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El Indio Solari: ¿Cómo no sentirme así?

Su obra marcó generaciones, unió multitudes y dejó una huella íntima en millones de personas a través de la música y la poesía.


La partida del Indio Solari no solo deja letras y llantos. Ese joven-eterno pudo articular lo colectivo y a la vez lograr una llegada íntima y personalizada a cientos de miles, pero nada más -y nada menos- que con canciones.

Carlos Alberto Solari, sostuvo su compromiso y su creatividad - no solo musical- durante toda su vida. Hemos vivido mucho gracias al Indio. Nos hemos emocionado. Hemos reflexionado. Hemos aprendido. Nos hemos reunido, armando algunos quilombitos bárbaros. Hemos compartido. Hemos estado juntos, y nos hemos encontrado. En su obra hay algo evidentemente transversal, que logró articular lo colectivo; pero que también es el efecto de la experiencia singular y única que se genera con sus canciones. Porque su poesía tuvo la generosidad de no proponernos un sentido cerrado, sino que nos invita a imaginar, a explorar, a soñar.

Nos habló de no estar hundidos en nuestra propia herida (es que hay mucha chispa aún en tu cerebro loco). De ondear nuestras banderas. De celebrar la vida y mover el culito. Nos habló de amor, y lo puso en el centro de la experiencia humana: “Y si Dios queda en nada, o no existe, te amaré mucho más”. Nos habló y nos pidió cuidarnos entre nosotros, porque “te puede fusilar hasta la Cruz Roja”. Y también de evitar el último secuestro: el de tu estado de ánimo. Porque hasta las ratas se ríen de nosotros. Y si para referirse a Patricio Rey eligió el título de “banda de combate”, fue porque siempre puso a lo social en primer orden. Nos puso un espejo enfrente para que nos fijemos de qué lado de la mecha nos encontramos.

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Nos habló de no estar hundidos en nuestra propia herida (es que hay mucha chispa aún en tu cerebro loco).

Nos ayudó a vislumbrar que hay estructuras invisibles que nos determinan. Y si nuestro amo juega al esclavo y todo preso es político, tenemos horas y horas para reflexionar al respecto y conversar. Y son sólo dos títulos de canciones. Su visión del futuro es un misterio. En 1998 nos hablaba de un pequeño gran matón de la internet, que escribía su evangelio en tickets de supermercado, y para quien Dios era digital. “El tonto nunca puede oler al diablo, vida mía, ni si caga en su nariz”. En la propuesta musical también fue más allá: en vez de aplicar una y otra vez la fórmula predecible de efectos conocidos, nos propuso nuevos sonidos, nuevas texturas, nuevas experiencias. No era simple rock maravilla para que gocen los ratones. Se asumían riesgos, se tomaban decisiones artísticas, se creaba.

Los efectos de su vida y su obra se escenificaban en plenitud en los recitales: en las horas previas al show en donde muchachos y muchachas sentíamos tocar con las manos algo parecido a la felicidad; en las caminatas hacia los estadios de madres y padres junto a sus hijos e hijas en andas o de la mano; en los ojos emocionados y vibrantes de quienes cantaban junto a uno y junto a él sus canciones. Pero también en las habitaciones y auriculares de tantos pibes y pibas que, entre tanto humo y sabrosas telefotos para tragar sin culpa, encontraban en su voz alguna explicación sobre lo que nadie de su entorno hablaba, alguna identificación que en el contexto propio no tenía lugar.

Y todo ese camino y sus efectos fueron desplegados desde la innegociable posición de artista independiente. Con una pasión por la creatividad que llevó hasta sus últimos días. Qué coraje, Carlos, el de sostener tu deseo y tu amor hasta el final, siendo un tipo que, como todos, no se cayó del cielo. Y hacia ese final, en condiciones seguramente muy jodidas, el compromiso se mantuvo inquebrantable.

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Los efectos de su vida y su obra se escenificaban en plenitud en los recitales

Con lo que cuesta armar un full

Esa insistencia y búsqueda también son parte del legado que nos deja. Ello fue posible, por supuesto, gracias también, a aquellas personas que lo cuidaron hasta el último día. Porque, insistamos, como él insistía, con que si no nos cuidamos entre nosotros, no se puede. “¿Cómo será andar solito allá en la muerte, ay mi amor, ya sin vos, sin tu sueño?”. Y mientras tanto, el sol se muere, el futuro llegó hace rato, bombas de aquí para allá, bang bang estás liquidado y poco vino del mejor. Y sí, volveremos a pedir que emboquen el tiro libre mientras la gente de bien sigue rodando su cine.

Pero ya atravesaste nuestras vidas, Indio, y estamos menos solos, con las cosas un poco más claras y con tus canciones como coordenadas. No vamos a regatear. Y cuando brindemos en tu nombre, beberemos en las copas más lindas que tengamos. Este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.

Gracias Indio.

* Felipe Mallar.