Presenta:

El regreso desde las Islas Malvinas

Termina con esta entrega la narración de la aventura del Caoba, el velero que el 7 de enero partió desde Mar del Plata con rumbo a las queridas islas Malvinas.
El último amanecer. Foto: Tripulación del Caoba.
El último amanecer. Foto: Tripulación del Caoba.

De cada una de las etapas fui cronista privilegiado. Las describí para ustedes alejándome del habitual tema del arte, con el objetivo de amenizarles el verano. Espero haberlo logrado. De la última pierna, la navegación desde las islas Malvinas a Mar del Plata fui además partícipe directo al embarcarme en Stanley-Puerto Argentino por la generosidad del capitán del velero Caoba, Sigfrido Nielsen, factótum de esta aventura. La tripulación de esta etapa incluyó también a Pablo Leoni que hizo el periplo completo, a José Dallera embarcado en Howard y a Aldo Pironio que se embarcó conmigo.

El martes último pasado el medio día, después de algo más de seis días de navegación amarramos en el Yacht Club Argentino en el puerto marplatense. Para quien conoce la Patagonia el término “temporal” tiene una dimensión distinta de la que tiene para el común de los argentinos. En el Atlántico sur el “temporal” es el patagónico al cuadrado. Los vientos en esa zona son preponderantemente del oeste y a menudo adquieren virulencia inusitada. Intensidades de arriba de los 60 nudos son habituales y pueden durar varios días. Cabe aclarar hablamos de más de 100 kilómetros por hora que en las rachas pueden superar los 150.

El Caoba desde el pesquero.

Las Malvinas están sometidas al mismo régimen apenas atemperado, debido a la baja altura de su geografía. Uno de estos temporales del oeste nos tocó cuando debíamos partir. Postergamos entonces la zarpada un par de días hasta el miércoles 12, cuando la lluvia había cesado y el viento calmado un poco y virado unos grados al sur. Tras un par de bordes para salir de bahía Stanley, con poco paño, pusimos proa al norte.

El anemómetro marcaba 30/35 nudos y el Atlántico se mostraba en su temible magnificencia. La ola, que tarda en acomodarse a la baja del viento, difícil de medir desde la superficie del agua, seguramente superaba los cinco metros entre seno y cresta. De a poco las condiciones mejoraron, el viento se asentó del oeste a 20 nudos y bajó la ola. Por la noche aflojó la nubosidad y de a ratos apareció la luna llena.

Apareció la luna.

Iniciado el segundo día la navegación se hizo algo más cómoda. Aflojó la escora y cabeceos y rolidos perdieron la intensidad demoledora del primer día. La tercera singladura fue todo disfrute. Con sol y 16 nudos siempre del oeste el tema que se impuso fue las flotas de pesqueros orientales en la plataforma continental. 

La flota china en la milla 201

Tras la decepción de no haber encontrado Pepis, la isla fantasma quedo claro que, además, debíamos evitar el “peligro chino”.

La ruta del regreso y la flota china.

Resulta que el rumbo directo de Malvinas a Mar del Plata (casi norte clavado) a la latitud de la bahía de San Jorge sale de las 200 millas (el Mar Argentino). En esa zona cientos de barcos pesqueros chinos, coreanos y de otras lejanas banderas, generalmente con tripulaciones filipinas sometidas a regímenes laborales muy precarios pescan día y noche. Para no tener que andar esquivándolos fue entonces que tuvimos que desviarnos al oeste alargando un poco el camino.

Pablo Leoni resume, aflojada la tensión que el temporal impuso, la situación

Por su parte, Aldo Pironio editó sus tomas del maravilloso (y aterrador) espectáculo del océano. Para endulzarlo también lo musicalizó.

Aldo Pironio y su video

 

Las calmas para un velero no son deseables. Queda el recurso de prender el motor pero, es perder el encanto. Como hacer el asado a gas. El Caoba navega muy bien con vientos a partir de 6/8 nudos y hasta los 30. Y con más se la banca. Solo es cuestión de ajustar el paño a la condición… los gajes del oficio. En calmas largas la situación se vuelve tediosa. En el Atlántico sur, en verano, son raras. De hecho no las tuvimos.

El pesquero amigo desde el Caoba.

De todas maneras uno nunca está solo. Petreles y albatros siempre acompañan con planeos elegantes y, cada tanto, aparecen los amigos. Esta vez fue don Jorge Hernández, capitán de un pesquero de altura, de la flota marplatense que andaba en el área en la captura del calamar. Amigo de nuestro capitán Sigfrido Nielsen y también yachtman nos detectó en su plotter y se acercó a saludar y desearnos buenos vientos.

Video Homenaje dela tripulación del Caoba

La tarde siguiente, apareció inesperadamente la reina del mar. Navegábamos cómodos con sol y unos 15 nudos; en latitud de Península de Valdez pero a más de 100 millas de la costa. José en cubierta disfrutaba la contemplación del mar y ella le mostró su lomo.

A unos 10 metros del barco, dejó ver su cabeza adornada de incrustaciones. Sopló y el chorro nos magnetizó a todos. Volvió a mostrar su lomo. Levantó la cola partida, saludó y la ballena amiga partió para siempre.

El Caoba entrando en el puerto de Mar del Plata.

La llegada a Mar del Plata, sumó las emociones de los reencuentros a las reflexiones particulares de esta excepcional experiencia.

Pablo, ahora emocionado contó la suya

Yo, por mi parte recurro a una obra del maestro Raúl Soldi para cerrar esta serie que relató para ustedes lo que para mí fue una aventura inolvidable y volver a mis habituales notas de arte.

Raúl Soldi.

Carlos María Pinasco, consultor de arte.

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