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Bernardo Bárcena: "El liderazgo implica sacar lo mejor de las personas"

El especialista en liderazgo habló de valores, escucha, humildad, vínculos y del desafío de formar líderes capaces de conducir su propia vida.


Bernardo Bárcena convirtió el liderazgo en su propósito de vida. Su trabajo lo llevó a dar conferencias en universidades, empresas, cárceles y distintos países, con una premisa que atraviesa cada una de sus experiencias: inspirar a las personas para que sean grandes líderes de su propia vida y, cuando tienen gente a cargo, también puedan convertirse en grandes líderes de sus equipos.

En Entrevistas MDZ, habló sobre la diferencia entre ser jefe y ser líder, la importancia del ejemplo, la escucha activa, la inteligencia emocional y el liderazgo de servicio. También recordó algunas de sus experiencias en cárceles y a bordo de la Fragata Libertad, destacó a Lionel Messi como referente y adelantó los contenidos de su próximo libro, Los siete superpoderes del liderazgo personal.

Entrevista completa a Bernardo Bárcena

-¿Cuál es la diferencia entre ser jefe y ser líder?

-Hay muchos jefes y no es malo ser jefe. Ser jefe tiene que ver con hacer tareas administrativas, con mantener el sistema de la organización funcionando. Pero ser líder implica algo diferente: sacar lo mejor de las personas, inspirarlas, escucharlas, mostrarles el rumbo, apoyarlas en los momentos difíciles y, sobre todo, darles el ejemplo. El liderazgo tiene que ver con poder influir positivamente en las personas. Y para eso no alcanza con tener un cargo o una posición determinada dentro de una organización. Uno puede ser jefe porque tiene una responsabilidad formal, pero ser líder implica lograr que las personas quieran, sepan y puedan hacer aquello que tienen que hacer.

-¿Qué significa trabajar sobre liderazgo personal en una cárcel?

-Hace mucho tiempo que doy charlas en muchos penales de máxima seguridad como voluntario. Ahí no cobro nada. Actualmente estoy trabajando en la Unidad Penitenciaria 41 de Campana, donde estoy dando seis charlas a seis pabellones diferentes. Me quedan dos charlas más en dos pabellones. Les hablo de actitud, de valores, de que elijan inteligentemente sus vínculos, que aprendan del error, que tengan inteligencia emocional, autodominio y que confíen en ellos mismos. Es fuerte hablar de eso, por supuesto, pero el foco está puesto en el liderazgo personal. Ellos no están liderando un equipo de trabajo, sino su propia vida. Y uno puede preguntarse: ¿cómo vienen liderando su vida si están presos? Entonces es una oportunidad para acercarme a ese rincón donde están en penitencia y ayudarlos a pensar qué están haciendo con su vida y cómo pueden mejorar, no solamente por el bien de ellos, sino por el bien de toda la comunidad.

-¿Qué aprendiste de las personas privadas de su libertad durante esas charlas?

-He vivido muchísimas situaciones muy emocionantes. A veces hay un interno que se sienta adelante, es el que más habla y quiere llamar la atención, como para marcar un poco la cancha y mostrar “yo soy acá el que manda”. Y otras veces, en el fondo, hay alguno que está en silencio y parece que lo que digo le entra por una oreja y le sale por la otra. Pero muchas veces sucede exactamente al revés. Ese que estaba en silencio es el que después se me acerca y me dice: “Me transformó muchísimo lo que dijiste”. Entonces yo me encargo de sembrar. Después prenderán las semillas en las personas que quieran realmente cambiar. También hay personas que se arrepintieron y que aprendieron de su error. Definitivamente, estar en una penitenciaría no significa que una persona no pueda reflexionar sobre lo que hizo, aprender y buscar una manera diferente de vivir.

-¿Qué lugar ocupa el ejemplo en el liderazgo?

-Nos hemos dado cuenta de que comunicamos mucho más con lo que hacemos que con lo que decimos. Hay una frase de hace muchos años que dice: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Eso es insostenible. Se sigue usando, pero cada vez menos. Cuando doy charlas hago un ejercicio. Les digo a los participantes que levanten rápidamente el dedo índice. La mayoría levanta otro dedo. ¿Por qué? Porque comunicamos mucho más con lo que hacemos que con lo que decimos. Podemos tener 200 o 300 personas adelante y todas van a hacer lo que nosotros hacemos. A nuestros hijos no les demos sermones porque nos están mirando. A nuestros colaboradores no les digamos que sean puntuales porque están viendo a qué hora llegamos. Entonces tenemos que enfocarnos más en lo que hacemos que en lo que decimos. El liderazgo tiene que ser un liderazgo del ejemplo, de ser ejemplares.

