¿El país de hoy, privilegio de pocos? Los jóvenes y la utopía de la independencia económica en Mendoza
Numerosas estadísticas coinciden en una fuerte precarización del desarrollo socioeconómico en la juventud. Los datos que traspasan la frontera y como se reflejan en la provincia.
Una realidad que se sostiene en el tiempo.
Gemini AILos tiempos que corren demuestran un claro panorama que no solo afecta a nivel país, sino que representa un cambio de paradigma a nivel mundial. Las generaciones que hoy enfrentan la vida adulta, con todo lo que eso implica, tienen el futuro mucho más condicionado que sus antecesores.
Las ideas que conectan el sueño de la casa propia, la profesionalización de las capacidades para "un futuro mejor", trabajo estable y el armado de la vida misma, se desmoronan frente a estadísticas que vienen reforzándose en el último siglo. Empleos precarios, bajos ingresos y una "adolescencia tardía", logran recrear el peor escenario para quien quiere desarrollarse: una crisis de la independización económica.
El "dejar el nido" se está imposibilitando y es una característica estructural que afecta a más de 4,1 millones de jóvenes en todo el país. Hace unos días, la investigación Jóvenes vulnerables en la Argentina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), marcó un dato clave: casi el 50% de los jóvenes de entre 18 y 29 años atraviesa situaciones marcadas por la vulnerabilidad social (término que comprende los rasgos mencionados anteriormente).
En este contexto, se redefinió el término “Ni-Ni” (jóvenes que ni trabajan ni estudian), que hoy alcanza a dos de cada diez jóvenes, un porcentaje a nivel nacional menor, pero con potencial crecimiento. Sin embargo, dentro del núcleo se mencionan los “Triple Ni” y se especifica que, la tercera parte de este 20% además de no trabajar ni estudiar, directamente no busca empleo. Esta desarticulación refleja la falta de expectativas de progreso. De hecho, entre los jóvenes inactivos o desempleados, la búsqueda reciente de trabajo alcanza solo a cuatro de cada diez, evidenciando grandes procesos de desánimo.
Tener un empleo ya no es una garantía de salida de la pobreza. Para el 56,9% de los jóvenes, los ingresos generados no alcanzan para llegar a fin de mes, una dificultad que golpea con más fuerza a las mujeres (62,3%) frente a los hombres (53%). Las condiciones de inserción son frágiles, ya que solo el 15% de los jóvenes que trabajan cuentan con un empleo registrado, mientras que un 76,1% sobrevive en relaciones laborales informales o a través de las famosas “changas”, por lo que aquí mencionamos el necesario sostenimiento de un pluriempleo.
A pesar de que el 85,7% de esta población considera que estudiar les permitiría mejorar su calidad de vida, el 75,2% ha tenido que interrumpir su formación educativa, empujados principalmente por la falta de dinero (40,7%) y de oportunidades (30,5%).
En la provincia, según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) muestra que la informalidad laboral alcanzó al 42% de los asalariados del Gran Mendoza, y para quienes intentan dar sus primeros pasos, la informalidad asciende al 70,1% entre los jóvenes de hasta 24 años.
Mendoza: jóvenes y la independencia económica
Complotando los datos previamente conocidos, MDZ realizó un relevamiento a 100 jóvenes de distintos puntos de la provincia entre los 24 y 35 años. Dicha encuesta, refleja los factores predominantes que imposibilitan la independencia económica en pleno 2026.
Respecto a la situación habitacional, el 52,7% de los jóvenes aún vive con sus padres o familiares, (con clara tendencia a la estabilidad en mayores de 30 años, pero que no representa una variable estable), mientras que apenas un diminuto 4,4% ha logrado acceder a una vivienda "propia" (lo supera el 5,5% cedida por un familiar). Entre quienes alquilan, las opciones se dividen por igual entre vivir solos (18,7%) o compartir gastos con pareja, amigos o roommates (18,7%).
Para un 22,2% compartir techo no es una elección de vida, sino la única alternativa económica viable para afrontar el costo del alquiler, frente a un 14,4% que elige hacerlo, el resto no aplica al caso.
Al indagar en los motivos que frenan la emancipación de quienes aún no se independizaron, el peso de la coyuntura salta a la vista: un 28,7% señala que los precios de los alquileres y las expensas resultan inalcanzables, sumado a un 17,2% que admite que sus ingresos sencillamente no se lo permiten. Muy por detrás, se ubican las opciones del ahorro y la falta de trabajo fijo (8%).
Cabe recalcar que, un alquiler promedio en Ciudad de Mendoza, ronda los 600 mil pesos. Para quien lo paga, un gran porcentaje de los encuestados admitió destinar entre un 30 y 50% de sus ingresos.
Para sostenerse en este contexto, la estrategia ha mutado hacia la ya mencionada sobrecarga laboral. Mientras que el 29,7% cuenta con un único empleo fijo y estable, un 26,4% debe combinar un trabajo fijo con tareas informales para complementar sus ingresos, y un 14,3% apila dos o más empleos fijos.
Pese a este esfuerzo por multiplicar las fuentes, la capacidad de consumo y ahorro se encuentra gravemente afectada. Si bien, un 24,4% manifiesta llegar a fin de mes de manera cómoda (predominante en la franja de 24 a 29 años que vive con sus padres), el 32,2% lo logra recortando gastos de ocio y salidas, un 22,2% depende de asistencia externa (como ayuda de padres o créditos) y un 21,1% reconoce hacer malabares y endeudarse para cubrir sus necesidades básicas; es decir, más del 40% de alguna u otra forma, no logra sustentar las propias necesidades con sus ingresos.
¿Y el sueño de la casa propia? Frente a la pregunta de la posibilidad de adquirir una vivienda, la franja predispone cierta esperanza: el 52,8% sostiene que lograrlo va a costar muchísimo más que a las generaciones de sus padres, mientras que un 31,5% siente que esa posibilidad directamente quedó en el pasado. Solo un 10,1% conserva la fe en que se logrará una vez que el país mejore y un escaso 5,6% lo ve factible en el corto plazo.
La confianza de aquel sector poblacional que supo acompañar a Javier Milei, ha caído. Ante la consulta sobre si las medidas del gobierno están logrando una recomposición que beneficie a la juventud, un 47,2% opina que la situación sigue igual o peor, mientras que un 41,6% percibe que, aunque cuesta, de a poco se ven señales de recuperación.
Esta ambivalencia se profundiza al observar el comportamiento del electorado joven: un 45,5% de los encuestados afirma haber votado a la actual gestión pero reconoce que, ante el impacto del ajuste, le está costando sostener la confianza. En contraposición, un 28,4% afirma haberlo votado y mantiene firme su apoyo y esperanza, frente a un 15,9% que no lo votó ni confió en sus políticas.
El desarrollo de quienes hoy inician el camino hacia la emancipación se ve limitado a unos pocos que logran hacerlo por sus propios medios. El conjunto de variables socioeconómicas afectadas genera un deterioro profundo de las condiciones de vida, un escenario que difícilmente se revierta a corto plazo. Quienes hoy nacen y crecen con esta realidad, ¿podrán alcanzar aquellos sueños que en algún momento parecían posibles, o se han convertido en una utopía para el presente?