Del cielo al hielo: un homenaje a Edmund Hillary
El 11 de enero de 2008, a los 91 años, moría en Sockland (Nueva Zelanda) el primer hombre en vencer la cumbre más alta del mundo, y también el primero en alcanzar los dos polos.
Sir Edmund Hillary
Archivo.Resulta curioso cómo todo el mundo conoce a Sir Edmund Hillary como el hombre que venció al Monte Everest (“ese bastardo”, como diría cuando se encontró con los demás miembros de la expedición), pero son pocos los que recuerdan al sherpa Tenzing Norgay, quien lo acompañó en esa aventura que culminó el 29 de mayo de 1953, después de haberlo intentado en 9 oportunidades.
Quizás el mayor mérito de Hillary (o al menos así él lo proclamaba) fue asistir al pueblo sherpa a través del Himalayan Trust, responsable por la construcción de hospitales y escuelas a lo largo de Nepal. La filantropía y el reconocimiento es una cumbre que no todos pueden conquistar…
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La vida de Edmund Hillary fue muy particular
Nadie hubiese dicho que este niño tímido, hijo de un sobreviviente de Gallipoli, que no había tenido una destacada carrera universitaria y que, por esa razón, se había dedicado, como su padre, a la apicultura, llegase a ser la primera persona no perteneciente a la realeza en figurar en un billete neozelandés cuando aún vivía. Después de haber servido como piloto durante la Segunda Guerra Mundial, se dedicó al alpinismo, ascendiendo al Monte Cook, el punto más alto de Nueva Zelanda. Gracias a esta experiencia fue elegido para participar en el proyecto británico de escalar el monte Everest, así llamado en honor a Sir George Everest, un geógrafo británico (1790-1866) responsable de trazar el mapa topográfico de la India. Anteriormente, a este coloso se lo conocía como Pico XV, denominado por los locales como “Madre del universo”.
El organizador inicial de esta expedición había sido el inglés Eric Shipton, quien, entre sus otras conquistas, había ascendido a la cumbre más alta de Tierra del Fuego, que actualmente lleva su nombre. Shipton fue reemplazado por John Hunt, encargado de organizar un grupo de más de 400 personas, incluyendo 362 cargadores y 20 guías sherpa, que transportaron 5000 kilos de equipaje. El campo base se asentó a 7620 metros de altura. Desde allí partió el primer intento fallido encabezado por Bourdillon y Evans, que fracasó por problemas con los equipos de oxígeno. Hunt dio instrucciones a Hillary y Tenzing de hacer un nuevo intento el 28 de mayo, llevando cada uno una mochila de 14 kilos con alimentos y oxígeno.
Así fue como alcanzaron la cumbre (8847,7 m) el 29, a las 11:30 de la mañana, donde apenas permanecieron 15 minutos. Allí Hillary le tomó una fotografía a Tenzing, pero no quiso que este le tomara una a él. Dejaron una cruz y unos chocolates como ofrenda y volvieron a la base, donde pronunció esas palabras poco poéticas pero elocuentes: “hicimos caer al bastardo”. La noticia del notable ascenso llegó a Londres el mismo día que Isabel II era coronada reina de Gran Bretaña, quien otorgó a los 37 miembros británicos de la expedición la medalla de San Jorge.
Los sherpas no figuraron entre los nominados
Con los años, Hillary sería nombrado caballero y miembro de la Orden de la Jarretera, después de haber también llegado a los dos polos. Entre sus otros logros está la expedición “Ocean to Sky”, que consistió en remontar en lancha el río Ganges desde su desembocadura hasta su naciente. Entre los muchos homenajes que recibió en vida hay uno muy particular: su hijo Peter coronó el Everest en el año 2002, junto a Jamling Tenzing Norgay, el hijo del sherpa que acompañó a su padre a conquistar la cima del mundo.
Innumerables senderos y accidentes geográficos evocan a Sir Edmund, especialmente en su país de origen, en la Antártida y entre los sherpas que asistió a educar. Su compromiso filantrópico le pasó una cuenta muy cara: su esposa y su hija murieron en un accidente de aviación cuando se dirigían a Katmandú, donde Hillary organizaba la ayuda humanitaria para los sherpas. Tenzing murió en 1985 de un derrame cerebral y Hillary, de insuficiencia cardíaca, en el 2008. Al leer estas líneas, muchos se preguntarán por qué estos hombres y mujeres se juegan la vida y se someten a los peligros que implica ascender a alturas donde el oxígeno escasea, el corazón galopa a 125 pulsaciones, el cerebro se hincha y los dedos se congelan.
Por qué escalar el Everest, o atravesar selvas o cruzar océanos
Y la única respuesta es: porque está allí… porque el hombre siempre se ha preguntado qué hay del otro lado de la cima, qué está más allá del horizonte, de ese mar o ese océano. Y, sin más, se lanza a averiguarlo. Y sus congéneres toman nota del nombre del primer hombre, de la primera mujer, o niño, o anciano o discapacitado que se empeñó en vencer ese obstáculo para buscar otro horizonte.
“No conquistamos a la montaña, sino a nosotros mismos”. Edmundo Hillary.
* Omar López Mato, es un médico oftalmólogo e historiador argentino.




