Hipódromo de Mendoza: del glamour de antaño a las dudas y nuevos proyectos
“¡Largaron!”; exclama con pasión el relator de carreras. Así fue. Mendoza supo ostentar una rica historia en la dimensión del turf nacional durante gran parte de la historia contemporánea mendocina. Desde aquel pionero “Hipódromo Andino”, construido sobre terrenos fiscales donados por la provincia en 1884, y que posteriormente en tiempos del gobernador Carlos Galigniana Segura fue inaugurado en 1904, hasta el actual “Hipódromo Mendoza” que supo convocar a multitudes, contando con jornadas que en ocasiones reunía a los mejores caballos del país y cantidades de fanáticos que podrían llegar hasta 25.000 personas.
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Indudablemente gran parte de la historia y la cultura mendocina del siglo XX estuvo marcada por varios socios del Jockey Club. Arrimarse hasta avenida Montes de Oca 1055, un domingo de “burros”, era una fiesta social. Desde “gente de mil raleas” a pitucas familias de la alta alcurnia cuyana poblaron las tribunas del histórico hipódromo. Hasta tal punto generó una especie de “enfermedad” la pasión hípica que el gobierno de Mendoza inauguró en 1912 una línea interna de ferrocarril que unía la Estación Mendoza (centro), pasaba por el Lago del Parque y terminaba en el hipódromo.
“Y cruzaron el disco”
Promediaba el 1945 cuando un puñado de algo más de 60 selectos socios, reunidos en el club Gimnasia y Esgrima, fundaron el Jockey Club Mendoza. Fue Luis Clemente Escorihuela su primer presidente y Julio Petra Aguirre el secretario de la comisión fundadora. La primera iniciativa fue encontrar un lugar para construir un nuevo circo de carreras. La sede social por esos momentos: el edificio donde funciona actualmente la Dirección de Turismo.
Así pasaron dos años (1947) para recibir la concesión del uso y explotación de los terrenos y edificios que ocupaba anteriormente el “Hipódromo Andino”. “El público, asombrado, recorría con indisimulado orgullo las nuevas obras. La flamante pista era un óvalo de 1.900 metros por 22 metros de ancho y una recta final de 420 metros. Posee cuatro imponentes tribunas y nuevas pizarras de cotizaciones. Setenta ventanillas de juego habilitadas y la monumental casilla de llegada de tres pisos. El primero para jueces de raya; el segundo para la Comisión de Carreras; y el tercero para el photochart. Además, un subsuelo donde estaba ubicado el ‘ojo electrónico’, considerado entre los más adelantados del mundo”. (Sebastián Cutugno. “Hipódromo de Mendoza”. En: Godoy Cruz, historia y perspectiva. CINTER - Edición Diario Uno. Junio 1996).
El nuevo hipódromo fue obra del ingeniero Evans; mientras que paralelamente se construyó la tribuna oficial con salones y confitería. Más tarde, el restaurante “El Hongo” proyectado por el arquitecto Jorge Cremaschi.
La inauguración oficial del Hipódromo de Mendoza fue el 29 de mayo de 1949. En la jornada turfística se puso en juego la disputa principal del “Gran Clásico Apertura”. El caballo ganador fue “Figurón”, era propiedad de David Crocco y fue conducido por el jockey Orlando Forgan, que ese día también ganó otra carrera con la potranca “Trinará”. Ahora, la primera carrera que se corrió como preliminares al premio principal fue ganada por “Atardecer” con la monta de Luis Zapata. Recordada en esa primera jornada fue el triunfo en otra carrera cuadrera sobre 500 metros de “Tabaré”, propiedad de Don Marcelo Battisitini y monta de Collado.
“Por una cabeza”
Muchos son los recuerdos que inundan al hipódromo mendocino. Observemos que tuvo espacio para albergar hasta 350 caballos en boxes y que dentro del mismo hipódromo vivían familias enteras llegando a reunir una comunicad de más de doscientas personas que mantenían en pie una verdadera industria.
De aquellos clásicos sigue vigente el histórico Gran Premio Vendimia con el prestigio de considerarse una carrera de Grupo III, cuya primera edición fue en marzo de 1950, disputado tradicionalmente el domingo inmediato posterior a la elección de la reina vendimial. En aquella oportunidad ganó “Fracasado” y el jinete fue Américo Cervini.
El otro clásico mayor mendocino es el Santo Patrono Santiago. Data de 1956 y se corría todos los 25 de julio (día del patrono de Mendoza). “Mancebo” fue el ganador de esa primera edición y en esa ocasión estuvo conducido por el famoso correntino Elías “Yacaré” Antúnez.
“Basta de carreras, se acabó la timba / Un final reñido ya no vuelvo a ver / Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo / Yo me juego entero / Qué le voy a hacer”. Cuánta razón tenían Gardel y Le Pera cuando compusieron este tangazo.
Parece un sueño, pero la memoria nos regresa al “Gigante”; a la catedral del turf de Mendoza. Ahí vienen: Agilino, ganador en 3 oportunidades del Patrono al igual que el alazán Concilio (hijo de Bonete y Beatitud), que también triunfó en el Vendimia. Pero además Catgut, Pixar, Farabute Toss, Gran Puntero, Lethal Dose, Becter Action, Potriworld, Vasco Bruto, Eitan, Pamperazo. Ahí están Benavidez, Rivamar, los hermanos Abraham, “Rubenchu” Silvetti, Ciafardini, Padula, Duffey, Aracena, Gatto, Reyes Molina, Jara, Gómez, Jorquera, Coria, Reinoso, Noriega, Enrique, González, Campanello, Torres, Liendo, Álvarez, Fernández y el “Cachencho” Giménez. Ídolos populares. Vaya entonces un homenaje para propietarios, jockey y cuidadores (de la talla de Reta y Rosas, entre muchos), y siguiendo con la voz de Gardel, cuando rindió honores a Irineo Leguisamo, lo trasladamos a los crack que hicieron vibrar “la catedral”. “Alzan las cintas, parten los tungos / Como saetas al viento veloz / Detrás va el pulpo, alta la testa / La mano experta y el ojo avizor”. (“Leguisamo, solo” de Modesto Papavero / 1925).
“Corriendo de atrás”
Un dejo de melancolía invade el espíritu burrero. Lejos ha quedado aquella vida intensa que cubría la zona. “Berretines que tengo con los pingos / metejones de todos los domingos”, decía el tango “Palermo” de Villalba, Braga y Delfino. Pero, bueno; los nuevos momentos han llegado. Hace un tiempo (décadas atrás) el estado provincial mendocino se hizo cargo del Hipódromo. En paralelo, los directivos aquellos, adaptándose a la nueva circunstancia, decidieron seguir su camino de manera independiente al estado y conformaron una nueva institución con una fuerte apuesta a los deportes que no tenían que ver con los caballos.
En épocas recientes nuevos proyectos se acercan al óvalo mendocino. En el fondo, el hipódromo es un espacio privilegiado, con una ubicación ideal, muy cercano a los centros urbanos, con todos los servicios instalados que tientan la posibilidad de generar un polo atractivo para los planes de negocios vinculados al espectáculo, donde distintos modelos empresariales de desarrollo urbanístico, comercial y gastronómico se encuentran al acecho. En fin. Es la vida y un nuevo tiempo. Una “nueva carrera”. Atrás quedará “el ocio”. Es así el renovado juego, en horas donde lo que “garpa” es otro negocio (“nego / negare – ocio”).


