Andrea Rincón: "Lo más doloroso que atravesé fue el perdón hacia mí"
En una entrevista exclusiva para MDZ, la actriz y conductora reflexiona sobre el dolor, el rol de la fe en su recuperación, y el camino personal y profesional que transita hoy.
Andrea Rincón irrumpió en los medios tras su paso por Gran Hermano en 2007 y no tardó en convertirse en una figura conocida en todo el país. Actriz, modelo y dueña de una personalidad arrolladora, protagonizó programas, portadas de revistas y escenas que marcaron una época en la televisión argentina.
Con el tiempo, fue consolidando su camino como actriz, tanto en televisión como en teatro y cine. Participó en ficciones destacadas como La Leona, Un gallo para Esculapio, 100 días para enamorarse y Argentina, tierra de amor y venganza, entre otras. Grabó películas, actuó en obras teatrales y recibió el reconocimiento de la crítica: ganó el Martín Fierro a artista revelación en 2016 por su papel en La Leona, y el Premio Carlos a mejor actriz por Los 39 escalones.
Pero con la fama también llegaron momentos difíciles. En medio de la exposición, transitó etapas de mucho dolor, que enfrentó con decisión, acompañamiento profesional y un profundo camino espiritual.
-
Te puede interesar
Buenos Aires se despide de la calma: cuándo vuelven las lluvias
Hoy, con una carrera sólida y una vida atravesada por la búsqueda del bienestar emocional y la fe, Andrea Rincón habla con orgullo de su presente, sin renegar de su pasado. En esta entrevista con MDZ, repasa su historia, sus aprendizajes y su transformación, con la honestidad que la caracteriza.
-Andrea, hace poco empezaste con un proyecto que se llama Con todo respeto, que no solo lo conducís sino que también lo producís. ¿Qué te motivó a hacer este programa? ¿Está relacionado con tu historia?
-Sí, claramente. De hecho, no fue hace poco porque empecé en octubre del año anterior, no, del otro. Empecé a escribir, a escribir, borrar, escribir, borrar y armar, a ver qué podía hacer, algo que también sea distinto a todo lo que hay. Y también un poco bajar toda esta locura que hay un poco en mi cabeza. Y por ahí volcarla de alguna manera de que llegue. Es muy difícil a veces todo lo que tenés acá volcarlo y poder hacer que llegue del otro lado.
Esto surgió hace muchos años. Yo hice un cortometraje que se llama Hashtag Bullying, que lo pueden ver, que está subido en Internet, está en YouTube. Lo hice con Nancy Dupláa, con Andrea Pietra, con Víctor Laplace, con Mirta Busnelli, con Gastón Pauls, con Cecilia Roth, con un montón de artistas que actúan. Es el transatlántico en un cortometraje y habla del peso de la palabra y el impacto que tiene en el otro, que no es gratuito y que una palabra te puede matar, básicamente. Y ese mismo cortometraje yo lo presenté en el INCAA y en el INADI, y la verdad es que quedaron maravillados y lo empezamos a presentar.
El Incaa nos dio cines de toda la Argentina y el INADI nos dio una persona que nos acompañe para que pueda acompañar psicológicamente a la gente después de presentar el corto. Y empezaron a pasar cosas increíbles porque por ahí en las escuelas los chicos empezaban a hablar y empezaban a hablar de abusos, de cosas que les habían pasado en la vida. Imaginate que a mí me preparaban para hablar porque esto lo presentábamos en las escuelas, en cárceles, en institutos de menores, en cines, donde mujeres de 50 años venían y contaban cosas que les habían sucedido a los seis años y lloraban como niñas de seis años porque eran cosas que no tenían sanadas. Y después me escribían y me decían el antes y el después de poder verbalizarlo.
