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Piratas, oportunistas y la increíble historia de la fundación de Mendoza

Mendoza tiene una ubicación estratégica y su fundación tiene una historia atrapante.

LA ESTRATÉGICA CIUDAD DE MENDOZA: Sin consolidar todavía la conquista del Virreinato del Perú, “el Sur” se ofrecía muy tentador para los españoles. Chile resultó un punto extraordinario como base para el avance de los conquistadores y así, desde ahí, poder completar el dominio sudamericano. En un breve lapso de tiempo, Mendoza se convertirá en un punto trascendente para la política colonial española - chilena. La explotación de minas de plata en Uspallata, el servicio de indios huarpes como mano de obra esclava para la oligarquía radicada en Santiago de Chile y un privilegiado lugar intermedio en el tránsito del Atlántico al Pacífico, hicieron que a pocos años de la fundación mendocina la relación entre Cuyo y Chile fuera sumamente fluida e importante.

EL TEMIBLE PIRATA DRAKE: Lo que dará una relevancia internacional a Cuyo fue la posición estratégica para la defensa continental ante el posible avance de británicos (con el corsario Drake a la cabeza) por “el Mar del Sur” (el océano Pacifico) y el recientemente descubierto estrecho de Magallanes, aunque también la amenaza de holandeses y portugueses era latente.

LOS INDIOS REBELDES: Las rebeliones mapuches, cuncos, huilliches, pehuenches y picunches también generaban un constante peligro, pues el conflicto nativo debilitaba notoriamente la fuerza imperial y esto seguramente sería aprovechado oportunamente por los adversarios europeos.

EL CORREGIMIENTO DE CUYO: Por aquellos tiempos la región mendocina formaba parte de la extensa unidad política y administrativa española del Virreinato del Perú como integrante del “Reyno de Chile”. Mendoza, junto a San Juan y San Luis componían el “Corregimiento de Cuyo”, una de las once “provincias” chilenas de la Capitanía General de Chile.

POR OBRA Y GRACIA DE LA CASUALIDAD: Así fue como desde Chile comenzó la colonización cuyana, aunque en el primer momento la conquista se debió más a hechos accidentales que a una planificación premeditada. Ya en 1551, el entonces gobernador de Chile, Pedro de Valdivia, designó al mariscal Francisco de Villagra para cumplir una misión diplomática en el Alto Perú. Debía conseguir fondos, armas y hombres para continuar la conquista territorial y vencer la rebeldía de los nativos mapuches. Regresando a la capital chilena, Villagra decidió no retornar por el camino de la costa, emprendiendo el viaje de vuelta por el camino trazado al costado “este” de la cordillera (por el “lado de adentro” – actual costado argentino), llegando en su derrotero al suelo mendocino por “la ruta del Tucumán”. Las constantes nevadas anuales, retrasaron el regreso a Santiago por el paso cordillerano, debiendo quedar varado varios meses en la tierra de los huarpes. Y así, circunstancialmente, la permanencia precipitará dos notas cruciales para el inmediato futuro cuyano: a) En su estadía, desde abril de 1551 hasta la nueva temporada estival, Villagra conoció las bondades de la región, la capacidad laboriosa de sus nativos (diametralmente opuesta a la belicosidad mapuche) y todos sus adelantos técnicos en relación al regadío. Cuatro prehispánicas grandes acequias huarpes en la zona de futura ciudad, así lo atestiguaban: Allayme, Tabalque, Tantayquen y Guaimaien.

EL DESCUBRIMIENTO DE PUENTE DEL INCA: La otra circunstancia favorable de aquella visita, fue cuando Villagra maravillado con el encuentro, decidió mandar un emisario a Chile con la noticia de las bondades del lugar. En el regreso de esa misión, comandada por Diego de Maldonado junto a ocho soldados, descubrieron el histórico “camino del Inca” a la altura de Uspallata, pero la sorpresa fue mayor cuando 70 kilómetros más arriba encontraron el “puente del Inca”. Dicho paso natural utilizado por los Incas se convertirá en un hecho extraordinario para la posterior vinculación de Mendoza con el Pacífico a través de la cordillera de Los Andes.

