Presenta:

El arduo oficio de guardabarreras y su lento peregrinar del trabajo a la desocupación

Hay tareas que parecen no resistir el paso del tiempo, aunque hay épocas que se empeñan en destruir ciertas tareas.

Los automovilistas dejaron de confiar en los dispositivos automáticos y comenzaron a pasar aún con la barrera baja.

Los automovilistas dejaron de confiar en los dispositivos automáticos y comenzaron a pasar aún con la barrera baja.

Mariano Godoy -MDZ

Al parecer, y a fuerza de suponer a falta de registros serios, es repetida la historia referida a que el oficio de guardabarreras existe desde antes de la invención del ferrocarril; por este motivo los primeros guardabarreras engrosaban la lista de desocupados, y usualmente debían realizar algún oficio que no era el suyo, con el único objeto de sobrevivir. Al igual que los guardabarreras, en todas las épocas existieron oficios que dependían de algún invento, y si la ciencia no se esforzaba, los gremios que nucleaban a dichos trabajadores estaban, como es de suponer, en permanente estado de alerta y movilización. Actualmente hay varios oficios esperando al lento avance de las ciencias, como por ejemplo los deshollinadores de túneles de tiempo, los fabricantes de relojes cuentakilómetros para taxis espaciales, y los que imprimen carteles con la leyenda “Esta crisis fue la última”; como es obvio, algunos de estos oficios nunca podrán ser puestos en práctica.

Pero dejando de lado la ciencia ficción, y volviendo a los guardabarreras, finalmente con el invento del ferrocarril comenzó el auge de este sector. Tuvieron que pasar un par de décadas de trenes atropellando gente para que, casi por casualidad, una tarde de primavera, mientras miraba a un señor despanzurrado por una máquina de vapor, el Secretario General del Gremio de Guardabarreras vio, entre sangre y chinchulines, una espectacular fuente de trabajo para su gente. Así fue como por aproximadamente un siglo, la unión de los trenes con los guardabarreras fue una constante.

El gobierno de fines del siglo veinte terminó por dar una solución al problema cerrando ferrocarriles.

El gobierno de fines del siglo veinte terminó por dar una solución al problema cerrando ferrocarriles.

Todo concluye al fin, nada puede escapar

Aunque nada es eterno. Con el avance de la automatización no faltó el aguafiestas que vino con el invento de la barrera que funcionaba sola, bajándose cuando el tren pasaba sobre un sensor de presión ubicado varios metros antes del cruce respectivo, y subiéndose nuevamente unos minutos después de que se acaba dicha presión sobre el dispositivo sensor. Como ocurre con absolutamente todas las porquerías automáticas, este sistema, además de dejar sin trabajo a los guardabarreras, trajo más inconvenientes que soluciones. Por un lado, las barras de pibes de los barrios aledaños a las vías colocaban, cuantas veces fuera necesario, ladrillos sobre los sensores que hacían bajar las barreras y sonar las campanas de los pasos a nivel. Además, en las proximidades de las estaciones de trenes, en muchas ocasiones las máquinas hacían maniobras que llegaban casi hasta el cruce con la calle, activando la barrera pero sin llegar a cruzar, lo que generaba innumerables inconvenientes de tránsito. Valga como ejemplo el paso a nivel de las calles Las Heras y Belgrano de la ciudad de Mendoza, que combinaba una barrera automática con una espectacular subida en la calle, motivo por el cual era más frecuente ver chocar autos que se paraban y se iban marcha atrás, que ver pasar algún tren.

La confianza mata al hombre

Otro problema de este sistema era la dificultad para calcular el tiempo que tardaba en llegar un tren desde el sensor hasta el cruce por lo que, por lo general, las barreras se bajaban mucho tiempo antes de que el tren llegara, y tardaban bastante en subirse luego de que éste pasaba. Así fue como, sumada la actividad de los pibes del barrio con los tiempos de barreras bajas por culpa de las maniobras y los sensores mal calibrados, los automovilistas dejaron de confiar en los dispositivos automáticos y comenzaron a pasar aún con la barrera baja, siendo este hecho un motivo de muerte para algunos conductores, y una forma de llegar a tiempo a sus respectivos destinos para la mayoría.

Finalmente con el invento del ferrocarril comenzó el auge de este sector.

Finalmente con el invento del ferrocarril comenzó el auge de este sector.

Por suerte para todos los habitantes de este país, el gobierno de fines del siglo veinte terminó por dar una solución definitiva al problema cerrando la gran mayoría de los ferrocarriles, lo que disminuyó drásticamente los accidentes de trenes, pero mandó, al parecer como un efecto secundario no deseado, a los tristes guardabarreras a un exilio laboral del que les ha resultado, al menos hasta la fecha, difícil regresar.

Texto basado en el cuento “Oficio de guardabarreras”, publicado en el libro “Artes, oficios y otras hierbas” (1997).

* Pablo Rafael Gómez, escritor autopercibido

IG: @prgmez