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Quién es Rosa Vásquez Espinoza, la bióloga elegida entre las 100 mujeres más influyentes del mundo

La científica peruana promueve la fusión entre los saberes ancestrales y la tecnología moderna para preservar la Amazonía. En diálogo con MDZ, contó en quién se inspiró y los detalles de su trabajo.

Desde niña, entendió que las plantas podían curar sus dolencias y enfermedades. Desde niña, escuchaba a su abuela, una curandera que sabía todos los secretos de la medicina ancestral y que tenía su propia “farmacia natural” en el jardín de su casa. Desde niña, comprendió que “la naturaleza cura” y que los conocimientos de las comunidades de la Amazonia peruana podían cambiar la forma en la que vemos al mundo. Desde niña, Rosa Vásquez Espinoza sintió el impulso y el deseo de estudiar ciencia para poder fusionar los saberes ancestrales que le había compartido su abuela, con la tecnología moderna, dándoles una validez científica y, así, difundirlos a la sociedad en general.

Decidida a proponer un cambio de paradigma, dándoles lugar a las comunidades originarias de la Amazonia en la ciencia, Rosa Vásquez se atrevió a hacer todo lo posible para estudiar biología. Sin embargo, en su país, la República del Perú, no existía la carrera universitaria con la que soñaba, por lo que buscó becas y posibilidades para concretar esos estudios en el exterior. Y así lo hizo. Consiguió una beca y estudió en los Estados Unidos, donde se recibió como bióloga química y molecular.

Desde entonces, no paró de crecer y de aprender. Comenzó a presentar proyectos y llegó a fundar el Amazon Research International, una organización sin fines de lucro “dedicada a la conservación de la biodiversidad, los ecosistemas y el conocimiento indígena amazónicos”. “Al unir la ciencia moderna con la sabiduría tradicional, creamos soluciones de conservación innovadoras que honran el patrimonio biocultural”, reza la página oficial.

A los 18, Rosa viajó a Estados Unidos para estudiar biología y química en Tennessee Technological University, pero con el deseo de llevar el conocimiento adquirido de regreso a su país. Foto: Gentileza Ana Elisa Sotelo / National Geographic

En los últimos años, la científica fue reconocida por National Geographic como “Exploradora”, una etiqueta que reciben las “personas excepcionales en sus campos que reciben financiación y apoyo de la Sociedad para iluminar y proteger nuestro mundo a través de su trabajo en ciencia, exploración, educación y narración”. Y, como si fuera poco, en diciembre de 2024 fue elegida entre las 100 mujeres más influyentes del mundo, según la BBC.

“Espinoza viaja a menudo a ecosistemas remotos del planeta, y entre sus logros destaca haber descubierto nuevas bacterias en el legendario río Hirviente del Amazonas y haber dirigido el primer análisis químico de abejas sin aguijón y miel medicinal en Perú. También es embajadora internacional del pueblo ashaninka, uno de los grupos indígenas más grandes de Sudamérica”, se lee en la reseña que periodistas de la BBC escribieron sobre Vásquez Espinoza al considerarla una de las mujeres más influyentes del mundo en 2024.

Inspirados por su historia, desde MDZ nos contactamos con la autora del libro “The Spirit of The Rainforest” (El espíritu de la selva tropical), para conocer más sobre su trabajo en una entrevista exclusiva.  

Mirá el video de Rosa Vásquez Espinoza

- ¿Qué es lo que te inspiró a estudiar biología y centrarte en la importancia de fusionar los conocimientos ancestrales con la tecnología más moderna?

- En realidad, fue a través de mi familia. Mi abuela tiene mucho conocimiento de plantas medicinales. Ella se crio en un pueblo pequeño en la sierra del Perú, en los Andes, y su abuela ya venía de la Amazonía, también, con mucho conocimiento de plantas medicinales.
Creo que, en realidad, en Sudamérica, todos tenemos alguna conexión, quizá, de algún familiar, ya sea distante o cercano con la Amazonía. Es parte de nuestra raíz cultural, siento, hasta cierto punto. En particular, mi abuela tenía tantos de estos conocimientos culturales y ancestrales, pero nunca tuvo la oportunidad de asistir al colegio o formarse académicamente.

