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A 30 años de la muerte de Marcela Iglesias: "Nos hicieron pagar por pedir justicia"

Una escultura ilegal aplastó a Marcela cuando tenía seis años. Desde entonces, sus padres pelean contra un sistema que les dio la espalda.

Nora y Eduardo Iglesias.

Nora y Eduardo Iglesias.

Santiago Aulicino / MDZ

En el Paseo de la Infanta, un día de verano de 1996, una tragedia absurda e irreversible marcó la vida de Nora y Eduardo: una escultura de hierro sin control ni habilitación cayó sobre Marcela Iglesias, su única hija, y la mató en el acto.

A 30 años del hecho, Nora y Eduardo Iglesias siguen buscando justicia. Frente al silencio y la impunidad de la Justicia argentina, llevaron su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Desde la memoria, el dolor y la promesa de no rendirse, reconstruyen su historia.

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Entrevista a Nora y Eduardo Iglesias

-¿Qué pasó ese 5 de febrero de 1996?

Eduardo: Era un día feriado por el Día de los Clubes, así que muchas entidades estaban cerradas. Los chicos estaban de vacaciones, y Marcela había ido con unas amiguitas al Paseo de la Infanta. Estaban jugando mientras esperaban entrar al pelotero. Nosotros estábamos trabajando y jamás imaginamos que algo así podía pasar. Era un espacio público, supuestamente seguro. Pero no. Esa escultura, de más de 300 kilos, estaba ahí sin autorización ni control. Se desplomó sobre Marcela y la aplastó. En segundos, nuestra vida cambió para siempre. Nadie se hizo responsable. Después supimos que ese lugar estaba prohibido para ese tipo de instalaciones.

-¿Qué hicieron tras la tragedia?

Nora: Lo primero fue tratar de entender cómo algo así era posible. No se trató de un accidente: fue negligencia pura. Comenzamos a movernos por la vía judicial, pero nos encontramos con un muro. El juez Luis Alberto Schelgel guardó el expediente durante nueve meses, mientras el fiscal insistía en que debía abrirlo. Logramos que lo hiciera solo después de hablar con un periodista. A partir de ahí fue una pesadilla: recusaciones, apelaciones, trabas por todos lados. En total, hubo 117 recusaciones. Cada vez que parecía que avanzábamos, todo volvía a fojas cero. Lo que vivimos fue un calvario judicial.

Marcela Iglesias
Marcela Iglesias, a 30 años de su muerte.

Marcela Iglesias, a 30 años de su muerte.

-¿Qué fallos les marcaron más?

Eduardo: El más duro fue el de la Corte Suprema. Dijeron que la muerte de nuestra hija era 'insustancial y carente de trascendencia'. ¿Cómo puede ser que una vida de seis años no tenga valor para la Justicia? Fue una puñalada. Encima, nos mandaron a pagar las costas del juicio. Querían que pagáramos lo más caro: los honorarios de todos los abogados involucrados. Era como si encima de perder a Marcela, nos castigaran por pedir justicia. Los vecinos, las Madres del Dolor, amigos… todos se indignaron. Nos apoyaron. Pero el dolor de ese fallo no se borra nunca.

"La jueza nos dijo la muerte de su hija ya fue"

"La jueza nos dijo la muerte de su hija ya fue"

-¿Por qué decidieron acudir a la Corte Interamericana?

Nora: Porque en Argentina nos cerraron todas las puertas. Nunca obtuvimos una respuesta seria, un juicio justo, una condena real. La causa siempre terminaba en nada. Y cuando la Corte Suprema dijo que la muerte de Marcela no importaba, dijimos basta. Le habíamos prometido a nuestra hija que íbamos a luchar mientras estuviéramos vivos. Así llegamos a la Comisión Interamericana en Washington, y luego a la Corte en Costa Rica. Fue durísimo, pero necesario. Que su nombre sonara allí, entre jueces de toda América Latina, fue devolverle algo de dignidad a su historia.

-¿El Estado argentino los acompañó en esta instancia?

Eduardo: No. Para nada. Nunca nos contactaron. No sabían ni el cuestionario. No mandaron a nadie a acompañarnos, ni un representante, ni una palabra. Fue tristísimo ver cómo el país que debía representarnos y cuidarnos se desentendía completamente. Estuvimos solos, con nuestros abogados, dando testimonio frente a jueces de Paraguay, Uruguay, Chile, Colombia, Brasil... Todos menos Argentina. La indiferencia fue total.

-¿Qué esperan del fallo internacional?

Nora: Esperamos que reconozcan que el Estado argentino es responsable por lo que pasó. Y también esperamos un resarcimiento. No lo pedimos por dinero, sino por reparación simbólica. Marcela era nuestra única hija. Era quien iba a cuidarnos en la vejez. Nos arrebataron su vida y también nuestro futuro. Queremos que se diga con todas las letras que su muerte no fue en vano. Que su vida sí tuvo trascendencia.

-¿Cómo sobrevivieron a todo este tiempo?

Eduardo: La fe nos sostuvo. También nuestra familia, que siempre estuvo ahí. Y las Madres del Dolor fueron una compañía que no se puede explicar con palabras. Nos entendieron como nadie, porque solo una madre que perdió un hijo entiende ese dolor. Hablan de corazón a corazón. Con ellas no sentimos que el tiempo cure, pero sí que el dolor se puede compartir. Y eso ayuda.

"Quedó la habitación mucho tiempo sin tocar"

"Quedó la habitación mucho tiempo sin tocar ni limpiábamos"

-¿Cómo recuerdan a Marcela?

Nora: Era una nena única. Muy inteligente, dulce, cariñosa. Tenía solo seis años pero hablaba con una madurez que sorprendía. Tenía una conexión muy especial con los mayores. Su habitación quedó cerrada por mucho tiempo. Cada juguete tenía nombre, una historia. Cuando logramos donarlos, fue un proceso muy doloroso. Un sacerdote me dijo algo que me quedó grabado: que cada juguete era un pedacito del corazón de Marcela que iba a alegrar a otro niño. Y eso nos ayudó a soltar, aunque el vacío nunca se va. Hoy seguimos en pie por ella, porque su nombre no puede quedar en el olvido.