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La increíble playa nudista que funcionaba en pleno centro de Mendoza

Hace 200 años Mendoza tenía matices que sorprenden. Una playa nudista en el centro; la alameda y un gobernador particular.
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Entre julio de 1825 y febrero de 1826 un ingeniero y militar inglés, Francis Bond Head, oriundo de Hermitage, recorrió gran parte de la Patagonia argentina y cruzó la cordillera de Los Andes en varias oportunidades.  Fue un viajero curioso, y si bien no era puntualmente un escritor, plasmó en un cuaderno de viajes sus vivencias por estas tierras sudamericanas. En realidad, su vertiginoso traqueteo (de aquí, para allá, radicándose durante un tiempo en Mendoza) perseguía un móvil mercantil y económico. Francis Bond Head era agente de una compañía británica que estaba buscando la alternativa de explotar yacimientos mineros en Argentina. La empresa comercial fracasó rotundamente; las malas lenguas dicen que fue estafado. Lo cierto, que no habiendo mal que por bien no venga, Head tuvo una recompensa inesperada. Sus notas de viaje fueron publicadas en Londres.

Su libro: “Rough Notes Taken during some Rapid Journeys across the Pampas and among the Andes” (1826), alcanzó una repercusión extraordinaria, teniendo la ciudad de Mendoza todo un capítulo completo dedicado a sus bondades y características. Traducido posteriormente a nuestro idioma como “Apuntes tomados durante algunos viajes rápidos por las Pampa y entre Los Andes”, logró convertirse en “best seller” de las librerías británicas y una excelente forma de promoción mendocina.

Mendoza en 1825

La Mendoza de 1825 estaba saliendo de una crisis política brutal y recuperándose financieramente tras haber padecido una enorme inflación. Tan solo rescataremos que durante el año anterior (1824) se sucedieron en el gobierno mendocino: Pedro Molina; Juan Agustín Maza; momentáneamente un triunvirato que duró una semana; nuevamente Pedro Molina; José Albino Gutiérrez (uno de los personajes más acaudalados de Mendoza, quien se sostuvo solamente cuatro días como gobernador), Juan Lavalle (menos de un mes) y Juan de Dios Correas. Recién con la llegada de éste último gobernador, “la cosa empezó a sosegarse”.

En realidad, todo este tránsito de gobernadores se produjo en seis meses. Correas llegará al gobierno mendocino el 4 de julio de 1825 y se mantendrá hasta el 8 de noviembre de 1826. Será en este tiempo donde coincida la visita del británico Head.

“Las pampas y los Andes"

¿Cómo nos veía este viajero? Resultará muy interesante la mirada extranjera. En tanto la descripción de Head repaará en su obra sobre una nota típica en nuestro acervo: la siesta.

“La gente, sin embargo, es indolente en extremo. Poco después de las once los tenderos se preparan a dormir la siesta; empiezan a bostezar un poco, y lentamente, vuelven a su sitio los artículos que por la mañana han desplegado en los mostradores.  A las doce menos cuarto cierran las tiendas a veces hasta las seis de la tarde. Durante este tiempo, generalmente solía pasear por la ciudad para hacer observaciones. Era realmente singular pararse en una esquina y encontrar todos los rumbos en soledad completa en medio de una capital de provincia. El ruido producido al caminar era semejante al eco que se oye cuando uno se pasea solo por la nave de una catedral, y la escena parecía de las desiertas calles de Pompeya. Al pasar por algunas casas siempre oía ronquidos y pasada la siesta, con frecuencia me divertía mucho viendo el despertar de la gente. Vi cierto día un viejo profundamente dormido y dichoso. Su anciana esposa estaba despierta y sentada en cómodo deshabillé, rascándose, mientras su hija, lindísima criatura de diez y siete años, estaba también, pero acostada besando un gato”. (“Las Pampas y Los Andes”. Página 60).

El gobernador Correas

Juan de Dios Correas Corvalán (1775 - 1842), era hijo de un histórico funcionario del cabildo mendocino, Pedro Nolasco Correas, y de la aristocrática Magdalena Corvalán y Chirinos. Estudió en Chile como todos los jóvenes pertenecientes a los sectores pudientes de Mendoza y fue un comprometido patriota al encabezar la rebelión que defendió a San Martín en 1815, impidiendo que Gregorio Perdriel asumiera la gobernación de Cuyo.

