Cumbio, 20 años después: "Fui la primera influencer argentina cuando nadie sabía qué era ser influencer"
A 20 años de su Fotolog, Cumbio recuerda el fenómeno que la convirtió en una pionera de las redes y analiza cómo cambió la comunicación digital.
Agustina Rivero, Cumbio, en Entrevistas MDZ.
Santiago Aulicino / MDZA dos décadas de abrir su Fotolog, recuerda cómo pasó de vivir en un conventillo de San Cristóbal a reunir a miles de personas en el Abasto, enfrentarse a los primeros haters y transformar aquella fama inesperada en una carrera vinculada a la comunicación digital. Hoy, al frente de su propia agencia, analiza cómo cambiaron las redes, el fenómeno de la viralidad y qué le diría a aquella adolescente de 16 años que lo empezó todo.
Hubo un tiempo en el que para hacerse famoso había que aparecer en televisión, tener un disco, jugar al fútbol o protagonizar una novela. Hasta que Internet empezó a cambiar las reglas del juego.
Antes de Instagram, TikTok, YouTube y los millones de seguidores medidos en tiempo real, existió Fotolog. Y en Argentina hubo una adolescente que, casi sin proponérselo, se convirtió en el rostro de una generación.
Entrevista completa a Agustina Vivero. Cumbio
Agustina Vivero tenía 16 años cuando abrió su cuenta. Su nombre rápidamente quedó asociado a un fenómeno que trascendió la pantalla: Cumbio. En noviembre se cumplirán 20 años de aquel momento que marcó el inicio de una historia que, lejos de terminar con la desaparición de Fotolog, continuó por otros caminos.
“Yo no soñaba hacerme conocida”, recuerda hoy Cumbio. En aquel momento, ni siquiera existía la palabra influencer. Tampoco había un manual para manejar la exposición, los comentarios negativos o la fama que podía generar una plataforma digital. “No tenía a quién consultarle”, explica al recordar los insultos que recibía cuando apenas tenía 16 años.
De un conventillo de San Cristóbal al Abasto
Antes de convertirse en una de las primeras figuras de Internet en Argentina, Agustina era una adolescente de una familia humilde. Su mamá era ama de casa y su papá, plomero. Vivían en un conventillo del barrio de San Cristóbal, donde compartían espacios comunes con otras familias.
“Éramos cuatro”, cuenta. Pero aquella vida comunitaria hizo que su círculo fuera mucho más grande. Desde chica era muy amiguera, participaba de los corsos del barrio y tenía facilidad para relacionarse con otras personas. Esa característica terminó siendo fundamental para el crecimiento de su Fotolog.
Cumbio no llegó a Internet desde un lugar de privilegio. El mundo digital todavía era algo bastante desconocido y el acceso a una computadora no era cotidiano. Sin embargo, encontró en aquella plataforma una forma de comunicarse con personas que compartían sus mismos intereses.
Lo que comenzó como un juego empezó a crecer hasta convertirse en un fenómeno.
Los encuentros de los floggers en el Shopping Abasto fueron una de las expresiones más visibles de aquella revolución. Miles de adolescentes se reunían para conocerse, sacarse fotos y formar parte de una comunidad que había nacido en Internet.
Sus propios padres tardaron en comprender la dimensión de lo que estaba ocurriendo. La acompañaban y trataban de protegerla, pero no terminaban de entender qué era exactamente aquello que hacía su hija frente a una computadora.
Su papá, incluso, llegó a cuestionar aquella actividad.
“Eso que hacés es de vanidoso, estar sacándote fotos para nada”, le decía.
Hay que tener una estrategia para hacerte conocido
Con el tiempo, sin embargo, tuvo que cambiar de opinión. Cumbio recuerda que años después su padre le pidió disculpas y le confesó que estaba orgulloso de ella. El Fotolog no solo le había permitido construir una carrera: también le había dado herramientas para estudiar y proyectar su futuro.
La fama que llegó sin pedir permiso
El fenómeno fue tan grande que Cumbio empezó a convertirse en una figura reconocible fuera de Internet. Lo que sucedía en el Fotolog se trasladó a los medios, a los eventos y a la calle.
Pero aquella popularidad también tuvo un costo.
“Lo mío iba más por la comunicación digital”, explica. No cantaba, no bailaba ni actuaba. De hecho, recuerda que muchas veces la presentaban como alguien que no tenía ninguna de esas habilidades tradicionales. Su diferencial estaba en otro lugar: había encontrado una nueva forma de comunicarse con una audiencia.
Y todavía no existía un camino establecido para alguien como ella.
“En ese momento yo no tenía a quién consultarle”, cuenta sobre los ataques que recibía en Internet. Los haters, que hoy forman parte del vocabulario cotidiano de las redes, ya estaban ahí. Solo que nadie sabía todavía cómo enfrentarlos.
