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La cantidad de días de clases no garantiza la calidad educativa

El sistema educativo necesita un equilibrio entre cantidad y calidad. Construir equipos docentes sólidos es esencial para desarrollar procesos pedagógicos realmente efectivos.
La cantidad de días de clase no es la única variable en la ecuación que define la calidad educativa. Foto: Shutterstock
La cantidad de días de clase no es la única variable en la ecuación que define la calidad educativa. Foto: Shutterstock

En breve comienzan las clases  en todo el país, y según lo acordado en la asamblea del Consejo Federal de Educación (CFE) celebrada en noviembre de 2024, este año el ciclo lectivo debería alcanzar un mínimo de 190 días de clase (o su equivalente en 760 horas reloj). El CFE define como “día efectivo de clase” una jornada con al menos 4 horas reloj de actividad pedagógica en la escuela. Además, se anunció que las provincias que no cumplan con esta meta deberán implementar medidas compensatorias.

Sin embargo, la realidad en Argentina muestra que estas metas suelen quedarse en el papel. Y aun si se lograran cumplir, la cantidad de días de clase no necesariamente garantiza una mejora en la calidad educativa. Lo realmente crucial es asegurar la continuidad pedagógica, que depende de factores clave como la estabilidad docente y la construcción de equipos de trabajo sólidos.

La realidad en Argentina muestra que estas metas suelen quedarse en el papel. Foto: MDZ.

Cuando los cambios frecuentes de maestros o profesores fragmentan los equipos de trabajo, los procesos de enseñanza y aprendizaje se ven afectados. Esto ocurre porque educar no es simplemente transmitir conocimientos; es construirlos. Esa construcción requiere no solo tiempo, sino también estabilidad y continuidad, que son esenciales para generar aprendizajes significativos.

Aunque la cantidad de días de clase tiene un impacto indudable, las políticas educativas no deberían enfocarse exclusivamente en este indicador. Es igual o más importante fortalecer la formación docente y regular las instancias de capacitación. Si los educadores continúan recibiendo una formación inicial deficiente, la cantidad de días de clase será irrelevante: una formación docente de baja calidad inevitablemente se traduce en una formación estudiantil igualmente pobre.

Además, es imprescindible invertir en esquemas de formación continua que no solo actualicen a los docentes en contenidos académicos, sino que también les brinden herramientas para abordar los desafíos sociales y educativos actuales. Al mismo tiempo, las políticas educativas deben priorizar la estabilidad laboral del sector y regular la rotación docente para evitarla, ya que esto afecta negativamente la consistencia de los equipos.

Educar no es simplemente transmitir conocimientos; es construirlos. Foto: MDZ.

Insistimos: la cantidad de días de clase no es la única variable en la ecuación que define la calidad educativa. Esta última reviste una complejidad de factores que deben ser considerados en el análisis: hay que invertir en formación docente, lograr estabilidad del cuerpo de maestros y profesores, así como también valorizar la profesión y asegurar que los educadores tengan condiciones de trabajo dignas.

Daniela Borlenghi.

* Daniela Borlenghi, Co-CEO & Co-Founder en PickApply