Asentamiento Urundel: relocalizaron a las familias y quedó un pozo de basura y escombros
Tras la relocalización del asentamiento Urundel, vecinos denuncian basura, inseguridad y abandono. El Municipio asegura que sigue trabajando en el lugar.
La relocalización de familias resolvió un problema habitacional, pero abrió un conflicto urbano que hoy preocupa al barrio Urundel.
Rodrigo D'Angelo / MDZLa relocalización del asentamiento del Urundel fue uno de los procesos más importantes de los últimos años en Godoy Cruz. Más de 80 familias que vivían en condiciones precarias fueron trasladadas a viviendas nuevas en el barrio Joaquín Salvador Lavado, en el marco de una política sostenida de urbanización. Sin embargo, para los vecinos que viven alrededor del predio donde se emplazaba el asentamiento, el problema no terminó con la demolición de las viviendas.
El asentamiento ya no existe, pero el terreno quedó en el centro de un nuevo conflicto. Vecinos de zonas aledañas al Urundel aseguran que, tras la demolición, el lugar quedó abandonado y que hoy enfrentan consecuencias ambientales y de seguridad que antes no tenían.
MDZ recorrió la zona y dialogó con vecinos que viven a metros del descampado que quedó con restos de escombros, basura acumulada y personas que utilizan el lugar para descansar durante el día o la noche. El espacio que debía iniciar una nueva etapa urbana es hoy motivo de preocupación para quienes viven alrededor.
“Quedó todo destruido”
Una vecina resumió el malestar de quienes viven en la zona. “Nosotros tuvimos hace un mes la erradicación de un asentamiento. Le dieron casa a las 80 familias que vivían ahí, pero quedó todo destruido, como si hubiese pasado un misil, con escombros y basura”, relató a MDZ.
Durante la recorrida por el lugar, este medio pudo observar que el predio tiene una gran cantidad de materiales de construcción, residuos domiciliarios y basura de todo tipo, lo que refuerza la percepción de abandono que describen los vecinos.
Según explicaron, el lugar se transformó en un basural a cielo abierto, con impacto directo en la vida cotidiana. “Hay olores, bichos, ratas, y nadie viene a limpiar”, aseguró otra vecina. Este reclamo se repite en otros testimonios recogidos en el barrio.
Pozos abiertos y condiciones insalubres en el Urundel
Uno de los puntos que más inquieta es la presencia de pozos sépticos que quedaron al descubierto tras la demolición de las viviendas. “Eso es un peligro. Hay lugares abiertos y nadie los tapó todavía”, advirtió otra vecina.
Desde el Municipio, la secretaria de Desarrollo Humano y encargada de las áreas de Desarrollo Social y Vivienda, Florencia Santoni, confirmó que ese trabajo forma parte de una etapa posterior. “Se demolieron más de 50 viviendas, lo cual conlleva un trabajo de remediación importante. Hay que sanear y cicatrizar los pozos sépticos, y eso lleva tiempo”, explicó en diálogo con MDZ.
Lo que dicen los vecinos y lo que dice el Municipio
Mientras los vecinos aseguran que no ven avances concretos, el Municipio sostiene que hay presencia diaria en el lugar. “Estamos todos los días en el terreno. Circulan nuestros equipos y está la retro trabajando permanentemente”, afirmó Santoni.
La percepción vecinal es muy distinta. “Nosotros no vemos máquinas trabajando. El camión de la basura no entra y la policía tampoco puede patrullar”, señaló una mujer que vive en los alrededores. Para muchos habitantes de la zona, la sensación es que la situación empeoró tras la erradicación. “Nos sentimos burlados, ignorados”, resumió.
Inseguridad y miedo cotidiano
El reclamo no se limita a lo ambiental. La inseguridad es otro eje central del conflicto. “El problema es que volvió gente a meterse en el predio. Hacen cuchas y eso genera miedo”, contó una vecina, aclarando que se trata de denuncias vecinales reiteradas.
Según explican los vecinos, quienes hoy usan el predio son personas “de mal vivir”, lo que incrementa el temor, sobre todo durante la noche. La falta de iluminación, sumada al mal estado de las calles y la acumulación de residuos, profundiza esa sensación. “No podemos dejar las casas solas. A la noche es complicado”, describieron.
Algunos vecinos señalaron que la iluminación del predio fue retirada para evitar que más personas se instalen en el lugar, pero advierten que eso también volvió la zona más insegura para quienes viven alrededor.
Desde el Municipio reconocen que hay movimiento en el lugar, aunque con otra explicación. “Entran personas a revisar si encuentran material que se pueda vender, como hierros o ladrillos que quedaron de las demoliciones. Eso es verdad”, admitió Santoni.
La funcionaria también explicó que parte del problema tiene que ver con conexiones de agua dañadas. “Quedaron mangueras rotas y hay que buscar el origen para sellarlas. Es un proceso de cicatrización complejo”, señaló.
Un terreno privado y sin definición
Otro punto central es que el predio en cuestión es de propiedad privada, lo que limita las decisiones inmediatas del Municipio. “Ya hubo conversaciones con los propietarios y, en función de eso, se van a ir tomando decisiones. Todavía no hay una definición final”, explicó Santoni.
Entre las opciones que se analizan está el cercamiento del terreno, aunque desde el Municipio aclaran que aún no hay una decisión tomada. “Es una de las alternativas que se está evaluando”, sostuvo la funcionaria.
Un problema resuelto y otro abierto
La relocalización del asentamiento del Urundel resolvió un problema habitacional histórico y permitió que decenas de familias accedieran a una vivienda formal. Sin embargo, también dejó abierto un problema urbano, ambiental y de seguridad que hoy recae sobre los vecinos que vivían y que aún viven alrededor del predio.
Esa contradicción atraviesa todo el conflicto: mientras el Municipio habla de un proceso en marcha, los vecinos aseguran que el territorio sigue esperando respuestas concretas.







