Presenta:

Fogón Asado: una experiencia única de 9 pasos para disfrutar en Buenos Aires

Un restaurante que transformó al asado en una alta experiencia de cocina argentina a través de un ritual gourmet inolvidable a la parrilla.

Fogón Asado combina la alta cocina con la tradicional parrilla argentina.

Fogón Asado combina la alta cocina con la tradicional parrilla argentina.

Archivo

El asado en esta preciosa casona restaurada donde se trabaja a fuego abierto, deja de ser únicamente una comida para convertirse en una ceremonia gastronómica narrada paso a paso frente al fuego. La barra rodea la parrilla como si fuera un escenario, y cada comensal participa de un viaje sensorial donde tradición, técnica y emoción se funden.

Fogón nace de la mirada inquieta de Alex Pels y Danielle Jenster, anfitriones obsesivos por el detalle, junto al talento del chef Sebastián Cardamoni. Su visión fue clara desde el inicio: llevar el ritual del fuego argentino a un formato de alta gastronomía sin quitarle identidad. Para ellos, el asado no es folclore congelado, sino cultura viva capaz de dialogar con técnicas contemporáneas, productos inesperados y una puesta en escena que involucra todos los sentidos. Un estilo fireside fine dinning: una cena frente al hogar o chimenea de tu casa. La experiencia se despliega en nueve pasos que construyen un relato culinario. Todo comienza con la berenjena al rescoldo con ricota cítrica, maní tostado y hierbas frescas, donde el humo es sutil y elegante. Le sigue la provoleta grillada con peras y reducción de Torrontés, un juego entre dulzor, acidez y grasa fundida. El tercer momento eleva la intensidad con mollejas caramelizadas, lacadas con salsa gástrica y emulsión de tomate, jengibre y vino. Luego llega el clásico “matrimonio” —chorizo y morcilla— reinterpretado con chutney de membrillo y manzana con pimientos rojos asados.

Comida fogon asado
La experiencia en Fogón Asado consta de 9 pasos de alta cocina a la parrilla.

La experiencia en Fogón Asado consta de 9 pasos de alta cocina a la parrilla.

A partir de allí, la carne toma el centro absoluto de la escena. El matambre de cerdo se sirve jugoso, con emulsiones cítricas y maíz crocante; el flat iron, corte poco habitual en parrillas tradicionales, que es una joya a la cual poco a poco se le está descubriendo su potencial, tiene un gran protagonismo. Este corte es ahumado en cajas de acero inoxidable, usando conos de piña que tiene aceites esenciales, se prenden fuego en las brasas, luego se lleva a las cajas, el flat iron se deja por arriba de las brasas, se tapa y eso hace que se ahogue el fuego y que quede ese humo circulando por una hora aproximadamente. Es lo que le da ese sabor tan especial y un aroma muy particular. El momento culmine es el rib eye centro de ojo de bife, cocido durante horas con técnicas mixtas que combinan fuego bajo y cercanía a las brasas, logrando profundidad, crocante exterior y una fibra que se desarma, acompañado de purés cremosos de coliflor o boniato y vegetales al rescoldo que conservan textura y humedad. Todos los cortes provienen del ganado Black Angus animales jóvenes de 2 años aproximadamente.

El cierre, y noveno paso, devuelve la memoria a la infancia argentina: un panqueque de dulce de leche flambeado frente al público, con el azúcar caramelizándose al instante. Así, Fogón confirma que su propuesta va más allá de la cocina: es un relato comestible sobre la identidad, donde la carne, el fuego y la hospitalidad construyen una de las experiencias más refinadas de la cocina argentina actual. La teatralidad no es un adorno, sino parte esencial del concepto. A medida que avanza la experiencia, los comensales pueden elegir el facón que los acompañará en los pasos finales, seleccionándolo según la forma y el material del mango, en un gesto que refuerza el vínculo personal con la carne y el ritual del asado. Mientras tanto, los propios cocineros sirven distintos vinos pensados para cada plato, explicando por qué cada etiqueta dialoga con los sabores y las técnicas de cocción. Entre humo, brasas y relatos, cada momento se vive como una escena cuidadosamente orquestada donde producto, fuego y territorio se cuentan en primera persona.

Panqueque fogon asado
Preparación del panqueque de Fogón Asado, el especial postre del lugar.

Preparación del panqueque de Fogón Asado, el especial postre del lugar.

En ese equilibrio entre precisión técnica y emoción compartida aparece la verdadera singularidad de Fogón: nada está librado al azar, pero todo se siente cercano. La cercanía con el fuego, la conversación directa con quienes cocinan y la cadencia pausada de los tiempos construyen una atmósfera donde el lujo no pasa por la ostentación sino por el detalle. Cada gesto —desde el corte servido en su punto justo hasta la explicación paciente de una uva o una maduración— refuerza la idea de que el asado puede ser, al mismo tiempo, raíz popular y alta cocina narrativa.

En esa síntesis entre producto, fuego y emoción aparece con fuerza la mirada de sus creadores, quienes entienden que salir a comer hoy debe ser una experiencia total. Para ellos, el asado es encuentro, participación y memoria, pero también una oportunidad para innovar sin perder identidad. Por eso en Fogón la parrilla no se esconde: late en el centro, convoca, cuenta una historia y logra que cada persona no solo cene, sino que conecte de manera profunda con la cocina argentina. Esa convicción se traduce en una propuesta que trasciende la moda gastronómica y se instala en un terreno más perdurable: el de las experiencias que dejan huella.

dueños fogon asado
Alex Pels y Danielle Jenster.

Alex Pels y Danielle Jenster.

Fogón no busca impresionar con artificios, sino emocionar desde la honestidad del producto y la claridad de su relato. En tiempos donde muchas mesas compiten por la foto perfecta, aquí la memoria le gana a la imagen: uno se va recordando aromas, texturas y conversaciones alrededor del fuego, con la sensación de haber entendido —y sentido— un poco más qué significa realmente la cocina argentina hoy.