El Eternauta como un cómic liberal
Publicado por primera vez en 1957 en la revista Hora Cero, El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, ha sido objeto de múltiples interpretaciones políticas a lo largo de las décadas. Si bien la obra fue leída en el contexto de una crítica al imperialismo y, en versiones posteriores, se tiñó de una perspectiva claramente marxista en su reescritura de los años 70, hay una interpretación menos explorada pero igualmente válida: El Eternauta como cómic liberal. En el centro de esta lectura está el concepto liberal clásico de la defensa del individuo frente al poder omnímodo del Estado o de cualquier forma de autoridad que pretenda suplantar la voluntad individual. En El Eternauta, la amenaza no es un Estado totalitario reconocible, pero sí una forma de opresión absoluta representada por la invasión alienígena y el sistema jerárquico de control que imponen los Ellos, los verdaderos titiriteros detrás del conflicto.
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Este sistema de dominación opera mediante capas de intermediarios (los Cascarudos, los Manos), reflejando una estructura vertical, autoritaria y despersonalizante, donde cada eslabón obedece sin cuestionar. Juan Salvo, el protagonista, representa en este contexto al individuo que se resiste a esa maquinaria impersonal. No lo hace solo de hecho, la acción colectiva es esencial para sobrevivir, pero la agrupación surge desde la base, desde la comunidad de vecinos que espontáneamente decide organizarse para resistir. Esta estructura de cooperación voluntaria y descentralizada tiene un aire fuertemente liberal: no es el Estado quien los protege, ni una ideología impuesta desde arriba. Es la comunidad organizada desde abajo, el contrato social emergente, el que permite sostener la dignidad humana en medio del caos.
La propia narrativa enfatiza la responsabilidad individual en la toma de decisiones. Juan Salvo y sus compañeros enfrentan constantemente dilemas éticos, y deben decidir por sí mismos cómo actuar. Esta centralidad del juicio moral individual —una piedra angular del pensamiento liberal— atraviesa toda la obra. En lugar de diluirse en una masa sin rostro, cada personaje conserva su agencia. Incluso cuando actúan colectivamente, lo hacen desde su libertad. Otro aspecto liberal del cómic es su rechazo a la utopía impuesta. A diferencia de muchas narrativas revolucionarias de la época que promovían la llegada de un orden nuevo y supuestamente más justo a través de la destrucción del antiguo. Los Ellos, al igual que los regímenes totalitarios, no necesitan justificación: su poder basta. Contra esto, la resistencia no plantea una utopía alternativa, sino la defensa del mundo que se conoce, imperfecto pero humano.
Además, El Eternauta plantea una crítica velada a la idea de que el sacrificio de la libertad puede ser justificado por promesas de seguridad o estabilidad. Los personajes que aceptan someterse a la lógica de los invasores terminan alienados o muertos. Solo quienes preservan su libertad, incluso a costa del peligro, mantienen su humanidad. Aunque Oesterheld evolucionó ideológicamente hacia posturas más militantes en los años 70 y reescribió la historia desde un enfoque más claramente clasista y revolucionario, la versión original de El Eternauta permanece como una obra ambigua, abierta, y rica en matices. Esta ambigüedad permite, entre otras cosas, una lectura liberal coherente con los principios de autonomía individual, desconfianza del poder concentrado y aprecio por la organización voluntaria.
En última instancia, El Eternauta no impone una ideología; plantea preguntas.
- ¿Qué significa ser humano cuando todo lo humano está en peligro?
- ¿Cómo se defiende la libertad cuando se enfrenta a formas invisibles de control?
- ¿Es posible la acción colectiva sin perder la individualidad?
Estas preguntas resuenan con fuerza en el pensamiento liberal clásico, que no busca respuestas únicas sino el derecho a formularlas desde la libertad de conciencia. Por eso, aunque menos frecuente, leer El Eternauta como un cómic liberal no solo es posible: es necesario para comprender la riqueza y vigencia de esta obra monumental de la historieta argentina.
*Jeremías Rucci. Project Manager de la Fundación Internacional Bases.
