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A 56 años del aluvión de 1970: ¿Mendoza está preparada para una gran tormenta?

A más de medio siglo del aluvión que marcó a Mendoza, la provincia cuenta con un sistema de defensas hídricas, pero aún hay desafíos por afrontar.

En enero de 2025, una tormenta colapsó calles de Luján de Cuyo. Cómo enfrenta hoy Mendoza un posible aluvión.

En enero de 2025, una tormenta colapsó calles de Luján de Cuyo. Cómo enfrenta hoy Mendoza un posible aluvión.

Alf Ponce Mercado/MDZ

El 4 de enero de 1970, un aluvión devastador bajó desde el piedemonte y arrasó con barrios enteros de Godoy Cruz y la Ciudad de Mendoza. Murieron al menos 24 personas y el agua, el barro y los escombros avanzaron por calles que no estaban preparadas para semejante descarga. Electrodomésticos flotando, viviendas destruidas y familias enteras evacuadas quedaron grabadas en la memoria colectiva.

Ese episodio se convirtió en un punto de inflexión. No solo por la magnitud del desastre, sino porque dejó en evidencia la vulnerabilidad de una ciudad asentada al pie de la montaña expuesta a lluvias intensas y concentradas en muy poco tiempo. Desde entonces, cada tormenta fuerte reactiva una pregunta incómoda: ¿puede volver a pasar algo así?

El cambio de la provincia 50 años después

Imagenes Aluvión Mendoza 1970

De 1970 a 2026, Mendoza ha evolucionado. Tras el aluvión, la provincia desarrolló un sistema de defensa aluvional que no existía hace cinco décadas. Diques de atenuación, colectores de trasvase y una red de cauces fueron pensados para contener tormentas intensas, típicas del clima mendocino, donde casi toda la lluvia anual cae en primavera y verano.

Actualmente, el sistema incluye cuatro diques principales (Maure, Frías, Papagayos y Campo Espejo), tres grandes colectores de trasvase (Blanco Encalada, Las Heras y El Álamo), además de colectores primarios y secundarios que encauzan el agua hacia zonas de descarga controlada.

Mendoza está en la parte baja del piedemonte y, para hacerle frente a este riesgo, cuenta con un sistema robusto de obras de defensa hídrica”, explicó el director de Hidráulica, Pablo Rodríguez a MDZ en su última entrevista, al remarcar que la provincia enfrenta un tipo de amenaza muy distinta a la de regiones con poca pendiente, como la pampa húmeda.

Las obras que hoy sostienen la defensa

colector aluvional Blanco Encalada - Prensa Gobierno de Mendoza
El sistema aluvional mendocino creció como nunca desde 1970, aunque tormentas extremas, expansión urbana y falta de conciencia mantienen el riesgo latente.

El sistema aluvional mendocino creció como nunca desde 1970, aunque tormentas extremas, expansión urbana y falta de conciencia mantienen el riesgo latente.

En los últimos años, el Estado provincial aceleró inversiones clave. La más significativa es la ampliación del colector Blanco Encalada, inaugurada a fines de 2025 y considerada la obra de defensa aluvional más importante de los últimos 20 años.

Con capacidad para desviar hasta 70 metros cúbicos por segundo hacia el río Mendoza, esta infraestructura protege a zonas cada vez más pobladas como Blanco Encalada, Las Compuertas y Chacras de Coria, donde el crecimiento urbano avanzó sobre áreas históricamente aluvionales.

A estas obras se suman intervenciones menos visibles pero igual de decisivas, como los controles de torrentes en el piedemonte. En Godoy Cruz, por ejemplo, la finalización de trabajos en la cuenca 301 permite frenar y retardar escurrimientos que, sin estas defensas, bajarían con fuerza hacia zonas urbanas, reduciendo velocidad, volumen y capacidad destructiva del agua.

Un sistema que responde, pero no es infalible

Las fuertes crecidas obligaron a cortar la ruta 89

Las fuertes crecidas obligaron a cortar la ruta 89

Desde la Dirección de Hidráulica aseguran que el sistema ha respondido adecuadamente ante tormentas severas recientes. El antecedente más fuerte es el de 2020, cuando cayeron cerca de 70 milímetros y las defensas funcionaron según los parámetros de diseño.

Sin embargo, los propios especialistas advierten que el riesgo no desapareció. Un evento extremo, con más de 100 milímetros concentrados en poco tiempo, representaría un escenario crítico, incluso con las obras actuales, sobre todo en un contexto de cambio climático que vuelve más frecuentes e intensas las lluvias.

La advertencia no es teórica. A fines de diciembre de 2025, una tormenta en alta montaña provocó la crecida del zanjón de los Ciruelos, que arrastró a Rita, una mujerque dormía bajo un puente. Hubo cortes de rutas, desbordes y operativos de emergencia. No fue un aluvión como el de 1970, pero sí una señal de alerta.

Basura, urbanización y el riesgo que persiste

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A 56 años del aluvión de 1970, Mendoza tiene más obras y controles, pero enfrenta nuevas amenazas ligadas al clima, la urbanización y la basura en los cauces.

A 56 años del aluvión de 1970, Mendoza tiene más obras y controles, pero enfrenta nuevas amenazas ligadas al clima, la urbanización y la basura en los cauces.

Uno de los principales problemas ya no es solo hidráulico, sino social. La acumulación de basura en acequias, canales y colectores reduce drásticamente la capacidad de conducción del sistema. Solo en 2025, la Dirección de Hidráulica retiró más de 2.000 toneladas de residuos de los cauces.

Botellas, plásticos, escombros e incluso chatarra funcionan como tapones que multiplican el riesgo de desbordes en cada tormenta fuerte, sobre todo en zonas densamente urbanizadas.

A esto se suma el crecimiento urbano sobre áreas naturalmente aluvionales. Barrios construidos sobre cauces, impermeabilización del suelo y ocupación del piedemonte aumentan la exposición. Como repiten los técnicos, el agua “tiene memoria” y vuelve a circular por donde siempre lo hizo, aunque hoy haya calles, puentes o viviendas en su camino.

¿Está Mendoza preparada hoy para otro aluvión?

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Diques, colectores y controles de torrentes reducen el riesgo en Mendoza, aunque la basura y la ocupación del piedemonte siguen siendo una amenaza.

Diques, colectores y controles de torrentes reducen el riesgo en Mendoza, aunque la basura y la ocupación del piedemonte siguen siendo una amenaza.

La respuesta no es lineal. Mendoza está mucho mejor preparada que en 1970: tiene obras, estudios hidrológicos, modelaciones y un sistema que reduce de forma significativa la probabilidad de una tragedia similar.

Pero el riesgo no desapareció. Cambio climático, expansión urbana y falta de conciencia ciudadana configuran un escenario donde la prevención ya no depende solo del Estado.

A 56 años del aluvión, el desafío sigue siendo sostener una defensa integral. Invertir, ordenar el territorio y entender que cuidar los cauces también es una forma de cuidarse entre todos. Porque las obras pueden contener el agua, pero sin planificación y responsabilidad social, el fantasma del aluvión sigue presente en cada verano mendocino.