Y claramente el estar al lado de profesionales, porque me preparaban para cada lugar que iba. Porque no es lo mismo hablar con chicos, que hablar con personas que estaban privadas de su libertad, que hablar en cines. Entonces me iban preparando la chica del INADI más Gloria Luna, que fue la que hizo conmigo el cortometraje y también fue una persona que yo conocí en una internación psiquiátrica.
Fue en su momento, yo me traté con ella dos años y después pasé a las manos de otros terapeutas, que siguieron tratándome y nos hicimos muy amigas y empezamos a hacer servicio juntas. Y la verdad que ahí nos dimos cuenta del hambre que tenía la gente de sanar y de poder empezar a... esas heridas que seguían abiertas durante tantos años. Y dijimos: "Esto tenemos que hacerlo más masivamente". Y en ese momento dijimos: "Hay que hacer un programa". Y quedó ahí, como en la gatera. E hicimos un viaje. En ese octubre hicimos un viaje con ella a Turquía. Yo estaba pasando un momento muy difícil a nivel emocional, con varios afectos y me fui. Me escapé justamente con ella, que era un apoyo emocional muy grande y decidimos que todo eso que me estaba pasando, ponerlo en ayudar a otras personas.
Y empezamos a escribir, a escribir, a escribir, a escribir, y sucedió esto. Primero lo presentamos a un canal de streaming, que le encantó, le fascinó, pero el lugar que nos daban era un lugar como muy chiquito. Y yo quería hacer ese despliegue que uno tiene en la cabeza. El desorden, plasmar el desorden que tiene el ser humano en la cabeza y en el centro, el orden que te ofrecen las terapeutas. Por eso lo quise hacer en un teatro, en este caso en el Multiespacio. Entonces, contraté una productora paralela y le expliqué qué era lo que quería hacer y bueno, lo hice para ese canal de streaming y después, se fue haciendo, se fueron haciendo los tiempos como un poco más largos, más largos, más largos y hasta que lo vio un productor y me dijo: "Esto es increíble y esto es para... esto es un programa de televisión, esto no es un programa de streaming normal. Lo que hiciste es increíble".
Porque empecé a buscar sponsor para recuperar la guita que había invertido y bueno, primero me lo agarró un canal. Me dijo: "Lo quiero". Supuestamente, iba a salir el 14 de diciembre. Ese canal tuvo un cambio de gerencia, entonces el gerente que lo había agarrado pasó, se fue y entró otro y me quedó ahí colgado, y ahí entró Gustavo, que me estaba ayudando, que en un momento le pedí ayuda, Gustavo Sofovich, que le había pedido ayuda con un sponsor y me dijo: "Esperá, esperá porque te lo tiene este canal colgado y yo tengo un canal que estoy seguro de que lo va a querer". Porque él estaba vendiendo Polémica en el bar y otro programa, y me dijo: "Dejá, que lo llevo también". Y enseguida me dijeron que lo querían.
Así que me ayudó a destrabarlo y entró, y en un segundo me dijeron: "Lo queremos". Pero bueno, claro, tuve que achicar los tiempos para los tiempos que lo tenía, así que me tuve que meter en una isla con Sol, que es una genia, que pudo entender todo lo que yo quería. Y bueno, hasta ayer también estuve en la isla. Digo, sigo trabajando programa por programa y viendo cositas, y trabajándolo porque es algo a lo que le puse mucho amor.
Ahora estamos trabajando en los siguientes capítulos porque imaginate que se trabaja haciendo la ficción inicial, que las trabajo también con las terapeutas porque claramente que el mensaje es, por un lado psicológico, no es solo una ficción, sino que también te tiene que entrar un poquito al corazón y entenderlo por ese lado. Y por otro lado, ellas también eligen un poquito el tema, y los artistas tienen que tener contenido por ese lado, los artistas que vienen, porque si no se hace agua, tienen que estar ahí, entender qué es lo que pasa y tienen que desnudarse. Al ser ellas las terapeutas, me decían ponele: "Para este tema, esto". Y yo decía: "No, ellos no se van a animar a hablar de eso". Y yo necesito alguien que se pueda desnudar y no por el morbo, sino para poder entregarle a las personas que están del otro lado. Basta de esta máscara para poder estar frente a la sociedad. Vivimos con esos filtros que están en Instagram y que son reales, que andamos así por la vida. Poner de moda la vulnerabilidad para poder ser libres de una vez y ser quienes somos.