La adolescencia de Cumbio estuvo atravesada por esa contradicción: mientras miles de personas querían conocerla, también tuvo que aprender a convivir con el rechazo.
De Fotolog a estudiar lo que todavía no existía
Con el paso de los años, Agustina entendió que Fotolog no iba a durar para siempre. La plataforma comenzó a perder fuerza y ella empezó a mirar hacia adelante.
Quería estudiar comunicación digital, pero había un problema: esa carrera prácticamente no existía.
Entonces buscó algo que pudiera acercarse a ese mundo y terminó estudiando Comunicación Audiovisual. La carrera le permitió aprender sobre dirección, edición, guión y producción, herramientas que más adelante serían fundamentales para su trabajo.
La decisión terminó siendo estratégica.
Mientras Internet evolucionaba, ella también lo hacía.
Pasó de Fotolog a otras plataformas, trabajó en comunicación y llegó incluso a vincularse profesionalmente con figuras como Mirtha Legrand. El salto resulta todavía más llamativo si se tiene en cuenta que, en sus comienzos, sus propios padres apenas estaban aprendiendo a utilizar una computadora.
La historia de Cumbio fue, en cierto modo, también la historia de una industria que todavía no existía.
“Todo lo que hacemos en redes tiene un montón de trabajo detrás”
Dos décadas después, la adolescente que se sacaba fotos frente a una computadora trabaja justamente en aquello que alguna vez parecía imposible explicar.
Hoy tiene una agencia de marketing digital, Ruido Social Media, y utiliza todos aquellos conocimientos adquiridos durante estos años para trabajar detrás de cámara y desarrollar estrategias de comunicación.
Al final me anime y fui armando camino
Para ella, la diferencia entre aquella época y la actualidad es enorme. Fotolog tenía limitaciones que hoy parecen impensadas: no existían los smartphones como herramienta cotidiana, el acceso a Internet era mucho más limitado y muchas veces había que ir a un cibercafé para conectarse.
Las redes actuales, en cambio, acompañan a las personas durante prácticamente todo el día.
Y dentro de ese nuevo universo, Cumbio tiene una plataforma favorita: TikTok.
“Me parece que es una plataforma para crecer muy fácil”, asegura. Para ella, no necesariamente gana quien tiene la mejor cámara o la producción más sofisticada, sino quien logra encontrar un buen gancho y tiene algo para ofrecer.
Sin embargo, también advierte sobre una de las grandes obsesiones de la actualidad: hacerse viral.
“Ser viral por ser viral, si no hay una idea de conversión, si no hay un objetivo, no te sirve de nada”, sostiene.
Su consejo para quienes quieren comenzar en redes es claro: primero hay que definir una estrategia y entender qué se quiere conseguir. Después, encontrar un diferencial, construir una identidad y sostenerla en el tiempo.
La paciencia como clave
Cumbio también habla desde la experiencia cuando recomienda no abandonar demasiado rápido.
En una época en la que los resultados suelen medirse en cantidad de reproducciones, seguidores y likes, su mensaje es diferente: hay que tener paciencia.
“No siempre tres videos se pegaron y listo, ya no es para mí”, explica. Para ella, la continuidad y el aprovechamiento de las herramientas que ofrecen las plataformas son fundamentales.
Es una mirada particular viniendo de alguien que, precisamente, consiguió convertirse en fenómeno cuando todavía no existían los conceptos que hoy parecen naturales.
Cumbio fue influencer antes de que existiera la palabra influencer. Fue creadora de contenido antes de que las marcas buscaran creadores. Y construyó una comunidad cuando todavía había que esperar para llegar a un cibercafé y conectarse a Internet.
¿Qué le diría hoy a esa chica de 16 años?
Después de 20 años, la pregunta inevitable es qué le diría la Agustina de hoy a aquella adolescente que abrió un Fotolog sin imaginar todo lo que vendría después.
La respuesta tiene algo de consejo profesional y mucho de aprendizaje personal.
“Que siga estudiando, que tenga paciencia, que las cosas llegan”, dice.
También le diría que siga viviendo su vida en libertad y que continúe buscando su propio camino. Porque, según explica, muchas veces parece que en una industria ya está todo inventado, hasta que aparece una nueva posibilidad y obliga a construir un espacio propio.
Veinte años después, aquella adolescente que comenzó jugando con un Fotolog sigue trabajando en redes, pero desde otro lugar: ahora entiende los algoritmos, piensa estrategias, dirige equipos y capacita a nuevas generaciones de creadores.
Yo no soñaba hacerme conocida
La plataforma cambió. La tecnología cambió. La manera de consumir contenido cambió.
Pero hay algo que permanece: la necesidad de encontrar una voz propia.
Y Cumbio la encontró cuando tenía apenas 16 años.