Correas estaba casado con María Eduarda Espínola Lemus y de dicho matrimonio nacieron trece hijos. Cuando Head lo conoció a Correas, el gobernador tenía 49 años, y así lo definió, deteniéndose en una nota de color: “Los habitantes son de aspecto muy tranquilo y respetable. El anciano gobernador tiene maneras y aspecto de caballero; y varias hijas muy lindas (…) Las mujeres solamente se ven de día sentada en la ventana en deshabillé, pero a la tarde van a la Alameda vestidas de muy buen gusto en traje de gala, completamente al estilo de Londres o París”. Aclaremos que, de los 13 hijos de Correas, diez fueron mujeres. Hoy, jugando con el tiempo presente, anhelaríamos que alguien debería haber hecho una advertencia a Francis Head. Le dijo anciano al gobernador de solo 49 años (qué le diría entonces al susodicho que escribe esta nota) y sobre todo “cuidado, si no quieres tener problemas, estimado viajero”, Dolores (la hija mayor de Correas) era la esposa de Juan Lavalle, y con ese no se jodía.

La alameda

“Mendoza es ciudad pequeña y aseada. Todas las calles son trazadas en ángulo recto; hay una plaza cuadrada en uno de cuyos lados se levanta un gran templo, y varias otras Iglesias, y conventos esparcidos por la ciudad”. (está describiendo la actual Plaza del Castillo y su entorno).

“Por la tarde la escena empezaba a revivir. Se abrían las tiendas; numerosas cargas de pasto se ven transitar por las calles (…) y gauchos a caballo vendiendo fruta, y se ve a veces un mendigo, sombrero en mano, cantando un salmo melancólico. Tan pronto como el sol se pone, la Alameda se llena de gente, y el aspecto es muy singular e interesante. Los hombres se sientan en mesas fumando o tomando nieve (helados). Las damas se sientan en bancos de adobe a ambos lados del paseo”.

La vanguardista playa nudista  

Parecerá mentira. Pero hubo algo que al viajero lo dejó boquiabierto. Textual: “Difícilmente se dará crédito a que, mientras la Alameda mendocina está llena de gente, mujeres de todas las edades, sin ropas de ninguna clase o especie, se bañaban en gran número en el arroyo que literalmente limita al paseo. Shakespeare nos dice que ‘la más cautelosa doncella es bastante pródiga si descubre sus encantos a la luna’, pero las damas de Mendoza, no contentas con esto, se los muestran al sol; y tardes y mañanas, realmente se bañan sin traje alguno en el río Mendoza, cuya agua rara vez llega arriba de las rodillas, hombres y mujeres juntos; por cierto, de todas las escenas que he presenciado en mi vida, nunca vi otra tan indescriptible”. Sorprendente; la supuesta pacata Mendoza, se manifestaba ante los ojos europeos como una vanguardista meca del nudismo universal.

Francis Bond Head y las tardes mendocinas

Francis Bond Head.

“Las locas tardes que estuve en Mendoza siempre iba como extranjero a la Alameda para tomar nieves, que, después del calor diurno, eran deliciosas y refrescantes; y cuando llevaba a la boca cucharada tras cucharada, mirando arriba el contorno obscuro de la cordillera y escuchando el trueno que a veces podía oír, repercutiendo en el fondo de las quebradas, y otras resonando en las cumbres de las montañas, solía siempre reconocer que, si se pudiese hacer nada más que una vida indolente, no hay sitio en la tierra donde el hombre pudiera ser más independiente que en Mendoza, pues dormiría el día entero y tomaría nieve por la tarde, hasta que se le agotase al reloj de arena”. (Francisco Bond Head. “Las Pampas y los Ándes. Notas de viaje 1825-1826”. Buenos Aires. Ed. Vaccaro. 1920. Traducción de Carlos Aldao. Pág. 60 a 62). Excelente piropo viniendo de un hombre de mundo. Los agentes turísticos mendocinos de aquellos tiempos, muy agradecidos.