-Y ahí hablan de que cada uno tiene una carga que tiene que transformar en sabiduría.
-Sí.
-¿Cuál es tu carga que querés transformar en sabiduría?
-Tuve muchas, muchas, muchísimas, de hecho, bueno, primero te podría decir miles. Desde la infancia hasta ahora. Cada relación amorosa fue una, fue un fracaso que lo transformé en sabiduría porque me dejaron cosas. Podría verlo como algo de resentimiento o como un fracaso, y yo lo veo como un logro, como algo hermoso que pasó por mi vida porque me enseñaron mucho. Yo fui una persona antes de cada de cada amor que pasó por mi vida y una persona mucho mejor después.
Hasta las que me rompieron en mil pedazos, no es que me hice una persona resentida porque me hicieron daño. O sea, qué sé yo, antes de conocer a Dios, por ahí era una cosa y hoy es como decir: "Bueno, pará, me pasó esto. ¿Qué es lo que tuve que aprender?". O sea, una persona viene acá, o sea, digo nadie pasa en tu vida en vano o porque sí.
¿Qué es lo que me trajiste? ¿Por qué me trajiste este tipo? A que me rompa en mil pedazos. Me puso un espejo enfrente. Algo vino a enseñarme. ¿Qué es lo que tuvo? ¿Qué es lo que Andrea tiene que cambiar? Porque por algo lo elegí. Por algo me quedé al lado de esta persona. Hay algo de mí que tengo que soltar y no tiene que existir más para que yo el día de mañana pueda tener un compañero distinto.
Me parece que ahí están los aprendizajes. Lo mismo que con las amistades, lo mismo que con las elecciones, con los trabajos. Cuando uno se agarra de un trabajo que te termina destruyendo. Los egos, a veces que, cuando uno se agarra de alguien, no soltás esa relación hasta que quedás roto. Y ahí también hay un ego donde pensás que sos Superman y que podés cambiar al otro. Hoy ya entiendo que si agarro a alguien lo agarro ya emocionalmente construido, una persona que haya hecho terapia. De acá en adelante va a tener cosas que le pasen, pero que ya tenga algunos asuntintos solucionados. No soy Superman para arreglarle la vida a nadie. Creo que eso. Estamos todo el tiempo aprendiendo cosas. Y desde chica, millones. Por culpar a mis padres de un montón de cosas, me rompí yo. Me di con un látigo y me hice bosta muchísimos más años de los errores que cometieron ellos. O sea, muchas te diría.
-Nombraste a tu familia, nombraste a Dios, nombraste a tus vínculos. ¿Qué rol ocupan cada uno de ellos hoy en tu vida y en todo este proceso de sanación que vos venís transitando?
-Bueno, mi familia ocupa un gran lugar en mi vida. Son como un gran sostén para mí. No más que Dios. Claramente, Dios es todo. Son creo que el amor más grande que tengo hasta que forme mi propia familia. La mía. Hoy no tengo mi familia, digamos, la que suele tener la gente. No sé cómo explicarlo. No tengo mi marido, mis hijos. Entonces hoy es, tipo domingo: "Bueno, voy a ver a mi familia". Son ellos, mi abuela, mis viejos, mis hermanos, mis sobrinos. Me voy de viaje y en seguida estoy pensando: "Ay, pará, les compro".
