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El orgullo de ser humanos: la necesidad del uso negaentrópico de la energía humana y ambiental

Estamos resignando en las máquinas todas nuestras capacidades y, por ello, perdiendo nuestras soberanía y libertad.
Si ponemos el foco en nuestra energía interior, veremos que estamos perdiendo capacidades biológicas esenciales para la creación tecnológica.  Foto: Archivo MDZ
Si ponemos el foco en nuestra energía interior, veremos que estamos perdiendo capacidades biológicas esenciales para la creación tecnológica.  Foto: Archivo MDZ

La comodidad absoluta es la muerte. Dejar de existir nos libra de toda necesidad, de todo estímulo, dolor o incomodidad. La tecnología se inició a partir de la búsqueda de satisfacción de las necesidades humanas, de forma más eficiente y confortable. Desde el fuego y el cuchillo de piedra hasta los teléfonos inteligentes y los drones, la historia ha sido una exploración incansable de mayor bienestar y optimización. A tal extremo se ha llegado en la persecución de esos objetivos, que las máquinas y aparatos diseñados han generado la progresiva pérdida de las capacidades biológicas de fuerza, motricidad fina y de las habilidades intelectuales de cálculo, atención y creatividad.

Los artefactos inventados para colaborar en tareas físicas e intelectuales han provocado una pérdida de ambas capacidades, de manera proporcional al uso de la tecnología. Es como si, frente a cada innovación que nos brinda ayuda, la biología nos castigara de a poco retirándonos una habilidad. He aquí la trampa.

Frente a cada innovación que nos brinda ayuda, la biología nos castigara de a poco retirándonos una habilidad.

Creación tecnológica: ¿somos presos de una paradoja?

La tecnología fue un producto creado por las mismas destrezas biológicas -físicas e intelectuales- que ahora estamos dilapidando. 

Entonces,

  • ¿Cuánto tiempo más podremos ser capaces de seguir creando tecnología con la misma eficiencia?
  • ¿La tecnología será en el futuro, autogenerada por las mismas máquinas?
  • ¿Esas máquinas, serán soberanas, para decidir qué tecnologías son buenas para el hombre y el medioambiente?
  • ¿Cuánta degradación biológica más podremos soportar antes de dejar de ser seres capaces de crear tecnología?

Hemos perdido el sentido común para la creación tecnológica. Energía humana interna – energía medioambiental externa: un equilibrio desafiante. En todo momento, una invención es un modo de regulación o modulación de nuestra energía interna con la energía exterior, disponible en el medioambiente. Toda materia es una forma de energía. Buscamos el menor gasto de nuestra energía y deberíamos intentar disminuir el uso o consumo de la energía o recursos del medioambiente. En ambos casos, estamos fallando. Si ponemos el foco en nuestra energía interior, veremos que estamos perdiendo capacidades biológicas esenciales para la creación tecnológica. Paralelamente, diluimos nuestra libertad individual: el límite de la búsqueda de la comodidad debe situarse en el riesgo de que las tecnologías arruinen nuestras capacidades biológicas.

La tecnología fue un producto creado por las mismas destrezas biológicas -físicas e intelectuales- que ahora estamos dilapidando. 

Si analizamos el supuesto de la energía exterior existente en el medioambiente, es claro que estamos destruyendo cantidades inmensas de materia y energía para que funcionen tecnologías que son una comodidad superflua o innecesaria.

A esta altura deberíamos preguntarnos

  • ¿Son imprescindibles la comunicación y las noticias instantáneas entre millones de personas?
  • ¿Qué cambia –salvo en supuestos de necesidad imperiosa de índole médica, de seguridad militar o judicial, climática o financiera- tener la comunicación diferida en el tiempo?
  • ¿Es necesario tener comunicaciones y noticias banales en todo momento y lugar?
  • ¿Urge gastar una cantidad sideral de energía para que una persona pida un plato de comida y se lo lleve a su casa otro ser humano en condiciones de precariedad laboral?
  • ¿Amerita gastar enormes cantidades de energía para mantener una app de citas en las cuales, como Nerón, por una foto das de alta o de baja a una persona, que puede estar a kilómetros de distancia y sólo mitigás la soledad mediante un chateo?

La Inteligencia Artificial, con su gigantesco consumo de energía y recursos, ¿tiene que estar al alcance de todos, incluso de niños y jóvenes hacen su tareas escolares con ella? La respuesta de todo esto es un no rotundo: hemos vivido miles de años sin comunicación instantánea y sin noticias, cocinando o yendo a buscar nuestra comida, conociendo amigos y parejas de manera presencial, sumando, restando, multiplicando, dividiendo, estudiando o escribiendo nuestras propias composiciones, narraciones o relatos.

El espejismo de las infinitas posibilidades al alcance de tu mano

La existencia de posibilidades infinitas asequibles al ser humano es una mentira del capitalismo de vigilancia. Jamás lograrás todo lo que tu deseo te pide. Las posibilidades son infinitas, pero tu cuerpo y recursos son finitos. El Aleph, hermosa metáfora anticipatoria del futuro, escrita por Jorge Luis Borges, no existe: no podemos ver todos los lugares y tiempos del mundo en un punto de un centímetro.

