada que llegaba hasta el lago. Justamente, esas eran las “Playas Serranas”.
En esa época, las personas podían nadar en el lago del Parque. De hecho, sobre la costa de la isla se ubicaba un trampolín para saltos ornamentales, lo que añadía un nuevo condimento al esparcimiento ciudadano. Además de refrescarse en las aguas del lago, se podía consumir en la hostería que se ubicaba en las terrazas. En el interior del edificio había bufet y salones de baile, con balcones que daban al balneario.
Con el paso del tiempo, sumado al descuido humano, las aguas del lago se contaminaron y se prohibió su uso como natatorio. Ese fue el fin de una etapa del balneario. El edificio permaneció cerrado algún tiempo y desde 1989 funciona allí el Museo Cornelio Moyano.