Es el 10 de diciembre, no el 24 de marzo
Jorge Enriquez rechaza el feriado del 24 de marzo y sostiene que el 10 de diciembre representa mejor democracia y derechos humanos.
Aislar el 24 de marzo como causa de todos nuestros males impide un análisis sereno de los acontecimientos históricos
Archivo.Desde que se estableció en el inicio del gobierno de Néstor Kirchner, me opuse a que el 24 de marzo fuera feriado. Nadie en su sano juicio puede albergar la menor simpatía por nuestra última dictadura militar. Todo golpe de Estado es siempre repudiable. Por ello resulta curioso que sea feriado una fecha considerada nefasta. En Alemania, por citar un ejemplo extremo, no es feriado el día en que Hitler asumió el poder.
La del 24 de marzo es una fecha divisiva
El kirchnerismo y la izquierda le asignan una interpretación que otros sectores políticos impugnan. Aquellos le confieren el carácter pomposo de exaltacion de “la memoria por la verdad y la justicia”. El énfasis puesto en ese golpe pareciera indicar que hasta marzo de 1976 la Argentina había vivido en una democracia plural y pacífica. Nada más alejado de la realidad.
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Habrá que recordar que nuestro país padeció muchas dictaduras, algunas de origen democrático. Que el terrorismo de estado no nació el día del último golpe, sino unos años antes, concebido, orquestado y ejecutado desde las entrañas mismas del gobierno peronista, con la “Triple A”, aquella organización dirigida por el tenebroso ministro de Bienestar Social de Cámpora, Perón e Isabel Perón, José López Rega, un oscuro excabo de la policía y secretario personal de Juan Domingo Perón. Que si bien la violencia con la que el Proceso de Reorganización Nacional acometió la lucha antisubversiva fue absurda y que el método de desaparición de personas fue cobarde y horrendo, esas prácticas fueron el corolario de décadas de desprecio por la legalidad y los valores constitucionales, y no un abrupto cambio de sentido en nuestra marcha histórica.
Nuestro país padeció muchas dictaduras
A los jóvenes que no vivieron esos años les resultará asombroso enterarse de que el golpe de 1976 fue recibido con indiferencia por unos y alivio por la mayor parte de la población. La imagen perversa que nos queda del Proceso es, como lo ha demostrado con su agudeza habitual Luis Alberto Romero, una construcción que se gestó a partir de la derrota de Malvinas. Durante más de medio siglo los argentinos nos acostumbramos a la alternancia de gobiernos de facto y de jure. Incluso, algunos de jure distaban de conformar una democracia plena, por la existencia de proscripciones. De ahí que no tenga sentido elegir una fecha entre tantas. Es cierto que los hechos que sucedieron durante el último gobierno de facto fueron mucho más graves que los ocurridos en anteriores ciclos militares, pero las circunstancias que precipitaron el alzamiento del 24 de marzo tenían también una gravedad singular.
Recordemos que los historiadores Carlos A. Floria y H. García Belsunce describieron así la situación previa al golpe: "Cada 15 minutos el conflicto bélico producía una víctima (...) el balance en la Argentina era de un muerto cada cinco horas y el estallido de una bomba cada tres horas (...) solo en el año 1976 al 22 de marzo habían sido asesinadas 1.358 personas, tres asesinatos cada dos días”.
Aislar el 24 de marzo como causa de todos nuestros males impide un análisis sereno de los acontecimientos históricos, del que podríamos extraer más enseñanzas que mediante la mecánica repetición de eslóganes. Por otro lado, la “memoria” impuesta oficialmente también obtura el riguroso conocimiento histórico, además de ser una indebida restricción a la libertad de expresión. Así, por ejemplo, la pretensión de que es un “negacionista” (y, en algunos casos, de que debe ser castigado) quien pone en duda la mítica cifra de 30.000 desaparecidos es absurda. Y no solo porque los casos registrados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), en plena democracia, era exactamente de 8961, sino porque se sabe que esa cifra fue postulada para hacer más visible en el exterior el reclamo de quienes buscaban a sus familiares o amigos. ¿Y si el análisis histórico condujera algún día a una cifra superior? ¿Cometería un delito quien no se aferrara a ese número redondo?
Lo que la conmemoración del 24 de marzo lleva implícito, aunque no se lo diga con todas las letras, es la reivindicación del terrorismo subversivo que fue respondido por el terrorismo de Estado. Por otra parte, el abusivo empleo de la palabra “memoria” es tramposo. La “memoria” es una versión histórica parcial, sesgada, que borra los matices y las complejidades, y que exonera de responsabilidad a la “juventud maravillosa” que en su afán idealista asesinaba alegremente a centenares de militares, policías, empresarios, sindicalistas y políticos.
No se trataba de ninguna “juventud maravillosa”, sino de personas que anhelaban la implantación de una dictadura de izquierda que ni remotamente portaba ninguna idea de derechos humanos, a los que consideraba una creación burguesa. Ojalá que el actual gobierno no caiga en el error de refutar esa versión sesgada de la historia con otra que subestime la gravedad de haber enfrentado al terrorismo con métodos violatorios del Estado de Derecho y atentatorios de la dignidad de la persona humana.
Lo opuesto a la violencia no es una violencia de otro signo
Del mismo modo que una injusticia no se remedia con otra. La verdadera contracara de la violencia irracional es la vigencia irrestricta de la legalidad. Por eso, es sumamente grave que haya militares presos sin pruebas claras en su contra o en condiciones inhumanas o con serias complicaciones de salud, a cuyo respecto ni siquiera se tiene en cuenta su avanzada edad.
Hay una fecha mejor que el 24 de marzo, si se quiere unir a los argentinos en un proyecto común: la del 10 de diciembre. Ese día de 1983 -que coincide además con el Día Internacional de los Derechos Humanos- inauguramos una democracia plena, que, llena de dificultades y desafíos, nos sigue rigiendo. El 10 de diciembre es una fecha de celebración para la democracia, la libertad y los derechos humanos, que nos cobija a todos, al margen de las desavenencias que nos suelen enfrentar cuando miramos para atrás.
* Dr. Jorge R. Enríquez, exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA
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