Buenos Aires está generando un nuevo liderazgo

-¿Cuáles son las claves de un gran líder?

-Entre las tres primeras respuestas aparece siempre la palabra escucha. Un buen líder escucha activamente. También tiene inteligencia emocional, autodominio y no actúa de manera impulsiva. Y tiene una visión clara: sabe a dónde llevar al equipo. Para mí, el liderazgo es ver el futuro y volver para construirlo tal como lo viste. Pero además hay que poder comunicarlo, porque si el líder tiene una visión y no logra transmitirla, difícilmente pueda llevar a las personas hacia ese lugar. Y hay algo fundamental: los valores. El líder tiene que vivir sus valores y ponerlos en acción. La virtud es el valor en acción.

-En una Argentina con dificultades económicas, ¿es más difícil liderar?

-Sí, cuando las necesidades básicas no están satisfechas. Es difícil tratar de contagiar la visión de una compañía a los colaboradores cuando, en realidad, hay cosas más básicas que no se están pudiendo conseguir. Por eso el líder, insisto, siempre tiene que ser ejemplar en cuanto a la forma de desempeñarse y en cuanto a los valores. Tiene que vivir sus valores y ponerlos en acción. Ahí aparece también el liderazgo de servicio. No vas a poder servir a nadie desde la soberbia, que es lo opuesto a la humildad. La humildad requiere entender que no somos mejores que nadie y que estamos para servir a las personas. No al servicio de sus caprichos o deseos, pero sí al servicio de sus necesidades genuinas. El líder tiene que ser un facilitador que ayude a su gente a que quiera, sepa y pueda. Que tenga los recursos para hacer la tarea, que tenga la capacitación necesaria y que esté motivada para poder hacerlo.

-¿Por qué elegís a Lionel Messi como ejemplo de liderazgo?

-Messi tiene algo que para mí es fundamental: una enorme humildad. Y también tiene amor por la camiseta, por su país, por su familia y por él mismo. Vos fijate que nunca lo vimos con cara de molesto por tener que firmar una camiseta. ¿Cuántas camisetas habrá firmado? Y eso también comunica. Es un gran líder y una gran persona que nos hizo quedar muy bien y nos sigue haciendo quedar muy bien en todo el mundo. Por eso para mí es el mejor embajador que pudimos tener los argentinos, por lejos. Estoy muy orgulloso y muy agradecido con él. Y además hay algo muy importante: nunca se juntó con gente que lo dañe, nunca hizo cosas que le hagan mal. Eso también es liderazgo personal. Es amor hacia uno mismo, hacia su familia, sus vínculos y sus amigos.

-¿Cuáles son los siete superpoderes del liderazgo personal que desarrollás en tu próximo libro?

  • El primero es elegir nuestros pensamientos. Lo que pensemos impacta en lo que sentimos, lo que sentimos impacta en lo que hacemos y lo que hacemos impacta en nuestros resultados. Por lo tanto, elegir nuestros pensamientos implica, en el fondo, elegir cómo nos va en la vida.
  • El segundo es descubrir nuestro ikigai, nuestro propósito en la vida. Es encontrar una actividad que reúna cuatro condiciones: algo que te guste hacer, que lo hagas muy bien, que sea un aporte al mundo, a la humanidad, y que te puedan pagar por eso.
  • El tercero es implementar la mejora continua en nuestra vida todo el tiempo, innovando y siendo cada vez mejores. Y una manera de implementar la mejora continua es, por supuesto, aprendiendo de nuestros errores.
  • El cuarto es comunicarnos de manera efectiva. Para eso hay que eliminar un monstruo, que es el enemigo de la comunicación efectiva: el “yo pensé que vos le avisabas al cliente”, “yo pensé que la reunión era...”. Por eso hay que ser muy claros.
  • El quinto es negociar efectivamente. La negociación efectiva implica lograr acuerdos, ganar-ganar. Vivimos negociando 20 veces por día.
  • El sexto es desarrollar nuestra inteligencia emocional, autoconocimiento y autoliderazgo. Uno de los poderes más grandes que tiene el ser humano es el poder de no reaccionar. Cuando estamos enojados o algo nos molestó, no reaccionar. Después, cuando estemos tranquilos, tenemos que decirle a la persona qué pasó. Tener autodominio es un gran superpoder.
  • Y el último es elegir nuestros vínculos. Nos decían nuestras abuelas: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Hay una frase un poco más sofisticada: somos el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasamos.

El lider siempre tiene que ser impecable

Por eso, elegir inteligentemente nuestros vínculos es otro gran superpoder. Si somos la mejor persona de la habitación, estamos en la habitación equivocada, porque las demás nos van a hundir. Tenemos que juntarnos con personas mejores que nosotros para que siempre nos impulsen hacia arriba.