El trasfondo del Cosquín Rock y por qué es una experiencia política
La tranquilidad de los pueblitos típicos de Córdoba se vio alterada por una marea de gente que llegaba de distintos puntos del país para participar del festival de rock más importante de los últimos tiempos. El fanatismo por la música fue un condimento más en una compleja trama de sensaciones que tuvieron lugar durante los días previos y posteriores a la edición número 25 del Cosquín Rock. Los mensajes de los artistas arriba y abajo del escenario fueron contundentes y transformaron al recital en un espacio de resistencia y gran relevancia social, económica y política. Según datos de la organización, el impacto económico fue de 49.842.938.377 pesos argentinos.
El Cosquín Rock debería ser una experiencia obligatoria para todos los amantes de la música, pero también es un reflejo perfecto de una sociedad que busca una participación más activa. Más de 60 mil personas asistieron al evento que tuvo lugar en Santa María de Punilla, el número crece de forma abismal si se tiene en cuenta que todos los vecinos de las localidades cercanas y el turismo de la provincia de Córdoba se vieron beneficiados por el movimiento turístico. Los datos de alojamientos dan cuenta de eso con un total de 37.742 personas que alquilaron en las cercanías y una estadía promedio de 3,3 noches, según el relevamiento realizado por la organización del festival.
Como dijo Ciro al cierre del regreso de Los Piojos, el festival está cada vez más aceitado y no hay fisuras excepto por el colapso de las antenas de telefonía celular. Durante el festival, es casi una misión imposible hacer una llamada o conectarse a internet sin la ayuda del wifi.
El trasfondo social es evidente desde que salís de la autopista que desemboca en la entrada al pueblo. Jóvenes, adultos, madres con bebés en los cochecitos, abuelos con remeras de las leyendas del rock y todo un sistema donde "todos ganan", según expresan los habitantes del lugar que alquilan los baños de sus viviendas, ofrecen agua caliente y hasta cargar celulares a muy bajo costo para hacerse "unos pesos y aprovechar el evento del año" a costo de ofrecer su intimidad. "Los asistentes tenían en promedio 31 años pero la curva llega hasta los 80 años", dijeron desde la organización.
Las calles de Santa María de Punilla albergaron a miles de vehículos que llegaron de todas las provincias y países limítrofes, se calcula que alrededor del 70% de los asistentes fueron en auto. Los vecinos de la zona fueron gestionando los estacionamientos y elaborando estrategias para que todos tengan un espacio seguro que les permita disfrutar con tranquilidad y a menor costo ya que aparcar en las playas oficiales tenía un costo diario de 40 mil pesos. "Cada vecino alquila el sector de la puerta de su casa, nos ponemos de acuerdo en los valores que cobramos pero a veces alguno se quiere hacer el vivo y cobra más", dijo una vecina que "alquilaba" su estacionamiento por 8 mil pesos.
"Todos los años esperamos que lleguen los jóvenes a disfrutar de los recitales, me gusta mucho la música pero soy más del estilo de Elvis Presley", agregó Rosa que con sus 85 años aguarda en la vereda de su casa, sentada junto a una mesita y con el mate listo, la llegada de esa marea humana que le da vida a un pueblito que durante el año "es muy tranquilo". Ella junto a su nieto acondicionaron un estacionamiento improvisado en el jardín interno de una casa antigua de estilo colonial. "Mi nieto se hace unos pesos durante el fin de semana, tuvo la idea de armar una rampa con una ventanas de madera que sacamos del galpón y así podemos meter más autos en el jardín", explicó.
Tal como ocurrió en ediciones anteriores, la política estuvo presente en el evento y fueron los artistas quienes tomaron un rol activo expresando su descontento por medidas tomadas por el gobierno de Javier Milei. El arte y la música siempre fueron un espacio de resistencia pacífica ante los embates de los poderes de turno y eso fue evidente en el Cosquín Rock.
El público arengó y el fervor popular se hizo presente en dos jornadas que tuvieron de todo: los talentosos músicos Catriel y Paco Amoroso mimetizados en un pogo junto a los fanáticos de Skay; la defensa del cantante de No te va a gustar a colegas que fueron agraviados y censurados en la misma sintonía de Dillom; la banda oriunda de Buenos Aires, Ryan, que comenzó su espectáculo con una imagen del presidente Milei besando en la boca a Donald Trump y el guiño en la letra de la canción Llévatelo de Los Piojos que hacía referencia al escándalo por las criptomonedas.