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Para la mayoría de los jóvenes de barrios populares "ya ni vale la pena soñar"

El dato surge de un estudio del Centro de Investigación y Acción Social de los jesuitas y el Centro de Estudios y Diseño de Políticas Públicas FUNDAR.

La movilidad social solía ser una característica fundamental de la Argentina, sin embargo desde hace décadas el panorama se ha vuelto increíblemente distinto, sobre todo para los jóvenes encuestados en el informe "La narrativa rota del ascenso social" del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y el Centro de Estudios y Diseño de Políticas Públicas FUNDAR a cargo de Daniel Hernández y Rodrigo Zarazaga, creen que nunca dejarán de ser pobres. 

El informe reveló que el 40% de los jóvenes entre 16 y 24 años que viven en barrios populares del Gran Buenos Aires y la Capital Federal creen que no tienen futuro y renunciaron a sus aspiraciones. Por otro lado, el otro 40% posee serias dudas de que se les de la posibilidad de ascender en la pirámide social, y el 20% restante estima que sus chances son mínimas.      

En cuanto a la educación, aunque más del 90 % sueña con terminar el secundario y seguir estudiando, más de la mitad no lo logra. El 57 % de los jóvenes entre 19 y 24 años no completó el colegio, y la escuela se percibe más como un obstáculo que como una herramienta: aburrida, vacía por las suspensiones y marcada por la violencia.

Además, de los que logran llegar a la universidad, una mayoría siente que no están preparados, como por ejemplo la joven hija de cartoneros que contó que “iba a clase y no entendía nada”.

Datos del informe del CIAS y FUNDAR.

El protagonismo de la droga

Sin embargo, hay algo que atraviesa toda la vida barrial: la droga. Se refleja en que la mitad de los jóvenes admitió haber consumido y muchos conocen a quienes venden. Algunos incluso aseguran que los narcos les ofrecen pagarles “con plata o con droga”. El consumo empieza cada vez más temprano: a los 13, a los 10, incluso a los 9.

En ese entorno, los padres encierran a sus hijos para protegerlos, y son las iglesias o los centros comunitarios los que ofrecen algo de contención y perspectiva.

El trabajo ya no es la salida 

El trabajo formal perdió su promesa de ascenso social, ya que hay un reconocimiento de que los empleos estables y en blanco son cada vez más escasos. El 76 % empezó a trabajar de niños para ayudar en casa, y muchos ven en la economía informal, el cuentapropismo o incluso en redes sociales y lo artístico, un camino alternativo. Pero nadie cree que eso les garantice estabilidad.

La mayoría de los jóvenes de barrios populares creen que nunca dejarán de ser pobres.

Una generación que ya no cree

Lo más grave, de acuerdo con el informe, no es que falte trabajo o que la educación esté en crisis. Lo más grave es que, para muchos chicos, ya ni siquiera vale la pena soñar. Hablan de “golpes de suerte” o de “algo mágico” como única posibilidad de cambiar su destino. Porque cuando todo depende de un milagro, ya no hay política pública que alcance. 

En última instancia, el informe habla de "una narrativa rota del ascenso social" debido a que los caminos considerados como "clásicos", es decir el estudiar y luego trabajar, que supuestamente llevarán al progreso, ya no convencen.