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El riesgo de criar chicos sin frustración

Acompañar implica estar cerca, pero también permitir que intenten, se equivoquen y descubran sus capacidades.

Muchos adultos comenzamos a allanarles el camino a los chicos.

Muchos adultos comenzamos a allanarles el camino a los chicos.

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En los últimos años, algo está cambiando silenciosamente en la forma en que criamos y educamos. Con la mejor de las intenciones —proteger, cuidar, evitar el sufrimiento— muchos adultos comenzamos a allanarles el camino a los chicos. Intervenimos antes de que se equivoquen, anticipamos antes de que lo intenten, resolviéndoles para que no se frustren, creyendo que así los hacemos más felices, más plenos, y sin darnos cuenta, estamos generando fragilidad, la que luego los deja con menos oportunidades para disfrutar de la vida en su totalidad, con los aciertos y los yerros con los que efectivamente nos confronta.

Hay una verdad incómoda, pero necesaria: evitar los desafíos no fortalece, debilita empobrece, no permite que se desarrollen todos los recursos, que se actualicen las potencialidades que todos los humanos traemos al mundo al momento de nacer. Desde la neurociencia sabemos que el cerebro necesita dificultad para desarrollarse. No crece en la comodidad constante ni en la gratificación inmediata. Crece en el esfuerzo, en la repetición, en el error. Es ahí donde se activan los circuitos que permiten aprender, regularse y sostener la atención.

Maryanne Wolf, investigadora en neurociencia cognitiva, advierte sobre la pérdida de habilidades profundas como la lectura comprensiva y el pensamiento complejo en contextos donde todo se vuelve rápido, fácil y fragmentado. El problema no es solo tecnológico: es cultural. Nos estamos acostumbrando a evitar todo lo que requiere tiempo, paciencia y esfuerzo. En la era de la inmediatez, donde todo tiene que resolverse rápido se apuran o se intentan apurar todos los procesos, pero la crianza, el crecimiento no puede apurarse, o mejor dicho si se apura se puede dañar seriamente dejando consecuencias serias para más adelante en la vida.

frustaciones
Nos estamos acostumbrando a evitar todo lo que requiere tiempo, paciencia y esfuerzo.

Nos estamos acostumbrando a evitar todo lo que requiere tiempo, paciencia y esfuerzo.

Hoy vemos chicos que se frustran rápidamente

Que abandonan ante la mínima dificultad, que necesitan ayuda constante para avanzar. No porque no puedan, sino porque no han tenido la oportunidad de descubrir que pueden, porque han crecido creyendo que no pueden o que hay otro que lo hace mejor o más rápido, o porque es más cómodo que lo resuelva otro, en este caso adultos responsables maestros padres, cuidadores, siempre a la mano para Que no se frustre y no la pasen mal.La confianza no se transmite solo discursivamente con charlas motivacionales, hay otro ingrediente que debe formar parte de esta receta como hacer que confíen en ellos, este ingrediente es: la experiencia que debe acompañar, el vos podes se beneficia, y se consolida, si está llevado a la práctica, pero una vez más esto necesita tiempo, ese tiempo que hoy escasea.

Estar allí para sostener el malestar que surge del no poder, del que no salga como fue planeado, ayudando a los niños y jóvenes a ajustar las expectativas entre lo que deseo y lo que efectivamente puedo recibir, es el rol de los adultos responsables de que este proceso sea lo más mable y exitoso posible. En ese proceso —a veces incómodo, a veces desafiante— aparece algo fundamental: la experiencia de capacidad.

  • Acompañar no es resolver.
  • Acompañar no es anticiparse.
  • Acompañar es estar, sostener, poner palabras… y confiar.

Estar lo suficientemente cerca y no tan cerca que intoxiquemos anulando las nacientes capacidades. En la escuela, esto se vuelve aún más evidente. Cada vez que un docente sostiene un límite, cada vez que no responde automáticamente, cada vez que habilita el error como parte del aprendizaje, está haciendo mucho más que enseñar contenidos: está formando personas, tejiendo una red con la familia, haciendo un trabajo conjunto.

  • Personas que puedan tolerar la frustración.
  • Que puedan sostener un proceso.
  • Que no se derrumben frente a la dificultad.
hijos
Estar lo suficientemente cerca y no tan cerca que intoxiquemos anulando las nacientes capacidades.

Estar lo suficientemente cerca y no tan cerca que intoxiquemos anulando las nacientes capacidades.

Porque la vida —nos guste o no— no es sin desafíos, ni fallos ni momentos difíciles. Quizás el verdadero cambio que necesitamos como adultos no sea hacerles la vida más fácil a los chicos, sino prepararlos mejor para vivirla. Y eso implica, muchas veces, corrernos un poco.

  • Dejar que intenten.
  • Dejar que se equivoquen.
  • Dejar que se frustren… con nosotros cerca.
  • Porque en cada desafío atravesado no solo aprenden algo del mundo.

Aprenden algo mucho más importante: aprenden de sí mismos. Y ahí —justamente ahí— empieza la verdadera fortaleza.

* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora. Espacio Consciente Pediátrico.