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Cuándo una lesión puede terminar siendo un delito y cuándo no: la clave está en el contexto

No depende solo del daño causado. La Justicia analiza cómo ocurrió la lesión: una grave puede no ser delito y una menor sí.

Cuándo una lesión puede ser un delito y cuándo queda solo en una falta.

Cuándo una lesión puede ser un delito y cuándo queda solo en una falta.

EFE

Una lesión en una cancha de fútbol puede constituir un delito o no. La diferencia no depende de la gravedad del daño causado sino del contexto. Así lo explicó el juez federal penal Diego Lusverti en After Office por la 105.5 FM MDZ Radio, al analizar los límites entre una infracción deportiva y una conducta que podría tener consecuencias penales.

“El derecho penal ha tratado de buscar una solución para todos los casos. Es todo lo complejo el derecho penal porque en realidad los comportamientos humanos son infinitos”, señaló el magistrado al explicar que existen situaciones en las que una lesión severa no configura delito y otras en las que una lesión incluso menor sí podría ser sancionada.

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El contexto, más importante que la lesión

Lusverti sostuvo que dentro del deporte pueden darse casos en los que el daño es consecuencia de la propia dinámica del juego. “Se obedecen más bien a una cuestión de tipo fortuito, o sea, un conjunto de causas que confluyen en un momento determinado y en una situación muy específica que genera muchísimo daño, pero que se da dentro de los márgenes estrictamente reglamentarios del deporte”, explicó.

Como ejemplo, mencionó jugadas que derivaron en fracturas graves pese a producirse dentro de una acción deportiva habitual. “A veces la propia dinámica del juego es tan veloz que no se puede determinar con claridad cuál fue el propósito del jugador al momento de provocar la lesión”, afirmó.

El juez indicó que la participación en una actividad deportiva implica aceptar determinados riesgos. Sin embargo, aclaró que ese consentimiento tiene límites. “El Estado protege o tutela la integridad corporal o la salud o la integridad física en términos absolutos”, señaló.

Cuándo una acción puede transformarse en delito

Al referirse a un partido amateur, Lusverti planteó distintos escenarios posibles. El más claro, dijo, es cuando la agresión no tiene relación con el juego. “El que estaría totalmente claro es el cabezazo de Zidane, o sea, algo que no tiene que ver con la dinámica del juego y que no tiene que ver con la actividad propiamente del partido”, afirmó. En esos casos, agregó, “se produce la lesión” a partir de una gresca o discusión y podría configurarse un delito.

En cambio, explicó que existen faltas que, aunque puedan derivar en lesiones, forman parte de los riesgos aceptados de la práctica deportiva. “Cometer una falta que sea merecedora de una tarjeta roja estaría comprendido dentro de las reglas del juego”, sostuvo.

Para explicar esa diferencia recurrió al concepto jurídico de “riesgo permitido”. “Todos los que juegan al fútbol saben cuáles son los límites de la actividad y cuál es el reglamento”, indicó. Por ello, una acción intensa o vehemente en disputa de la pelota no necesariamente constituye un ilícito.

No obstante, advirtió que hay situaciones excepcionales en las que el jugador excede esos límites. “Si excediese el riesgo permitido, si fuese un poco más allá y ya no estuviese dentro de la lógica del juego, sería posible considerar que esa lesión, al exceder el riesgo permitido e ingresar en riesgo desaprobado, en abstracto se podría considerar una lesión imprudente”.

De esta manera, el magistrado remarcó que la clave no está en la magnitud de la lesión sino en las circunstancias en las que se produjo, una distinción poco frecuente pero posible dentro del análisis penal de los hechos ocurridos en una cancha.