Pero tengo un gran sueño y yo sigo ahí pensando en que voy a tenerlo. Sí, estoy convencida. Por eso también está bueno trabajar. Creo que hay muchas cosas de mí que no estaban buenas. Y que no era justo también para un compañero tener esa versión de Andrea en algunos aspectos. Creo que hoy tengo una versión de Andrea muy linda gracias a esos compañeros que pasaron por mi vida. Así que así en algunos aspectos no hayan sido buenos, bienvenidos sean. Que hayan pasado, fueron una gran bendición para el hombre y ese amor eterno que voy a tener porque creo que se los va a agradecer. Me sacaron buena.
-¿Lograste perdonarte a vos misma de todas las cosas que fuiste haciendo o pensando? ¿Es un trabajo constante?
-Fue difícil, es difícil. Fue muy doloroso. Creo que fue lo más doloroso que atravesé... fue el perdón hacia mí. Fue perdonarme a mí. Todavía a veces recuerdo cosas y me agarra un dolor en el pecho. Yo creo que sí. Tal vez, no sé si el 100%, pero eso creo que sí. Yo creo que me perdoné, pero fue el trabajo más difícil que tuve hasta el día de hoy. Es el perdón hacia mí misma
-Y junto con ese perdón hacia vos misma, ¿lograste que no te pese tanto la opinión de la sociedad hacia vos?
-Sí. Eso hoy ya no me pesa. Pero bueno, la propia mirada es difícil, pero no me pesa desde el día que descubrí que existe Dios porque esa es la única mirada que me pesa. La única mirada que hoy me pesa es la de Dios. Entonces, cuando sé que hay algo que hago que está mal, ahí es donde digo: "Sí, ya sé". Pero bueno, primero sé que no me hizo perfecta y por algo... si me hubiese querido perfecta, me hubiese hecho perfecta. Me considero una buena persona y capaz también de darme cuenta, y estoy todo el tiempo en constante evolución. Entonces cada vez que hago algo mal, está bueno poder verlo y saber que voy a trabajar sobre eso para que mañana no se vuelva a repetir. Pero la única mirada que me pesa hoy es la de Dios.
-Durante tu tratamiento te diagnosticaron trastorno límite de la personalidad.
-Sí
-¿Sentís que esa condición justamente te condicionó a ciertas cosas que hiciste antes de tener el diagnóstico y que vos no entendías por qué te estaban pasando o por qué reaccionabas de la forma en que lo estabas haciendo?
-Sí, claro. Desde muy chiquita. Desde muy chiquita yo creía que me iba a morir en un psiquiátrico, pero era muy, muy chiquita. Creía que había nacido como en un mundo equivocado. Me veía muy distinta a todo el mundo, sentía que a la gente no le dolían las cosas que... decía: "¿Por qué?". A mí me dolía demasiado el dolor del otro y a la gente como que era muy indiferente a mi dolor y al de hasta, no sé, hasta el de tu propia pareja. Como que a mí me dolía tu dolor y a tu pareja... él era indiferente. Había algo que que yo sentía que estaba mal. Dije: "No, yo nací en el mundo equivocado. En algún momento van a venir, me van a sacar de acá y me van a llevar a donde pertenezco, porque hay algo acá que está mal".
Y después, cuando a mí me cae el diagnóstico, comprendo todo, me empieza a cerrar, pero también empiezo a pensar que hay algunas cosas que me gustaban y que hay algunas cosas de mí que no quería cambiar. Yo no quiero esa frialdad, yo no quiero esa indiferencia. Y no sé si es un diagnóstico, porque yo hoy que también conozco a Dios, yo creo que hay algo de lo espiritual.
Te voy a decir mi teoría. Yo siento que en Dios estamos todos unidos en el Espíritu. O sea, Dios es Espíritu. En la parte espiritual todos nos unimos. Las personas que son más espirituales son las que tienen más empatía. ¿Por qué? Porque a mí lo que me une a vos, es el Espíritu. Entonces cuando a vos hay algo que te duele, somos todos uno en el Espíritu, hay algo que te duele, me duele a mí. Entonces eso es el Espíritu. Y creo que las personas más espirituales sienten más el dolor del otro. No tiene que ver y yo no creo que tenga que ver con un diagnóstico, sino con quién es más espiritual y quiénes menos.
