Por qué el papa Francisco no quiso vivir en el Palacio Apostólico del Vaticano
Jorge Bergoglio, nombrado papa Francisco en año 2013, se negó el día de su asunción a vivir en el Palacio Apostólico del Vaticano, donde se habían hospedado los previos pontífices. En cambio, prefirió convertir una de las habitaciones de la Casa de Santa Marta en su nuevo hogar.
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El arzobispo alemán Mons. Georg Gänswein, secretario del papa Benedicto XVI, contó algunos detalles sobre Francisco en su libro de memorias: "Nada más que la verdad". Esta publicación causó varias controversias al momento de su lanzamiento, por diversas razones. Allí, Gänswein narra la historia del día en que acompañó al Papa a conocer el Palacio mientras este se alojaba aún en Santa Marta, el 15 de marzo del 2013.
La historia detrás del hecho
Relata el autor en su libro: "Le mostré cómo estaban las habitaciones. También le dije que no tendría problemas para mudarse de la Casa Santa Marta, ya que todo estaba en orden y bastaba con una limpieza normal del local", a lo cual Francisco no le contestó nada, indicándole que lo pensaría. Más adelante, el arzobispo cuenta que esa tarde Francisco invitó al Superior General de los jesuitas de aquel momento, y le escribió: "Venid a Santa Marta, que mañana me tengo que trasladar al Palacio Apostólico y aquí tengo más libertad".
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Unas semanas después, Gänswein le volvió a preguntar a Francisco por la mudanza y él le contestó que no estaba "acostumbrado a vivir en espacios tan grades" y por ello decidió quedarse eternamente en Santa Marta, un espacio más pequeño pero aún así dentro del Vaticano. Además, en Santa Marta convivía con otros obispos, cardenales y demás miembros de la Iglesia que se hospedaban allí durante su paso por Roma.
Debido a que el Papa eligió no mudarse al Palacio, dejó de existir la típica imagen que veían aquellos que se acercaban a la Basílica Vaticana, de la ventana con la luz encendida indicando que allí se encontraba el Santo Padre. De hecho, esa imagen fue muy representativa en el momento de la muerte de Juan Pablo II, con la luz de su ventana siendo la única encendida en todo el Vaticano. De este modo, Francisco logró destacarse una vez más entre los papas del último siglo, aunque algunos lo criticaron por esta decisión y otros lo alabaron.