Convivencia familiar en vacaciones: cómo prevenir conflictos y fortalecer vínculos
Durante el año activo y lectivo todos los integrantes de una familia tienen actividades programadas: uno o más trabajos, tareas del hogar, escuela, consignas, deportes, actividades extracurriculares… el tiempo está pautado por el “deber hacer”. Al llegar las vacaciones, nos encontramos con la posibilidad de “deber ser” y compartir. Esto no siempre es bien aprovechado ni se tiene en cuenta, de modo que se buscan opciones vacacionales con actividades para toda la familia, casi siguiendo la misma pauta que durante el año de actividades rutinarias, cambiando la “escenografía” pero perpetuando cierta alienación. Si tomamos el receso vacacional como una oportunidad para el encuentro y el reconocimiento mutuo, podremos capitalizar la experiencia de una manera mucho más enriquecedora.
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Si entendemos a la familia como un contexto convivencial en el que se transmiten creencias, saberes y valores y que, además, es agente intermediario entre la persona y la sociedad, podemos entender la importancia de prestar atención a qué hacemos y cómo somos en ese tiempo compartido.
En este sentido, Álvarez Muñoz, Hernández Prados y Belmonte realizaron en 2023 un estudio sobre el ocio familiar desde la perspectiva de los progenitores. La investigación tenía como objetivo explorar las actividades familiares que ayudan a que el tiempo de ocio compartido sea revalorizado como una oportunidad de encuentro lúdico educativo, profundizando el diálogo y tomando conciencia acerca de la microcultura familiar que se pone en juego en cada hogar. El estudio realizado obtuvo resultados que llaman la atención: las actividades compartidas por las familias incluyen ver la televisión, encontrarse para los almuerzos, meriendas y/o cenas y algunos deportes incluyendo actividades acuáticas compartidas. Además, se encontró que en los hogares que cuentan con más de 100 libros en sus bibliotecas, las actividades de ocio son más variadas que en aquellos hogares con menor cantidad de libros.
Para entender esta tendencia, conviene pensar en el concepto de ocio: en las sociedades industriales el ocio fue considerado como improductivo, hoy esto se está modificando poco a poco y lentamente, considerando al ocio como un derecho universal que deriva en calidad de vida y autorrealización. Así, el ocio familiar compartido puede entenderse como una instancia a la que se debe prestar especial atención.
Sucede que al llegar el receso vacacional cambia nuestro uso del tiempo y el espacio personal y compartido, independientemente de si hay una planificación de vacaciones fuera del hogar o no. Esta modificación lleva a que nos encontremos con posibles actividades para las que no tenemos entrenamiento: se exige a los más chicos leer, compartir espacios de juego y conversaciones que durante el año no están disponibles. Los adultos también poco a poco pierden estas habilidades socioemocionales por sus rutinas laborales, necesitando espacio personal que excluye a los más chicos del ocio compartido.
Para prevenir estos desencuentros y hacer un uso racional y efectivo de las vacaciones compartidas minimizando los conflictos, la planificación es la mejor opción: dos meses antes del receso vacacional se puede instalar en la mesa familiar el tema de conversación respecto de las actividades deseadas y propuestas por los diferentes integrantes, de modo de ir acopiando los recursos necesarios para llevarlas a cabo. También puede instalarse en las costumbres familiares, por ejemplo, un día de juegos de mesa, un día de lectura, un día de orden de espacios personales, un día de cine, etc… De este modo se entrenan actividades que se convierten en pasatiempos deseables de ser llevados a cabo al contar con el tiempo disponible que brindan las vacaciones y luego poder sostenerlos durante el resto del año.
Otras actividades como la preparación de los alimentos en familia, el hacer las compras, mirar fotos familiares, el relato de recuerdos, jardinería, realizar actividad física conjunta, asistir a actividades comunitarias, llevar a cabo acciones solidarias son algunos ejemplos de actividades a realizar para fortalecer los lazos familiares, reconocerse mutuamente, crear una cultura familiar acorde a la identidad de todos los integrantes y, por sobre todo, pasar unas vacaciones plenas que se conviertan en un agradable recuerdo en la historia personal.
* Anabella Serventi, Lic en Psicología MN 76890