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Las islas Malvinas muestran su encanto

El velero Caoba, ya zarpó hacia Mar del Plata, su tripulación al mando de su capitán, Sigfrido Nielsen.
Posta de la bahía. Foto: Carlos Pinasco
Posta de la bahía. Foto: Carlos Pinasco

Llegar a las islas Malvinas desde Argentina no es fácil. Solo hay un vuelo semanal, los sábados, que sale desde Punta Arenas, al sur de Chile. Lo que supone entonces volar a Santiago el día anterior y con otro vuelo llegar a Punta Arenas. Una vez por mes el vuelo a Mount Pleasant, es la base militar de los británicos en las islas, donde se llega, hace escala en Rio Gallegos. Esta vía es un poco más corta y algo más económica.

Para el regreso es igual, de modo que la estadía mínima es de siete días y forzosamente uno de los dos itinerarios es por Chile. Como alternativa hay unos pocos cruceros que salen de Buenos Aires y hacen escala en Puerto Stanley, pero solo por unas horas. Son además muy onerosos. Por todo esto, el vuelo desde Rio Gallegos suele ir completo, con gran cantidad de argentinos embarcados allí. En el del sábado pasado en el que volé, viajaron también un contingente de veteranos de la guerra y, como suele suceder, de familiares de nuestros caídos.

Viento en muelle

La impresión que me llevé, después de estar cuatro días en Malvinas es maravillosa y absolutamente recomendable como destino turístico para cualquiera independiente de lo que pueda sumar la carga emocional que ,obviamente, tiene  para muchos. La dificultad del acceso y la rigurosidad del clima (aún en verano) está, a mi modo de ver, ampliamente compensada. Obviamente para mi el reencuentro con el velero Caoba y su tripulación y la expectativa de la vuelta navegado suma pero estos cuatro días en Puerto Stanley, no dudo que serán inolvidables. 

De ahí que, antes del próximo viaje a Miami o a Florida, me permito recomendarle, amigo lector, pensar en las islas. Qué hay para ver. La ciudad es pequeña, dicen que en ella viven la mitad de los 3500 habitantes del archipiélago sin contar el personal militar de la base que es gigantesca. La actitud de los isleños, la mayoría de sangre británica pero con presencia de latinoamericanos, en especial chilenos, orientales y otros orígenes es respetuosa y a menudo cordial. 

Las autoridades portuarias y migratorias fueron, en general muy colaborativas

Con sol vista desde el agua o desde la margen norte de la bahía es una postal. Caminarla, en un día de poco viento, es un disfrute. Prolija, bien cuidada, de arquitectura simple pero armónica, con mucha madera multicolor, tiene una interesante catedral anglicana que se precia de ser la más austral del globo, una acogedora iglesia católica además de un par de museos. Para días de lluvia hay una pileta cubierta pública a la que se puede acceder por una módica tarifa (mayores de 60 gratis)

Gansos en la costa.

Los alrededores son únicos

Mechados por testimonios dramáticos de la contienda de 1982, que merecen un capítulo especial que dejo pendiente, la belleza del paisaje y la riqueza de la fauna, sin contaminación humana alguna deslumbrarán a quienes lo visiten. En las playas de arenas blancas de la infinidad de bahías los pingüinos brindan un espectáculo único. De cinco variedades distintas (el Rey, el Magallánico, el Macaroni y dos más) el primero se destaca por su tamaño y la gracia de sus movimientos.

Gansos en la costa.

Petreles, albatros, cisnes, patos, gansos, caranchos y albatros de distintas variedades son algunas de las aves costeras que es posible avistar en desafiantes caminatas. 

Embarcados, con suerte, se puede gozar del ballet de los delfines que Alejandro Diego registró desde el Caoba.

Delfines al sur de las islas

Rumbo a Mar del Plata

El miércoles con cinco tripulantes a bordo el velero Caoba dejó el muelle de Stanley y encaró la vuelta. Novecientas millas es la distancia, en línea recta, a Mar del Plata. A la venida, sin embargo, había navegado 1100, por la escala de Caleta Hornos forzada por un temporal. Pese a que estaré a bordo, seguramente usted, amigo lector no podrá leer el próximo sábado lo que tenga para contarle, por las dificultades de comunicación que imagina.

Vigilando la playa.

Desde estas líneas podes seguir la ubicación y la derrota del velero Caoba haciendo click aquí.

Carlos María Pinasco, consultor de arte.

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