Cuando la tela elige a su diseñadora: Dalila Tahan y los vestidos de las reinas
Con una trayectoria consolidada en la Fiesta Nacional de la Vendimia, la diseñadora Dalila Tahan vuelve a ser protagonista en la edición 2025. Seleccionada mediante licitación pública, Tahan tendrá a su cargo la creación de los vestuarios para las 18 reinas departamentales en el Acto Central, así como los trajes para la reina y virreina en el traspaso de mando. A propósito de ellas, adelantó que forjaron una hermosa relación y decidieron usar el mismo vestido con variación sólo en el color.
Aunque prefiere mantener los detalles en reserva, sus diseños fusionarán tradición y creatividad, representando a las "guardianas" de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Su trabajo promete realzar la elegancia y el brillo de las soberanas en uno de los eventos más emblemáticos de la provincia, que este año se llevará a cabo el 8 de marzo en el teatro griego Frank Romero Day.
Para Dalila Tahan, participar en la Vendimia no es un proyecto comercial, sino un acto de pasión y compromiso. "Yo siempre persigo la excelencia. No es algo comercial para mí participar en Vendimia, lo hago para estar, para ser parte, para mi corazón, para darle trabajo a mis chicas", expresa haciendo referencia a su equipo de cuatro personas, incluida una ayudante.
La conexión de Dalila con la Vendimia es profunda y familiar. Desde pequeña, participó en la fiesta junto a sus primas y tías, "correteando carros para que nos regalen una fruta". Esta tradición, que comparte con cientos de familias mendocinas, la ha acompañado a lo largo de su carrera. Desde 2001, ha estado presente con sus vestidos en casi todas las ediciones de la Vendimia, excepto en tres ocasiones.
Inspiración y proceso creativo
En noviembre se conoció que la propuesta de Franco Agüero se consagró como la elegida para ser representada en el Frank Romero Day este 8 y 9 de marzo. En ese momento "Guardiana del vino eterno" se instaló en los pensamientos de Dalila. "Guardianas me sonó al cielo, me sonó a ángel guardián, a un emblema en el aire, a algo que no se ve", recuerda. Con esa idea en la cabeza, Dalila vio un jersey de glitter acristalado que describió como "más brillante que el agua de tu botella", en referencia a mi compañera de hidratación en esta previa vendimial por demás calurosa. No dudó en avanzar con la adquisición.
"Encontré la tela, o la tela me encontró a mí", afirma la diseñadora. Es que la vió y compró todo el rollo lo que describió en términos económicos como "una fortuna". Aproximadamente, sale $38.000 el metro, más los materiales de las guardas bordadas que llevan los vestidos. Dalila Tahan no escatima en gastos. "Yo puedo andar con una remera agujereada, pero en una tela me gasto lo que tengo. Me encanta", asegura vestida con una remera de los Rolling Stones, short y zapatillas deportivas.
La diseñadora destaca que, aunque busca innovar, es fundamental respetar las costumbres. "El vestido tiene que ver con la tradición, es emblemáticamente correcto para ese momento", explica. Sin embargo, también considera importante adaptarse a la diversidad de los cuerpos. Dalila habla de un lindo concepto, el de "cuerpos contentos" y sonríe cuando menciona las caras de las chicas cuando les prueba las prendas. "Yo quiero que estén felices, ¿para qué me voy a hacer la loca poniendo una espalda al desnudo o con un escote que no sabe cómo contenerse o con un súper corset apretado que no va a permitir respirar? Eso yo no lo hago, no la tengo", dice.
Un compromiso que va más allá de lo económico
El trabajo en la Fiesta Nacional de la Vendimia no sería posible sin una profunda pasión por la costura. Dalila Tahan reconoce que, si no fuera por ese amor, no se involucraría en un proyecto de tal magnitud. "Si hay algo que no volvería a hacer, es especular con los costos de los vestidos que el Gobierno puede pagar", confiesa. En esta ocasión, el presupuesto asignado fue de $5 millones, pero el costo real de cada vestido superó ampliamente esa cifra. "Vale por lo menos tres veces más cada uno de los vestidos que van a usar", revela.

Para ella, el objetivo es deslumbrar. "Es como si yo se los hubiese hecho para 18 sobrinas. Al Gobierno no le interesa que la niña vaya linda, pero la tradición de que haya una reina en un carro hace que tenga que llevar un vestido a la altura", afirmó.
Amor por Mendoza y su oficio
Dalila se muestra como una persona pasional por lo que hace, transmite un amor profundo por Mendoza, sus calles, sus cerros. Asegura que no hay rincón que no conozca. No vive en Mendoza, ella vive Mendoza. Incluso cuando viaja, detalla que vuelve con valijas y bolsas llenas de telas cortadas porque "me gusta mi oficio", cuenta.

En medio de una conversación sobre su amor por la provincia, que cataloga como "el cáliz de la Argentina", no duda en enviar un audio al intendente de la Ciudad, Ulpiano Suárez, para pedir que la calle Arístides sea peatonal los fines de semana. "Tenemos plazas increíbles, no hay que esperar una vez al año para disfrutarlas", expresa e imagina fondas donde se toquen tonadas, se reúnan familias y las plazas se llenen de tradición mendocina.
Raíces y legado familiar
La pasión por las telas y la costura tiene raíces profundas. "Primero fue la necesidad de trabajar para vivir", asegura Dalila Tahan, como es la realidad de muchos mendocinos y mendocinas que trabajan desde muy temprana edad. "Me pagaba el abono, la ropa, las zapatillas, el uniforme del colegio", recuerda. Su abuela fue jefa de sastres en El Cóndor, una sastrería prestigiosa en Mendoza, y su abuela paterna -María- se dedicaba a hacer sábanas. "Aprendí haciendo los rueditos de las sábanas", comparte con nostalgia.

En una charla amena con café, torta, mucho glitter en el aire que brilla a simple vista por el sol y las lámparas, tela en los rincones, tijeras y alfileteros de colores en las mesas, paredes repletas de vestidos colgando, Dalila Tahan y su equipo de costureras muestran la autenticidad y dedicación resaltando que la prioridad en su trabajo siempre es la excelencia y el amor por el oficio.