Hemos perdido el sentido común para la creación tecnológica. 

Carece de impacto alguno en tu vida recibir comunicaciones, noticias o información superflua de lugares donde no tenés afectos o intereses, excitar tus neuronas con dopamina sin motivo o fin. Nada significativo se puede hacer con esa información: ni cambiar nada en esos lugares, ni guardarla, porque no tiene ni importancia alguna.

Pero, este ingenioso mecanismo de hacerte creer en las posibilidades infinitas, sutilmente te va robando tu presente, tu aquí y ahora, te vacía de recuerdos y conocimientos verdaderos y necesarios. El capitalismo de vigilancia te necesita atento a las estupideces, para que, de esa forma, entregues tus datos dócilmente y pueda quedarse, de a poco, con tu perfil personal, con tu alma o identidad.

Algunos dilemas que nos plantea el uso negaentrópico de la energía

Es imprescindible bregar por conservar nuestras capacidades biológicas para el desarrollo creativo de la tecnología y del arte. El bucle de pasar de generación en generación los recuerdos y conocimientos guardados en nuestras memorias ha sido la forma en que la humanidad mejoró y evolucionó hasta nuestros días. Observar, percibir, experimentar, guardar en la memoria, recordar, con el recuerdo volver hacer desde el principio del ciclo, es nuestra forma de perfeccionarnos de forma soberana y libre. Entregarnos a la comodidad de la tecnología el resignar nuestro mundo a las máquinas y a la elite tecnológica-financiera que, por ahora, las maneja de forma imprudente.

Es imprescindible bregar por conservar nuestras capacidades biológicas para el desarrollo creativo de la tecnología y del arte. 

La vida y el crecimiento pasan por lo incómodo, lo esforzado, el sacrificio, lo complicado. La superación, con nuestra biología, de hitos físicos e intelectuales es lo que brinda sabor a la vida. Una vida solucionada por las tecnologías de las máquinas es una vida vacía. Crea un ser humano sin identidad. Lo reduce a una condición equiparable con un animal doméstico, con su pequeño territorio, comida y agua, pero sometido al dueño de casa, sin ninguna posibilidad de ser en el mundo por sí. Así te quiere tener el capitalismo de vigilancia, ese es su objetivo.

Desde el punto de vista del manejo de la energía y materia exterior, este sistema tecnológico causa estragos dado que, para mantenerlo en línea, se consumen cantidades inmensas de todo tipo de recursos: agua, metales, gas, petróleo y se explotan a millones de seres humanos que trabajan en forma precaria para sobrevivir.

Están desapareciendo los Polos Ártico y Antártico, glaciares, lagos, ríos, arroyos, selvas, bosques, corales. Miles de especies de plantas, animales e insectos, en tierra y mar, se han extinguido. Sólo la IA (sin contar aplicaciones de comunicación) va en camino de gastar el 10 por ciento de la energía mundial. El consumo necesario para mantener a las aplicaciones de servicios de traslado de comida en Argentina equivale al requerido por toda la población de Irlanda, o sea, 5 millones de habitantes según el propio GPT chat. Todo indica que podría desaparecer el 90 por ciento de las especies. Estás matando abejas, mariposas y colibríes por cortejar a una/o posible pareja en Europa que quizás nunca conozcas, o por pedir un sándwich de jamón y queso a tu domicilio, o hacer con IA tu trabajo de colegio o universidad.

El ecosistema funciona con todas las especies conviviendo en forma negaentrópica. Si el sistema tecnológico es totalmente entrópico o desequilibrante de nuestras capacidades biológicas esenciales y del medioambiente, el mundo irá directo a un colapso climático. Va sobrar estupidez humana y van a faltar recursos para mantener el sistema tecnológico.

El ecosistema funciona con todas las especies conviviendo en forma negaentrópica.

El orgullo de ser humanos

La potencia y sensibilidad de la biología humana todavía están muy por encima de las máquinas, a pesar de que nos hemos dedicado a sabotearla en vez de cultivarla. Todos debemos responsabilizarnos y ayudar, cada día, a recuperar el orgullo de ser humanos: observando, percibiendo, experimentando, guardando recuerdos y conocimientos, venciendo hitos físicos e intelectuales, por nuestros medios biológicos.

Sólo de esta forma podremos conservar la esperanza de un mundo mejor, más humano, menos maquínico, en el cual dejemos una huella imposible de imitar por un robot. Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Él no era una computadora o un teléfono inteligente, no creo que esté muy contento viéndonos adorar a estos artefactos que destruyen toda la belleza que plasmó en su creación.

Román Alberto Uez.

* Dr. Román Alberto Uez, Abogado, Magíster en Derecho Administrativo y Magíster en Tecnología, Políticas y Culturas.