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Un pacto, un nacimiento y un bautismo: la historia menos contada de San Martín

En una reunión clave con los pehuenches en San Carlos, el general mostró su lado más humano.

José de San Martín es recordado por sus campañas militares y su papel crucial en la independencia de Argentina, Chile y Perú. Su nombre está ligado a grandes batallas y estrategias que marcaron la historia, pero más allá de su rol como Libertador, San Martín fue un hombre con principios firmes y un profundo sentido de la justicia. A través de relatos antiguos y documentos recopilados, es posible conocer aspectos menos explorados de su vida, aquellos que lo muestran desde una perspectiva más humana y cercana.

Entre 1814 y 1817, San Martín vivió en la provincia de Mendoza, donde preparó la que sería una de las campañas más importantes de la historia americana: el Cruce de los Andes. Su estancia en la provincia dejó anecdotas que muestran el lado menos conocido del "Padre de la Patria".

Uno de los episodios menos conocidos de su estadía ocurrió en el Valle de Uco, cuando San Martín organizó un Parlamento con los pehuenches en el Fuerte San Carlos. Buscaba obtener su neutralidad para evitar que informaran a los realistas sobre los movimientos del Ejército de los Andes. En este encuentro, además de consolidar su plan militar, el Libertador fue testigo de un hecho que lo marcaría profundamente.

La gesta de San Martín comenzó el 17 de enero de 1817, cuando el general José de San Martín inició el Cruce de los Andes. Autor: Fidel Roig Matóns.

Durante aquellos días, una mujer pehuenche dio a luz en condiciones de extrema pobreza. Siguiendo la tradición de su pueblo, la madre llevó al recién nacido al arroyo Yaucha, de aguas heladas, para realizar el ritual de purificación. La escena impresionó a San Martín, quien decidió intervenir de una manera simbólica pero significativa. “A los dos días de la llegada de los indios parió una de las mujeres, y enseguida fue inmediatamente al río acompañada de dos mujeres de su misma tribu, se metió en el agua con el recién nacido y permaneció bastante tiempo, a los pocos días después partió con todos los demás para su tierra, completamente restablecida”, cuenta el libro de Piatelli.

“Es una historia que me emociona, porque nos muestra un San Martín más cercano, preocupado por los aborígenes, a quienes considera sus hermanos”, señala el historiador Alberto Piatelli. “Cualquiera de la zona sabe que es difícil tolerar las bajas temperaturas que presentan estas aguas de deshielo en el mes de setiembre. El ritual debió conmover al General”, agregó. 

Antes de partir del fuerte, Fray Francisco de Inalicán, quien acompañaba la expedición libertadora, bautizó al pequeño en la habitación del General. San Martín, conmovido por la situación del niño y su madre, asumió el rol de padrino, en un gesto que reflejó su profundo respeto y sensibilidad hacia los pueblos originarios.

Este episodio, preservado en la memoria popular y documentado años más tarde, permite ver una faceta diferente de San Martín. Su legado no solo se forjó en el campo de batalla, sino también en sus acciones cotidianas, en su cercanía con la gente y en su compromiso con los más vulnerables.