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Violencia e intolerancia: ¿el nuevo rostro de nuestra convivencia?

Este año 2024 que acaba de terminar, hemos presenciado hechos de violencia como respuesta a la intolerancia en nuestra sociedad.

En las últimas semanas, dos episodios de violencia han puesto en evidencia el deterioro de la convivencia social: el asesinato de una persona por parte de un jubilado tras una discusión sobre el volumen de la música y otro caso en el que un jubilado amenazó con disparar si no dejaban de tirar pirotecnia. Estos hechos reflejan una preocupante tendencia hacia la resolución violenta de conflictos cotidianos.

 ¿Estamos normalizando la violencia como respuesta a la frustración en nuestra sociedad?

Factores contextuales

El incremento de la violencia está estrechamente vinculado a cambios estructurales en la sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estrés crónico derivado de la precariedad económica y la falta de apoyo social son factores de riesgo clave para conductas violentas

 ¿Estamos normalizando la violencia como respuesta a la frustración en nuestra sociedad?

Además, el debilitamiento de los lazos comunitarios y la desconfianza hacia los demás han reducido nuestra capacidad de gestionar conflictos de manera pacífica. La ausencia de mecanismos efectivos para la resolución de disputas exacerba esta tendencia.

Impacto de la cultura de la inmediatez

En la era digital, la cultura de la inmediatez desempeña un papel clave en la escalada de la intolerancia. La American Psychological Association (APA) señala que la constante exposición a redes sociales fomenta la impulsividad y disminuye la tolerancia a la frustración. 

Los entornos digitales, saturados de conflictos y polarización, no solo refuerzan actitudes hostiles, sino que también promueven comportamientos violentos en la vida cotidiana.

Cambio en los valores sociales

El individualismo exacerbado y la desvalorización de principios como la empatía y el respeto mutuo han modificado profundamente las dinámicas de convivencia. Según un estudio de la Universidad de Stanford, sociedades con mayores índices de desigualdad tienden a experimentar una erosión de los valores comunitarios, lo que aumenta la predisposición a resolver conflictos mediante la violencia.

Los entornos digitales,  no solo refuerzan actitudes hostiles, sino que también promueven comportamientos violentos en la vida cotidiana.

Relación entre la edad y la violencia

Resulta significativo que los perpetradores de los incidentes recientes sean jubilados, un grupo tradicionalmente asociado a un menor grado de violencia. Factores como el aislamiento social, la sensación de impotencia y las dificultades para adaptarse a los cambios sociales podrían estar contribuyendo a este comportamiento. 

En este sentido, la Fundación de Salud Mental del Reino Unido subraya que los problemas de salud mental no tratados en adultos mayores incrementan el riesgo de conductas impulsivas.

Comparación internacional

El fenómeno de la intolerancia y la violencia social no es exclusivo de un país:

  • Estados Unidos: según datos de Gun Violence Archive, disputas vecinales que escalan en violencia armada han aumentado un 15% en los últimos tres años. La combinación de polarización política y fácil acceso a armas de fuego convierte pequeños conflictos en tragedias letales.
  • Japón: aunque los índices de violencia vecinal son bajos, un informe del Ministerio de Justicia japonés destaca un ligero aumento en las quejas por disputas menores, principalmente en áreas urbanas, donde la densidad poblacional genera mayor estrés.
El individualismo exacerbado y la desvalorización de principios como la empatía y el respeto mutuo han modificado profundamente las dinámicas de convivencia.

El rol de las autoridades y escenarios futuros

Para mitigar el aumento de la violencia cotidiana, las autoridades deben actuar de manera decidida, es necesario:

  • Educación emocional: implementar programas comunitarios que enseñen herramientas para la resolución pacífica de conflictos.
  • Salud mental accesible: crear servicios gratuitos o subsidiados para tratar problemas emocionales y de comportamiento, especialmente en grupos vulnerables como adultos mayores.
  • Fortalecimiento de la cohesión social: fomentar actividades comunitarias que restauren la confianza y el sentido de pertenencia.

De no tomarse medidas, podríamos enfrentar una sociedad donde los conflictos cotidianos sean resueltos con violencia, agravando la desconfianza y debilitando aún más los lazos sociales.

Esto podría derivar en una mayor polarización social y un deterioro significativo de la calidad de vida.

Construyendo la paz desde nuestras acciones

La violencia y la intolerancia no son problemas aislados; son síntomas de un malestar social más profundo. Aunque la responsabilidad de generar cambios recae en gran parte sobre las autoridades, también debemos cuestionar nuestras propias actitudes y acciones en la construcción de una convivencia más pacífica. 

La solución comienza en el reconocimiento de nuestra capacidad para transformar nuestras comunidades.

Eduardo Muñoz.

* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral

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IG: @educriminologo