NUEVOS INTENTOS FUNDACIONALES: Antes de la definitiva fundación hubo tres nuevos intentos españoles por tomar posesión definitiva del valle mendocino. a) Francisco de Ribero será encomendado en 1552 para avanzar sobre Mendoza, pero el fallecimiento del gobernador Valdivia, asesinado por los mapuches conducidos por el cacique Lautaro, truncaron el avance. b) Francisco de Aguirre, un año después de Ribero, programó una expedición que nunca partirá por las continuas pujas entre los sectores políticos españoles en Chile. c) Gonzalo de los Ríos, intentó otra expedición, pero abortó por falta de fondos cuando tenía hasta definida la fecha de partida.

LA CORRIENTE DEL OESTE: La conquista del territorio mendocino estará enmarcada en “la corriente colonizadora del oeste”. Se concretará definitivamente en 1561 cuando el nuevo gobernador chileno, García Hurtado de Mendoza (reemplazante del asesinado Valdivia), ordenó a Pedro Ruiz del Castillo, como Teniente Gobernador y Capitán General, “poblar, fundar, repartir tierras y encomendar indios en las provincias de Cuyo”.

LA OFICIAL “CIUDAD DE MENDOZA DEL NUEVO VALLE DE LA RIOJA”: Ese será el nombre que estableció Castillo a la ciudad fundada el 2 de marzo de 1561. Todos los pasos formales seguidos valieron para que cuando al año siguiente (1562) se efectúe la segunda fundación de Mendoza por Juan Jufré, llamándola “Ciudad de la Resurrección”, no fuera considerada “oficial” por la corona.

Los pasos formales cumplidos por Castillo fueron: a) tomar posición clavando el estandarte real y determinar que todas las tierras conquistadas pertenecían al rey Felipe II. b) comunicarles a los caciques e indios que pasaban a ser súbditos de Castilla para siempre. c) denominar la ciudad como Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja (“Mendoza” por el gobernador de Chile, Hurtado de Mendoza, y La Rioja por el lugar de origen de Castillo). d) enterrar la cruz cristiana. e) plantar un tronco de árbol como símbolo de poder real. d) tomar juramento a los presentes por parte de un sacerdote. f) nombrar los integrantes del primer Cabildo para confirmar a Castillo como gobernador. g) firmar las actas, y lo más importantes: empezar la distribución de tierras para recibir la posesión definitiva por medio de una “Merced Real”.

El área fundacional de Mendoza, en la plaza Pedro del Castillo. 

LA HISTÓRICA ÁREA FUNDACIONAL: La ciudad de ese entonces se ubicó tras “el pucara” del cacique Caucabanete. Precisamente en la residencia de ese cacique local (una especie de intendente) fue donde se habría alojado Castillo previo a la fundación de la ciudad. Este acontecimiento tuvo lugar gracias a que el propio “gran cacique” huarpe, Felipe Esteme (una especie de gobernador) cedió un sitio para fundar la Ciudad de Mendoza en Huantota (“el valle de los guanacos”).

Pedro del Castillo también había acordado con otro cacique: Goaymaye, quien junto a sus indios y familias poblaban gran parte de los actuales distritos del departamento de Guaymallén: Pedro Molina y Dorrego, más una parte de la tradicional IV Sección de la Ciudad.

El sitio puntual de la fundación fue el área conocida como “La Media Luna”, al costado este del canal “Goazap – Mayu” (“el canal del cacique Goazap”, vigente canal Guaymallén). Fue entonces, en ese preciso lugar, donde el curso del canal hace un recodo (“una media luna”), también conocida posteriormente la zona como la “bajada de Arroyabes” (por José María Arroyabes, propietario español de esas parcelas siglos después) donde nacerá la nueva ciudad.

La zona fundacional de la ciudad ocupaba un radio de cinco manzanas y comprendía un pequeño fuerte, mientras que a su alrededor se instarán las tolderías de los primeros colonos. Ramas, maderas, mantas y algunos cueros servirán de materiales para la construcción de las primeras viviendas. Una empalizada rodeará el área demarcando el primer sitio ocupado. En el centro de lo descripto había una plaza: la actual “Plaza Pedro del Castillo”, resplandeciente corazón político y cultural de la histórica y ascendente Ciudad de Mendoza desde hace 464 años.  En aquel primer plano original del diagrama de la primera ciudad ya ocupaban un lugar preponderante, el espacio para la construcción de una iglesia, una parcela para la futura escuela y un amplio paño donde sembrarían las primeras viñas. Así nació Mendoza. Una plaza, una escuela, una iglesia y una viña.