Tras la muerte de la monja brasileña, quién es ahora la persona más longeva del mundo
El jueves pasado falleció a los 116 años Inah Canabarro Lucas, quien hasta entonces era la persona más longeva del mundo. La monja brasileña murió en la ciudad de Porto Alegre a causa de una disfunción orgánica múltiple, según confirmó su familia.
Inah era miembro de la Congregación de las Hermanas Teresianas, donde vivía desde hacía décadas. “Damos gracias por su entrega y pedimos que el Señor la reciba en su infinito amor”, expresó la comunidad religiosa en un comunicado oficial.
Tras su deceso, el Récord Guiness constató quién es la persona que se convirtió ahora en la más longeva del mundo.
Se trata de Ethel Caterham, una mujer nacida en Inglaterra hace más de un siglo, quien tiene 115 años cumplidos el pasado agosto.

A Caterham la distingue su vitalidad, su memoria lúcida y una filosofía de vida sencilla: “Nunca discuto con nadie. Escucho y hago lo que me gusta”, contestó ante la consulta sobre cuál es su receta para llegar a su edad tan bien.
La británica vive en una residencia de ancianos en Surrey, al suroeste de Londres, donde fue agasajada recientemente con un pastel y una tiara con el número “115” el año pasado. Allí recibió las felicitaciones del personal del hogar Hallmark Lakeview Luxury Care Home, que destacó su “fortaleza, espíritu y sabiduría”.
Nacida el 21 de agosto de 1909 en Shipton Bellinger, un pequeño pueblo del sur inglés, Ethel fue la segunda más joven de ocho hermanos. Su vida ha estado marcada por los viajes y la independencia: a los 18 años partió hacia la India como niñera de una familia británica, y más tarde vivió en Hong Kong y Gibraltar junto a su esposo Norman, un oficial del ejército a quien conoció en una cena en 1931. Juntos tuvieron dos hijas y compartieron su vida hasta la muerte de él en 1976.
La nueva supercentenaria sucede a Inah Canabarro Lucas, una religiosa brasileña que se destacó por su fe, su vocación educativa y su amor por el arte. Inah falleció a los 116 años en su país natal. La monja, quien había recibido la bendición del papa Francisco, aseguraba que “Dios es el secreto de la vida”.
Ethel Caterham, por su parte, lleva con sencillez su nuevo título. Aunque no compite con nadie, su historia la ubica en una posición única: ser testigo de tres siglos y mantenerse lúcida y sonriente.
Cabe recordar que el récord absoluto de longevidad sigue en manos de la francesa Jeanne Calment, quien vivió 122 años y 164 días.

