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El velero Caoba en la Isla Soledad y la misteriosa Isla Pepys

Una semana de estadía lleva el velero Caoba en las islas Malvinas, en el Atlántico sur y ya pensando la vuelta
El velero, al borneo frente a la ciudad Foto: Gentileza
El velero, al borneo frente a la ciudad Foto: Gentileza

Después de siete días el velero “Caoba” deja la bahía Stanley para iniciar un recorrido minucioso de la isla Soledad. Mientras tanto nosotros rememoramos la historia de una isla fantasma. Tras, la extenuante travesía desde Mar del Plata, en la que los tres tripulantes del velero de 15 metros navegaron, en condiciones meteorológicas a veces muy rigurosas, más de 1200 millas náuticas, barco y gente se tomaron el merecido reposo.

En consonancia con el espíritu que se planteó el capitán Sigfrido Nielsen para este periplo: tender vínculos que contribuyan a una convivencia armónica con los isleños, las autoridades locales recibieron al Caoba con una decidida predisposición colaborativa. Al respecto, Nielsen pidió expresamente dejar sentado su agradecimiento a Christ Moorey, y Francis Hart, autoridad portuaria y de migraciones, respectivamente.

El Caoba en el muelle de la bahía Stanley.

La Prefectura local, ni bien hubo espacio habilitó en el muelle principal, un sitio de amarre para el Caoba en reemplazo de la boya en que estuvo al borneo los primeros días. Y la noche del miércoles la tripulación y las autoridades locales compartieron una cordial comida, rarificando que los hombres de mar conforman una cofradía universal.

Ese mismo día nuestros navegantes habían hecho, a modo de peregrinación, la caminata de nueve kilómetros hasta Mount Longdon, para honrar a nuestros caídos en el escenario de uno de los capítulos finales de la guerra.

El velero, al borneo frente a la ciudad

Alejandro Diego, ex combatiente y uno de los tripulantes del Caoba, recordó que a pesar de la fiereza con la que se peleó, fue una guerra con códigos, excepto situaciones aisladas. Y agregó “Tenemos que honrar a nuestros muertos, de ambos bandos, evitando reclamos que puede terminar en otra guerra, y tratando de llegar a un punto donde no sea Todo o Nada, sino algo intermedio, que seguramente pueda existir”

Rememoró, con sentimientos encontrados su estada en Stanley (así, con el nombre que le quedó grabado para siempre)antes de embarcarse en el ARA Bahía Buen Suceso, su destino en la contienda de 1982. De ello nos contará en forma personal dentro de poco cuando este cronista embarque en el Caoba.

Los tripulantes del Caoba en el monte Longdon

 

La dureza del clima obligó a posterga la zarpada hasta el viernes, cuando el Caoba partió con rumbo a Darwin, un puerto natural al fondo del Seno Choseul distante unas 60 millas. Será el tema de la próxima nota. Mientras tanto viene a cuento (apropiada introducción, como se verá) de una historia que nunca lo fue.

Corría el siglo XVII cuando aparece la isla Pepys, llamada también Pepina, que se suponía ubicada a unas 230 millas al norte de las Malvinas. Fue reportada por primera vez por el británico Ambrose Cowley en diciembre de 1683, tras su circunnavegación del planeta con el barco Bachelor's Delight .

Isla Pepys en un mapa del s XVIII

Se documentó en las cartas, existen cuarterones que las describen y crónicas muy precisas que la alaban. Casi un siglo después José Antonio Puig al mando de “La Catalana” una fragata fletada por la Real Compañía de Barcelona que había zarpado de la isla Soledad dijo ver tierra en las coordenadas de la misteriosa Pepys. La bautizó como Isla Catalana.

Cuando la noticia llega a Buenos Aires, el virrey Juan José de Vértiz ordena al teniente de navío Manuel Pando a salir a buscarla. El bergantín San Rafael recorre minuciosamente la zona pero la isla fantasma no aparece…Hasta ahora.

La isla Pepys.

La derrota del regreso del Caoba a Mar del Plata coincide con la zona de la búsqueda. Será de acá a veinte días. Estaremos muy atentos.

Carlos María Pinasco, consultor de arte.

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