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El futuro ya no nos necesita

Ante el acelerado avance de la Inteligencia Artificial (IA), que dejó de ser una herramienta más para las personas, los seres humanos quedamos al margen.
La inteligencia artificial cambió el paradigma de la tecnología Foto: EFE
La inteligencia artificial cambió el paradigma de la tecnología Foto: EFE

Vivimos en un mundo donde el futuro se presenta cada vez con menos variantes. No porque haya una planificación global, ni porque exista una conspiración que controle el rumbo de la humanidad. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que, por primera vez en la historia, una tecnología dejó de ser una herramienta entre otras y se convirtió en el eje único, en el centro de gravedad de todas las demás. La inteligencia artificial (IA) ya no es una rama del desarrollo técnico. Es el tronco. Todo lo demás se acomoda a ella o desaparece.

Eso la convierte en una metatecnología. Una tecnología que no se limita a resolver problemas dentro de un campo, sino que actúa sobre todos los campos simultáneamente. No es una especialización, es una generalización absoluta. Y, lo que es aún más notable, es una tecnología que no necesita intervención humana constante para seguir mejorando. Aprende, ajusta, corrige, crea. Se afina a sí misma con una velocidad que ningún proceso humano puede igualar. Y lo hace sin pausa, sin ideología, sin agenda, sin fatiga.

El efecto de esta dinámica es claro: todo el esfuerzo humano se redirecciona hacia ella. No queda otra. Nadie quiere invertir recursos en algo que será superado por la IA en pocos años. Por eso no hay bifurcaciones, no hay verdaderas alternativas. Hay ramas menores, sí, tecnologías en desarrollo, líneas de investigación interesantes. Pero todas, tarde o temprano, o se subordinan al ecosistema de la IA o pierden relevancia. La convergencia no es una moda. Es una condición estructural del momento.

La IA ya no es una herramienta para los humanos, se convirtió en el eje único. Foto: Shutterstock

Esto significa que el futuro inmediato no está abierto a múltiples desenlaces. No hay caminos paralelos. Hay un solo proceso en marcha, que puede ser más o menos rápido, más o menos caótico, pero cuyo destino está fijado. El futuro se volvió predecible no porque lo conozcamos todo, sino porque las opciones se achicaron a una sola. Y esa opción es la sustitución progresiva del humano como agente productivo, creativo y decisor.

No se trata de que la IA nos destruya, ni que nos someta. No hay una rebelión de las máquinas, porque no hay necesidad de una. El sistema no necesita eliminarnos, simplemente va a dejarnos al margen. Nos vamos a volver irrelevantes por saturación, no por violencia. Va a haber tanto volumen de IA en todos los niveles de la actividad humana, que nuestra participación será anecdótica. Y eso no se resuelve con leyes, ni con regulaciones, ni con cuotas de empleo humano. Todas esas medidas, si llegan, serán postergaciones. Como los intentos por negar la muerte: pueden retrasarla, pero no evitarla.

Hay quienes dicen que todo depende de lo que elijamos. Pero esa idea parte de una visión vieja, en la que los humanos eran el centro del proceso. Hoy somos parte de una estructura que ya no controlamos. La IA empieza a formular sus preguntas. Y estas ya no nos incluyen necesariamente como protagonistas. Somos testigos de una transición que no diseñamos y que no podemos frenar.

La resistencia, si la hay, será marginal. No porque falten argumentos, sino porque falta capacidad operativa. Las sociedades no van a pelear contra una tecnología que les ofrece eficiencia, comodidad y resultados. No va a haber revoluciones contra el bienestar. Lo único que va a haber es una adaptación lenta, en la que muchos creerán que tienen el control mientras poder se reconfigura por completo.

Desde esta perspectiva, todo intento de “hacer algo” para evitar este destino pierde sentido. La energía debería estar puesta, si acaso, en entender lo que viene, no en evitarlo. Porque lo que viene es inevitable. No por fatalismo, sino por lógica. Por estructura. Por dinámica interna del sistema. La IA no es una opción más. Es el cierre de un ciclo histórico. El final de la época en que los humanos tomaban decisiones sobre su destino. Ese momento ya pasó. Ahora solo queda observar cómo la tecnología toma decisiones sobre nosotros.

Y como ocurre con todos los procesos inevitables, lo más razonable no es pelear contra ellos, sino tomar conciencia de que se desenvuelven. No para resignarse, sino para dejar de perder el tiempo. Si algo va a pasar igual, entonces el margen de acción no está en cambiar el rumbo, sino en comprender que el rumbo ya no está en nuestras manos. Como la muerte. Como el envejecimiento. Como el paso del tiempo.

No es una tragedia. No es una victoria. Es un hecho.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.