Yo siempre me quedé con la curiosidad de conocer el otro lado. Conocí la parte mística, la parte de cosmovisión tradicional que ella cargaba, y mi familia también, como la parte andina amazónica que dice que “las plantas tienen sentir”, que “los animales tienen voz”. Pero yo también quería entender cómo es que las plantas son medicina, cómo es que ayudan, cómo funcionan en el cuerpo, qué es lo que va detrás. Y eso me llevó a conocer términos como genética y bioquímica y querer meterme más en el tema.

Su abuela, la que le enseñó que la naturaleza cura. Foto: 
Yuri Hooker Mantilla / Gentileza Rosa Vásquez Espinoza

Y así fue cuando, todavía siendo muy nena, dije: “Creo que voy a ser científica”. No había nadie en mi familia que lo hubiera sido antes. En Perú, no tenía ningún ejemplo a seguir, ni había muchas oportunidades, pero me determiné a convertirme en científica y, en algún momento, retornar y poder usar lo que había aprendido para mejorar el conocimiento en nuestro país.

- ¿Estudiaste en Perú o tuviste que emigrar? ¿Cómo llevaste a cabo tu formación? 

- Me tocó emigrar. A los 15 años, cuando decidí estudiar ciencia, empecé a buscar oportunidades, a ver laboratorios. El escenario, el acceso, las oportunidades, en ese momento, eran muy limitados. Ahora es otra cosa, pero en ese momento no existía, ni siquiera, la carrera que yo tenía en mente. Entonces, me obligó a tener que buscar otras opciones, buscar financiamiento o becas. Y así fue como terminé estudiando en Estados Unidos dos carreras, una de biología y una de química para completar todo el pregrado. De ahí, empalmé con el doctorado y, después de eso, un postdoctorado. Así fui completando una carrera completa académica en ciencia.

- Contabas que, de chica, no tuviste ejemplos a seguir en tu país. Teniendo en cuenta que formás parte de la lista de la BBC de las 100 mujeres más influyentes del mundo, ¿vos creés que es importante tener referentes? ¿Creés que estar en dicha lista puede contribuir para mostrarles a las mujeres de Latinoamérica que se puede, más allá de las dificultades, seguir sus sueños? 

- Estar incluida en la lista de la BBC fue una sorpresa; el honor más grande de mi carrera profesional. Creo que visibiliza a más mujeres jóvenes y latinas como yo, en este caso, que sí están avanzando en la parte de ciencia. De por sí los números de mujeres latinas en ciencia es bajo. En los últimos números que había visto en Estados Unidos es que menos del 1% de personas que completan un doctorado son mujeres latinas. Es un porcentaje bien pequeño que asumo que se reduce en el resto del mundo.

El reconocimiento de la BBC a Rosa Vásquez Espinoza. Foto: BBC / Las 100 mujeres más influyentes del mundo.

Entonces, yo veo ese honor de estar incluida en la lista como una oportunidad de que las próximas generaciones tengan algo que quizá yo no tuve. Esto de decir: “Estoy viendo a alguien que se parece a mí o que se ve como yo, que viene con una historia similar y entiendo que sí se puede hacer”. Quizá eso hasta facilite la búsqueda de soluciones más rápidas para problemas que tenemos que estar solucionando ahora en nuestro planeta, respecto a la parte ambiental. 

Mi meta, mi sueño y mi visión sería, por un lado, que no sea tan raro que haya solo algunas mujeres latinas en esa lista y que, entre ellas, haya científicas. También, sueño con que haya mujeres indígenas que vienen de las comunidades, que estén haciendo trabajo de conservación y ciencia, a las que se les esté resaltando en este tipo de plataformas para elevar su trabajo. Creo que podemos llegar a eso y espero que esa nominación pueda motivar a mucha más gente. 