Lo siento con un despertar, con las personas que trabajan más el lado espiritual y quién lo trabaja menos. Yo lo siento con eso. Y yo creo que tiene más que ver con un lado espiritual que otra cosa. Pero bueno, así lo veo yo. Me parece que es empatía.
-Y al principio nombraste la palabra libertad.
-Sí.
-¿Qué significa para vos? Sacando la parte política, eso no. Vamos a hablar de la libertad como concepto.
-Es muy loco porque yo siempre digo que mis hijos se van a llevar Libertad y León y todo el mundo me decía: "Ahora le vas a cambiar el nombre". De ninguna manera. No, se van a llamar Libertad y León. Y para mí, libertad es todo. Y es esto, poder quitarte la mirada ajena de encima, que a mí me pasa cuando yo voy a hablar con las personas que están privadas de su libertad, que no les pregunto ni siquiera por qué están ahí, no me interesa. Lo único que yo sé es que quien sos hoy no te limita a ser una persona distinta mañana. Todo el mundo puede cambiar y ser otra persona. Todos tenemos derecho de cambiar. Lo que a mí no me gusta hoy de mí, mañana con trabajo, se va, con trabajo, con estudio, pidiendo ayuda porque la palabra es esa, pedir ayuda a la persona correcta. Tenemos que saber pedir ayuda, rendirnos ante ese problema.
"Che, no estoy pudiendo con esto". No sé, algo que me quedó de chica. Yo me acuerdo o hablar gritando o si te criaste con alguien que maltrataba y maltratás. "Che, mirá, tengo esto de mi padre, necesito cambiarlo". Se cambia, todo se puede cambiar, todo se transforma, con trabajo todo se puede hacer. No sé que estaba diciendo...
-De la palabra libertad.
-Yo estuve presa de resentimiento, de ira, de enojo, de la mirada ajena y de todas esas cosas me libré para poder ser yo. Entonces ser libre es poder caminar siendo uno mismo, pero uno mismo de verdad. No fingir que soy una misma porque no sé, viene el chico que me gusta y quiero agradarle a él, entonces finjo ser. No, yo soy esta. Si me querés, quereme como soy, porque si no voy a estar presa de la mirada de él toda mi vida para poder mantenerlo. No me interesa, amame como soy. Yo quiero ser amada, pero por lo que soy, ser amada realmente. ¿Qué precio tiene tu amor? ¿Qué precio tiene ser amada? ¿Fingir que soy alguien? No, yo no voy a fingir nunca. Entonces ser libre es poder ser quienes somos realmente, sin ningún tipo de máscara. Ser libre es quitarse el enojo, quitarse el resentimiento, quitarse la ira, quitarse el peso de la mirada ajena, que no me interesa. Yo soy esto. Soy quien quiero ser. Es poder ser realmente, buscar tu verdadera esencia. Pero desde el día uno. No tener una profesión porque papá y mamá querían que lo sea o porque si soy esto voy a ser aceptada. No, ser aceptada por mi. Básicamente.
-Y para ir terminando, me gustaría que le des un consejo a aquellas personas que están pasando por un momento delicado o de salud mental, o quizás de consumo abusivo de algunas sustancias. ¿Qué le dirías a ellos?
-Primero que se rindan ante el problema que tengan. O sea, cada vez que hay un problema, hay que declararse impotente e ir a pedir ayuda. Pedir ayuda. Cuando uno no puede con algo, se pide ayuda. Siempre hay alguien que te va a ayudar y buscar a la persona indicada y el día de mañana vas a ser vos el que esté ayudando a otro. Siempre hay una mano que lava la otra y entre las dos, lavan la cara. Nada, hay que pedir ayuda. Cuando uno no puede con algo, se pide ayuda.