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Cómo vive la clase más rica en Argentina: viajes, inversiones y consumo premium

Un informe privado revela cómo vive la clase más rica en Argentina; el 6% concentra el 34% de la riqueza y redefine el consumo.


Según un informe de la consultora Moiguer, el 6% de la clase más rica del país—unas 2,8 millones de personas— concentra el 34% de la riqueza nacional, configurando una nueva pirámide social marcada por fuertes contrastes, que define el consumo en Argentina.

El informe muestra que ese segmento de altos ingresos no solo acumula patrimonio, sino que también redefine patrones. Viajes internacionales frecuentes, experiencias exclusivas, gastronomía premium y bienestar integral forman parte de una lógica que se distancia del comportamiento de la clase media y baja, donde predominan la búsqueda de precios, promociones y estrategias para llegar a fin de mes.

En términos concretos, el ingreso familiar promedio de este sector alcanza los 7.900 dólares mensuales, mientras que en el segmento más alto —el 1% de la población— supera los 16.000 dólares. En contraste, el ingreso promedio general en Argentina ronda los 770 dólares mensuales, lo que evidencia una brecha estructural que impacta directamente en los hábitos de consumo.

La radiografía social se completa con otros datos: la clase media representa el 44% de la población, mientras que el 50% restante se ubica en los niveles más bajos de ingresos. En ese escenario, la distancia económica no solo se mide en ingresos, sino también en acceso a bienes, servicios y experiencias.

Radiografía de la clase más rica

El estudio identifica tres grandes grupos dentro de la clase alta. Por un lado, los “herederos”, que representan el 44% y sostienen patrimonios familiares con códigos tradicionales. Por otro, los “autoconstruidos” (39%), que lograron escalar económicamente a través de su desarrollo profesional o empresarial. Finalmente, el segmento “fast money” (17%) reúne a quienes accedieron rápidamente a altos niveles de liquidez, muchas veces por fuera de los circuitos económicos tradicionales.

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Más allá de las diferencias internas, el informe marca un cambio cultural: la riqueza dejó de ocultarse. Hoy, estos sectores muestran con mayor naturalidad su nivel de vida y sus consumos, en un contexto donde incluso los sectores más bajos perciben de manera menos negativa la acumulación de capital.

Consumo, viajes y estilo de vida

Las diferencias se vuelven más evidentes al analizar hábitos concretos. La mitad de los hogares de altos ingresos posee una segunda vivienda, mientras que en los sectores medios y bajos ese porcentaje apenas alcanza el 5%. En materia automotriz, el 88% tiene vehículo propio y casi la mitad cuenta con unidades de menos de tres años.

El tiempo libre también marca una brecha clara. Casi el 30% posee embarcaciones como lanchas o yates, frente a un 3% en el resto de la población. Además, el bienestar se consolidó como un nuevo eje de consumo: actividades como yoga, meditación o alimentación saludable tienen una presencia significativamente mayor en este segmento.

Vuelos privados y charters son la nueva tendencia

Los viajes son otro de los grandes diferenciadores. El 71% de la clase alta realiza al menos dos viajes internacionales por año y una proporción importante lo hace en business o primera clase. Incluso, más de un cuarto accedió alguna vez a vuelos privados, una práctica casi inexistente en otros sectores.

Antecedentes y una lógica transversal

Pese a estas diferencias, el informe detecta un rasgo común que atraviesa a toda la sociedad: la necesidad de optimizar el gasto. La denominada “ingeniería de la liquidez” implica comparar precios, diversificar medios de pago y buscar eficiencia en cada compra.

Incluso entre los sectores de mayores ingresos, ocho de cada diez personas aseguran valorar el hecho de “comprar de manera inteligente”. A esto se suma una caída en la fidelidad hacia marcas tradicionales y una mayor apertura a nuevas opciones, incluidas compras en el exterior.

El dato final refuerza la complejidad del escenario: aunque la brecha económica se amplía, los comportamientos de consumo muestran puntos de contacto. En una Argentina fragmentada, la desigualdad convive con estrategias similares frente a la incertidumbre económica.