- Si bien no tuviste una especie de referente en el mundo de la ciencia, sí tuviste la influencia de tu abuela y de tu tatarabuela, además de la convicción de fusionar los conocimientos ancestrales con la tecnología moderna. ¿Por qué creés que es fundamental esta fusión para el bienestar del medio ambiente y la preservación de la Amazonía?

- Las comunidades indígenas existen en nuestro planeta desde hace muchísimo tiempo y tienen conocimiento, visiones, conceptos, marcos de entendimiento, de procesos que están en balance, en equilibrio con la naturaleza. Aunque recién en los últimos años hemos empezado a prestarle atención, ya existían desde hace mucho tiempo. La ciencia moderna occidental, por así decirlo, no ha integrado o considerado estos saberes o estos conceptos como legítimos o válidos en los procesos, incluso, en estrategias de conservación que hablan de proteger los ecosistemas que están en peligro, como los Andes y la Amazonía. Incluso, por mucho tiempo, la ciencia no ha integrado los pensares o sentires de las personas que viven ahí, lo que suena ilógico.

Desde niña, Vásquez se interesó por el estudio de la medicina natural, la sabiduría de los pueblos originarios y consideró que debía compartir todo ese conocimiento en el ámbito científico. Foto: Ana Elisa Sotelo / National Geographic

Recién en los últimos años se está vocalizando más por qué estamos fallando, por qué no estamos logrando un cambio positivo. Si podemos llegar a la Luna y estamos avanzando tanto en el espacio, ¿cómo es posible que no hayamos podido solucionar esto? Creo que uno de los grandes vacíos es el no haber integrado el conocimiento tradicional. 

Hace poco, salió un primer artículo en la revista Science, que es una colaboración de grupos indígenas de Brasil con la Universidad de Princeton para, justamente, demostrar que esta falta de integración es lo que ha llevado a no tener sostenibilidad en estos proyectos. Entonces, así, abrimos un poco de espacio dentro de la ciencia moderna a que se incluya, no solo esta forma de ver el mundo, esta cosmovisión indígena, pero también que se incluya a personas indígenas en los diseños y la realización de estos proyectos. Y yo lo veo por el lado de mi abuela, que tenía tantos conocimientos que nunca pudo enmarcarlos con la parte académica. Creo que, de haberlo hecho, hubiera logrado muchas cosas positivas.

Entonces, mi visión es hacer espacio para esas personas; ver cómo podemos elevar su trabajo. Es más, en Perú, ahorita nos acaban de aceptar un artículo científico, que creemos es el primero, donde un miembro indígena asháninka es coautor. Estamos haciendo la ciencia más indígena, por así decirlo. Entonces, junto a nuestros aliados nacionales, locales e internacionales, también desde la parte de ciencia, conservación y política, creemos que este es el futuro de cómo tenemos que estar acercándonos a la conservación del planeta.

"Estamos haciendo la ciencia más indígena", celebró Rosa, al referirse a la inclusión de las comunidades en las investigaciones sobre la Amazonia y la medicina natural. Foto: Gentileza Rosa Vásquez Espinoza

- ¿Creés que hay más interés en la comunidad científica internacional por acercarse e integrar los conocimientos ancestrales de los pueblos de Latinoamérica a las investigaciones?

- Yo creo que, hasta cierto punto, muchas personas ahora en el mundo tienen muchas identidades culturales. Yo tuve la necesidad de salir de mi país, alejarme de toda mi familia, para obtener una educación. Y ahora, por temas laborales y oportunidades, viajo mucho entre Europa, también, porque me permite también forjar una economía para poder sostener a mi familia. 

Por la parte cultural, yo he notado que hay mucho interés en acercarse y quizás falta de conocimiento en cómo hacerlo. He notado que muchas industrias tienen el interés de acercarse, como es el caso de la industria académica, incluso la audiovisual. Trabajo mucho con grupos de comunicación como National Geographic-, la parte de ley ambiental. También siento que hay diferentes actores claves dentro de esos rubros, que sí quieren hacer esa integración; algunos ya lo están haciendo y hay otros que no tienen muy claro cómo hacerlo de una manera que se aleje del colonialismo, que sea integral e inclusivo, pero también que sea positivo para todas las partes.

