Cada vez más docentes buscan un empleo paralelo: "Gano lo mismo o incluso más"
La vida laboral de los docentes en Mendoza ya no se limita a solo dar clases. La difícil situación económica que atraviesan muchos de ellos los ha obligado a, más allá de su pasión por la enseñanza, buscar trabajos paralelos para complementar sus ingresos. Esto implica jornadas laborales agotadoras y escaso tiempo libre.
En esta nota, conocemos las historias de tres trabajadoras de la educación que, pese a tener cada una un contexto diferente, todas comparten una misma realidad: los sueldos actuales no alcanzan y deben diversificar sus esfuerzos para cubrir los gastos del día a día.
María: "Diez mil pesos hacen la diferencia para llegar a fin de mes"
María trabaja como auxiliar en un Centro Educativo de Primera Infancia (CEPI) desde hace un año. Si bien, en su caso, su ingreso mensual es comparable al de una docente, la necesidad de complementar su sueldo la llevó a mantenerse en un negocio paralelo. Desde la pandemia, María comenzó a vender productos por catálogo cuando su novio se quedó sin trabajo, y aunque ella luego consiguió un puesto en el CEPI, donde trabaja 7 horas diarias, nunca dejó su actividad paralela.
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"Entiendo que la pregunta es por qué seguí vendiendo después de conseguir trabajo. La verdad es que ya tenía algunos clientes fijos, aunque fueran pocos, y además ese ingreso, por mínimo que sea, ayuda a fin de mes", explicó. Para ella, este ingreso adicional, aunque sea de solo $10.000 o $20.000, puede hacer la diferencia. “A veces, me pagan un pedido por adelantado, y con eso cubro los gastos hasta el cobro de mi sueldo”.
María vive junto a su pareja y su madre en la casa de esta última, y aunque no pagan alquiler, la situación económica es complicada. Con una hija pequeña y los gastos que eso implica, asegura que es difícil mantener un hogar con su sueldo y el de su novio, por lo que no pueden permitirse alquilar su propio hogar. “Con lo que ganamos y los gastos de mi hija, no podríamos irnos a vivir solos”, comentó. "Ir al supermercado y gastar $60.000 para que te alcance para una semana y media es bastante difícil. Hemos tenido que ir ajustándonos, tratando de sobrellevar la situación lo más posible, pero con los tres sueldos juntos. O sea, la jubilación de mi madre y los dos sueldos, porque sino se nos haría imposible”.
Miriam: "Me rompo el alma de lunes a lunes"
Miriam, docente de nivel inicial con 15 años de experiencia, encontró una solución para generar ingresos adicionales trabajando en un restaurante los fines de semana. “Comencé hace un año y medio. Un amigo que administra el lugar me permitió adaptar mis horarios escolares para poder trabajar”, comentó.
Este segundo empleo es una necesidad para Miriam, quien busca ahorrar y cumplir ciertos objetivos, algo que con su sueldo de docente no es posible. Su sueldo ronda los $475.000, sin embargo, si trabaja doble jornada, es casi el doble. “Me rompo el alma de lunes a lunes, no tengo un día de descanso. Dejé mi vida social y vacaciones para poder estar al día con los compromisos y gastos fijos mensuales”.
Si bien su jornada como docente es de 3 horas y 20 minutos al estar en nivel inicial, Miriam trabaja en el restaurante los fines de semana, feriados y días festivos de mucha demanda para alcanzar objetivos como ahorrar o mejorar su calidad de vida, teniendo que renunciar a partes importantes de su vida personal, un costo que parece ser inevitable para muchos docentes mendocinos.
Andrea: “Gano más vendiendo que como docente”.
Andrea, docente de secundaria, se encuentra en una encrucijada similar. A lo largo de su carrera, trabajó en diferentes niveles educativos, incluyendo un terciario que cerró, lo que significó una pérdida de ingresos importante para ella. Con 36 horas semanales, Andrea contó que, pese a su dedicación, el sueldo docente no es suficiente para vivir, y que comenzó a vender productos como una manera de compensar esa falta.
Después de años dedicados a la docencia, una crisis la llevó a buscar nuevas formas de ingreso. “Pensé que en mi vida solo iba a ser docente, pero me resultaba muy poco gratificante ganar tan poco con tanto esfuerzo”.
Andrea empezó vendiendo productos de la marca Vitnik, descubriendo una nueva habilidad que no sabía que tenía: la capacidad de vender. "Me di cuenta de que tenía pasta para esto. Con la venta directa, llegué a fin de mes más relajada y hasta pude permitirme vacaciones con lo que gané entre septiembre y diciembre", explicó.
“Con los años apareció Essen, que también fue así. Me invitaron a un taller, necesitaban una sartén y dije, bueno, si vendo Vitnik, ¿por qué no voy a vender Essen? Que son dos marcas que se venden por sí solas porque la gente las conoce. Hay meses en los que gano lo mismo que con mi sueldo docente, alrededor de $400.000 o incluso más”, afirmó.
Con dos fuentes de ingresos, Andrea encontró una manera de enfrentar la crisis económica, aunque no sin esfuerzo. “El año pasado, gracias a las ventas, pude ir al supermercado más relajada”, dijo. Pero este alivio llega con un alto costo: una vida laboral doble, donde la docencia ya no es suficiente para sostener una vida digna.
Un denominador común: el salario docente no alcanza
Las historias de María, Miriam y Andrea no son casos aislados. Cada vez más docentes se ven obligados a reducir gastos y a buscar alternativas laborales. La necesidad de equilibrar sus responsabilidades educativas con trabajos adicionales llevó a muchos a sacrificar su tiempo libre, su salud y su bienestar.
El esfuerzo de estas mujeres, que enfrentan la doble carga de educar a las futuras generaciones mientras buscan nuevas formas de generar ingresos, refleja la gravedad de la situación económica. El salario de los docentes en Mendoza siempre ha sido motivo de controversia, sobre todo con la caída del 27,9% que tuvo entre junio de 2023 y junio de 2024. Historias como las de María, Miriam y Andrea son un reflejo de que la docencia ya no es solo una vocación, sino un trabajo que, tristemente, no puede sostenerlas sin una ayuda extra.


