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"Que brote de este dolor algo mejor": la historia de Serena Allende y una red de amor inesperada

Serena y su familia despertaron un milagroso testimonio de apoyo y esperanza, inspirando gestos de amor y unión en quienes los rodean.
Serena “Sese” Allende, es una niña de seis años. Foto: Gentileza
Serena “Sese” Allende, es una niña de seis años. Foto: Gentileza

“Necesitaba encontrarle un sentido a esto que nos atraviesa. Creo que nada es casual en la vida. Si esto nos toca vivir como familia tiene un para qué, un fin. Y sentí que era ese, que brotara de ese inmenso dolor algo mejor, algo que trascienda y dé frutos. Algo realmente bueno” (Titi, mamá de Serena).

Cansancio y algunos mareos. Lo que parecía algo para no preocuparse, se transformó en la noticia más inesperada y un diagnóstico difícil de aceptar: Sese, de 6 años, tiene un tumor en el tronco encefálico y no se puede operar.

La noticia del diagnóstico de Serena llegó como un golpe inesperado. La búsqueda de sentido no es un proceso automático ni sencillo. Requiere tiempo, diálogo y, sobre todo, la decisión de no dejarse arrastrar por la desesperanza. En la familia Allende, esa búsqueda se tradujo en una convicción: de este dolor debía brotar algo mejor. Y en ese primer momento, Titi, su mamá, sintió la necesidad de que todo ese dolor no fuera en vano. “Si esto nos toca vivir como familia tiene un para qué, un fin”, reflexiona. 

Serena tiene 6 años y su historia está transformando miles de vidas

La idea de transformar el dolor en actos de amor y de fe surgió casi espontáneamente. No fue el resultado de un plan, sino la respuesta a una necesidad vital. “De ahí surgió la idea de transformar el dolor en actos de amor y fe. En ofrecerle a Dios nuestro dolor y que de ahí crezcan mejores cosas, en que juntos podamos hacer algo especial y duradero. De esta forma, esto no será en vano”, cuenta Titi. Así, lo que comenzó como una experiencia íntima se fue convirtiendo en un movimiento que involucró a familiares, amigos y desconocidos.

El uso de las redes sociales fue clave en este proceso, y un posteo escrito entre lágrimas se transformó en el punto de partida para una cadena de solidaridad. “Pensé que podíamos usar las redes para algo que realmente valiera la pena”, recuerda Titi. La respuesta fue inmediata: mensajes de apoyo, oraciones, gestos concretos de ayuda y una comunidad que, sin conocerse del todo, se fue tejiendo alrededor de Serena y su familia.

El posteo inicial de Titi 

El impacto silencioso de una niña

A pesar de la magnitud de lo que ocurre a su alrededor, Serena no es del todo consciente de la red de apoyo que se ha formado. No sabe que personas de distintos lugares y religiones rezan por ella, que el Papa Francisco rezó por ella y la mamá de Carlo Acutis la tiene presente en sus oraciones, ni que muchos se han acercado a la fe o han vuelto a rezar por su causa, o que hay grupos de Whatsapp con miles de participantes. Lo que sí percibe es el acompañamiento cotidiano, la presencia de su familia y el cariño de quienes la rodean.

Titi recibe mensajes de muchas personas desconocidas que se sienten interpeladas por Serena.

 

La actitud de Serena frente a la enfermedad es, para quienes la conocen, una fuente de asombro. “Serena está pasando esto con una valentía, una fortaleza y una sonrisa. Solo la vi derramar un par de lágrimas. Algunos días estuvo triste o enojada. Otros asustada. Pero la mayoría de este tiempo es sorprendente ver cómo lucha y se comporta. Los médicos y enfermeras lo remarcan. Realmente creo que los rezos de todos y tantos actos de amor y sacrificio por ella la ayudan a estar así”, dice Titi. La manera en que una niña de seis años atraviesa una situación tan difícil interpela a quienes la rodean y se convierte, sin proponérselo, en un ejemplo silencioso. En su casa, siempre se habló de lo especial que es cada una, pero hay algo en Sese que la familia describe como “mágico”. “Ella es divertida, alegre, obediente, cariñosa, realmente es muy buena. Tiene salidas que nos dejan pensando. Es distinta…”, cuenta su mamá. 

La familia y la comunidad como sostén

En momentos de crisis, la familia y la comunidad se convierten en el principal sostén. Nadie elige prepararse para situaciones así, pero a veces la vida obliga a descubrir fuerzas inesperadas. Titi reflexiona sobre el papel de la fe y la actitud ante el dolor: “Tal vez la respuesta a esa pregunta es Dios. Si uno elige transitar una situación difícil, dura, agarrado de Su mano la vive de una forma. Pero si se la suelta, se enoja, lo maldice, se queda solo, se hunde en una terrible oscuridad y se rompe aún en más pedazos. Si entendemos que en esta vida estamos de paso, que la idea es intentar ser la mejor versión que podamos para pasar a la otra y encontrarnos con Dios ahí, todo cobra sentido”.

La ayuda de los amigos, del colegio, de los desconocidos que rezan y acompañan, es un milagro cotidiano. “Nos da inmensa felicidad saber todo lo bueno que surgió de esta situación. Nos dan fuerzas sus rezos. Nos reconfortan sus abrazos. Nos ayudan muchísimo a seguir transitando la cotidianidad de cada día. Nuestra familia es realmente increíble. La ayuda de nuestros hermanos cada día y cómo cuidan a nuestras otras hijas, las buscan y traen, como se turnan para cuidar también a Sese. Nuestros amigos de hierro, que lloran o festejan junto a nosotros cada retroceso o avance. Son realmente nuestra gran red”.

El acompañamiento de figuras cercanas, como el Obispo Alejandro Pardo, el Padre Gonzalo Mordeglia y Marina de Dios, una monja del Carmelo Santa Teresita, también ha sido clave. “Ellos están cerca y nos ayudan a transitar esto agarrados de la mano de Jesús. Emociona muchísimo también cada mensaje de gente que no nos conoce que también nos acompaña y desea lo mejor”. 

Titi destaca el trabajo silencioso, cariñoso y profesional de los médicos y enfermeras. Ellos no solo atienden a Serena, sino también sostienen a la familia en este proceso. “El cuerpo médico del Hospital Alemán y del Sanatorio Mater Dei, junto a la pediatra Carolina Torregosa, son un pilar fundamental para nosotros. No tengo forma de agradecer tanto amor y dedicación”.

Serena tomó la Primera Comunión y Confirmación en la capilla del Sanatorio Mater Dei. La abraza Juan, su papá.

Pedir y agradecer

En medio de la adversidad, la gratitud y el deseo de recuperación conviven. Si hoy se le pudiera preguntar a Sese por qué pide y por qué agradece, su mamá imagina la respuesta: “Yo creo que pide por su pronta recuperación y por volver a casa y a su vida. Eso me dice cuando pestañea que sí o que no. Supongo que agradecería saberse rodeada de tanto amor”.

La experiencia de la familia Allende no es única. Muchos padres, en distintos lugares y circunstancias, atraviesan situaciones de incertidumbre y dolor con sus hijos. La historia de Serena puede ser una inspiración para quienes hoy sienten que el mundo se desmorona bajo sus pies. Buscar sentido, apoyarse en la comunidad y permitirse ser sostenidos por el amor de los demás puede marcar la diferencia. No hay recetas, pero sí hay caminos que se abren cuando el dolor se comparte y se transforma en vínculo.

*Ramiro González Morón.