Es ahí, creo, donde personas como yo tenemos un rol clave y mucha responsabilidad de hacerlo de una manera que refleje el sentir de todas las comunidades y que progrese la nuestros propios derechos y nuestros propios intereses, respetando a todo el grupo. Siempre con una cosmovisión muy holística, que es la indígena. Entonces, me da mucha esperanza ver que sí hay más grupos que tienen este interés.

Veo que, mientras nos tomamos el tiempo y la energía de tener más voz, de buscar más espacios, vamos a estar forjando este camino y ojalá sea más sencillo para los que vienen después.

- ¿Cómo fue tu conexión con National Geographic? ¿Cómo empezaste a trabajar con ellos?

- Yo llegué a National Geographic durante el tiempo de mi doctorado. Yo tenía muy en claro que quería usar toda esta ruta científica en laboratorio de manera positiva en mi país. Ya estando en el medio del doctorado, trabajando en diferentes proyectos, quería poder forjar un proyecto independiente que me llevara de vuelta a la Amazonía, que trajera todos estos conocimientos de vuelta. 

Foto: Ana Elisa Sotelo / National Geographic

Entonces, buscando financiamiento para hacer un proyecto independiente, fue que di con el grupo de National Geographic, y tuve la bendición y la suerte de que me aprobaran un proyecto de ciencia que estaba haciendo. Fue a partir de ese apoyo que me nombraron con el título de National Geographic Explorer, que significó unirme a su familia de exploradores y tener, no solo ese apoyo tangible para ese proyecto al inicio, sino también tener una capacitación de cómo el tema de comunicación es clave para la ciencia y la conservación.

Siéndote sincera, este, al inicio, no era mi tema, yo no le prestaba mucha atención. Luego, empecé a aprender un poco más de estos temas y ver que, en Perú, cuando decíamos que necesitamos proteger a las abejas nativas, por ejemplo, nadie nos escuchaba. Mandamos más de 100 cartas a representantes, desde ministerios, autoridades hasta congresos, pero nadie nos respondía, hasta que salió un artículo de nuestro trabajo en inglés en la revista de National Geographic. Eso abrió muchísimas puertas, y eso que ni siquiera salió en español, al inicio. 

El hecho de tener esa plataforma, tener una comunicación, digamos, menos técnica, abrió mucho los ojos y nos permitió ser escuchados. Ahí fue que dije “esto tiene que ser vital”. Creo que ese approach (acercamiento, en inglés), por así decirlo, ese camino es el que nos ha ayudado a generar impacto que, a su vez, se traduce positivamente en las comunidades.

- ¿Qué cambios viste en el tiempo que estuviste trabajando con las comunidades originarias de la Amazonia? 

- He visto mucho ánimo de forjarse, también, en ciencia; he visto el valor de traer esa base científica para sus propias metas y sus propios deseos como comunidad. Hemos visto el surgir de una nueva ola de jóvenes indígenas, hombres y mujeres, que quieren capacitarse en el tema y quieren estar liderando. Están tomando empoderamiento de que sus terrenos y su biodiversidad no sean solo sujetos de estudio como lo ha sido por mucho tiempo, sino que sean ellos los que están liderando. Y eso me emociona mucho.

Creo que la mayoría de las personas no entienden que ellos que viven en estas zonas frágiles sienten mil veces más los impactos del cambio climático. Y personas que quizás no conocían el término de cambio climático lo están entendiendo por necesidad, porque ya no pueden pescar, no hay agua en los ríos o ven que las plantas se están secando.

Foto: Ana Elisa Sotelo / National Geographic

También creo que, con toda la presión internacional, hay algunos actores que están viendo la necesidad de que existan más mecanismos que eleven y den espacio a los grupos indígenas de manera real, no solo para hacer un check para cumplir con la métrica de diversidad.

