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Inés San Martín: "Francisco hizo mucho más de lo que el mundo sabe"

De paso por Roma con ocasión del funeral del Papa Francisco, la periodista argentina, Inés San Martín, consideró la trascendencia de la persona y del pontificado de Bergoglio.

Inés San Martín vivió de cerca, ocupando diferentes lugares, el pontificado de Francisco. En 2013 fue la directora de prensa internacional de la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en Río de Janeiro, el primero de los megaeventos del Papa argentino. Poco antes de ese viaje, conoció al prestigioso vaticanista John Allen con quien terminó trabajando como co-editora en el periódico Crux durante seis años y medio.

Además, realizó 28 viajes papales y visitó cerca de 40 países, enfocándose en la Iglesia perseguida y la Iglesia misionera. Desde septiembre de 2022, es la vicepresidenta de marketing y comunicaciones de las Obras Misionales Pontificias de Estados Unidos.

-¿Te motivaba antes de Francisco la comunicación de la Iglesia?
-Estudié comunicación soñando con ayudar a la Iglesia a comunicar. Pienso que la Iglesia tiene el mensaje más fantástico, revolucionario y contracultural que pueda existir, y desde mis años de estudiante pensaba que algo para aportar tenía. 

Papa Francisco en Rio 2014. Foto: Archivo.

-¿Cómo evaluás la figura de Francisco como comunicador y la comunicación de la Iglesia durante su pontificado?
-En muchos sentidos fue un comunicador extraordinario. A la vez, se la hizo difícil a su equipo de comunicación porque es muy difícil ser vocero de alguien que no quiere tener un vocero… Fue un hombre extraordinario que siempre supo que la imagen comunica más que la palabra, por eso tomó tantas decisiones particulares como, parar el Fiat para tomar mate con los jóvenes, abrazar a una mujer en silla de ruedas, etc. En ese sentido fue un excelente comunicador. Hablan también las decisiones de dónde hacer los viajes, las decisiones de su pontificado se revelan en su pasaporte…

-Como argentina que vivió el pontificado fuera de Argentina, ¿qué viste del tratamiento que se hizo de su figura en nuestro país?
-Sin generalizar, diría que fue más bien triste. La Argentina tuvo un hombre extraordinario, un líder mundial como pocos, respetado por la izquierda y por la derecha y no lo supimos aprovechar. Lo redujimos a si le sonrió más a uno que a otro, o si le dio un abrazo a uno y un beso a lo Judas a otro, y no nos focalizamos en su mensaje extraordinario de que la Iglesia es para todos, que la Iglesia es misionera. Durante una década su voz reclamando la paz fue la más resonante en todo el planeta y nosotros seguíamos reduciéndolo.

-¿Crees que ahora empezaremos a descubrirlo? 
-Pienso que sí, se ve en lo que pasó en el Senado. Si lo hubiesen respetado como se hizo ahora, pienso que lo hubiésemos tenido en el 2014 en Argentina. Pero desde el día uno se lo redujo a una figura política, y él fundamentalmente era un pastor. 

-De sus documentos, ¿cuál es el que destacarías?
-Evangelii Gaudium, su primer documento que puede considerarse la carta magna de su pontificado. Es un documento clarísimo sobre el rol de la Iglesia en la sociedad y el rol de todos los bautizados. 

Si lo hubiesen respetado como se hizo ahora, pienso que lo hubiésemos tenido en el 2014 en Argentina. Foto: Archivo.

-Con la experiencia que tuviste, de cercanía con realidades muy diversas y lejanas, muchas aquejadas por conflictos, ¿dirías que la voz de Francisco se oyó, que pudo mediar? 
-Pienso que sí, aunque no tanto como le hubiese gustado. No tengo ninguna duda de que falleció con el corazón partido sabiendo que no pudo ayudar a Ucrania, a la paz en Medio Oriente tanto como le hubiese gustado. Pero si uno mira para atrás y se detiene en el 2014, en esa oración por la paz entre Shimon Pérez y Mahmud Abbas en los Jardines Vaticanos, fue un hecho histórico que probablemente detuvo muchísimo la violencia. 

Si pensamos en el viaje a Irak, un viaje valiente de retorno a la tierra de Abraham, un viaje riesgoso para su persona y para la de los que lo acompañaban, pero sabía que tenía que ir a acompañar a una población cristiana víctima de un genocidio y de la que el mundo ya se había olvidado. Fue un recordarle al mundo que aunque se callen las armas, hay que continuar curando heridas. En ese sentido pienso que hizo mucho más de lo que el mundo sabe.