- Entre los proyectos que llevás adelante se encuentra el de la miel de las abejas sin aguijón. ¿En qué consiste? ¿Cómo beneficia a la preservación del Amazonas?

- Tenemos varios proyectos, desde reforestación, trabajo con otros animales en peligro como los tapires, los armadillos. El proyecto que más se ha dado a conocer hasta ahora es el de las abejas sin aguijón, que cuenta con varios actores locales. Originalmente lo inició el científico doctor César Delgado del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, quien había notado que muchas comunidades indígenas a lo largo de toda la Amazonía criaban ancestralmente a las abejas, cortaban el árbol, abrían el hueco donde está la colmena, sacaban a la colmena y la apretujan para sacar toda la miel. Así es como lo consumían de forma medicinal, usaban la cera para hacer las flechas para cazar o incluso como velas. 

Si bien esa miel tenía muchos usos, no se le había dado esa validación científica. Se dudaba si era un placebo o si verdaderamente tiene algún impacto positivo en la salud. Ahí fue cuando yo me uní al proyecto hace unos años y hemos escalado de mil maneras. Por la parte de la miel se sabía, y lo hemos documentado, que las comunidades la usan para tratar más de 14 enfermedades, desde el COVID, los síntomas de infecciones respiratorias, hasta la infertilidad, problemas de la piel e, incluso, infecciones oculares. Las comunidades, de manera muy sabia, saben a qué abeja elegir para curar cada enfermedad. Si es la abeja que hace su colmena en el suelo o si es la abeja que hace su colmena en tal árbol, saben para qué tratamiento de enfermedad sirve. Es como una biblioteca de farmacia natural.

Con estas investigaciones nos convertimos, junto con el doctor César, en los primeros en hacer un estudio de la química medicinal de estas abejas. Yo pensaba que, seguramente, alguien ya lo había hecho en el Perú, por tener tanta relevancia en los pueblos indígenas; pero, lo cierto era que todavía no se había hecho. Entonces, con esos primeros estudios detectamos que tal cual como las comunidades ya lo sabían de manera ancestral, había muchas moléculas medicinales que corroboraban estos usos e, incluso, hasta los ampliaban, dándoles la validación.

La miel de las abejas sin aguijón se utiliza para tratar distintas enfermedades. Foto: Instagram @nytimes / Rosa Vásquez Espinoza

Toda esa información la recapitulamos y la compartimos con las comunidades. Así, ellos han podido elevar los precios de sus productos como la miel, lo cual genera una economía sostenible positiva, porque les está generando dinero al venderlas. Como ya propiamente saben que está basado en estudios científicos, pueden darles mayor valor a las mieles y eso ayuda a que tengan un mayor incentivo para proteger a las abejas y a la flora que está a su alrededor, para que las abejas tengan buena salud. 

Las abejas sin aguijón están en todas partes del mundo siguiendo la línea ecuatorial. Son fascinantes. Y creo que eso es lo que nos llena de humanidad cuando nos acercamos a los pueblos originarios. Creo que hay algo muy ancestral, muy primal de los usos y la relación que tienen con los diferentes recursos en la naturaleza. Creo que nos llena de esperanza conocer estas historias, y nos da un poco más de luz para el futuro.

- ¿En qué otros proyectos están trabajando?

- También estamos trabajando en la primera Declaratoria Mundial de los Derechos de la Naturaleza de abejas sin aguijón, que es prácticamente el primer mecanismo ecocéntrico y legal que le da derechos a las abejas a existir; así como nosotros como humanos tenemos derecho a existir, tenemos derecho a comer, a poder estar en un lugar seguro, las abejas también tienen derecho a vivir, a tener una selva sana y tener aire limpio. Se han declarado este tipo de derechos a algunos ríos o a otras especies, pero no para la abeja sin aguijón. Lo estamos trabajando con grupos originarios. Lo hemos anunciado ya en la COP 16 (Conferencia de las Partes, celebrada en Colombia en octubre de 2024).