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Inteligencia artificial en educación: cómo aplicar la tecnología de una forma humana

La creciente integración de la Inteligencia Artificial en la educación tiene su impacto en los procesos de enseñanza y aprendizaje, sus fortalezas y sus limitaciones.

Durante mi adolescencia, tuve la suerte de disfrutar de una variedad de historias que me sumergieron en mundos fascinantes. Desde cómics como Cybersix, El Eternauta y Slot Barr, hasta películas icónicas como Terminator, Blade Runner y Alien: el octavo pasajero, sin olvidar libros de ciencia ficción como I, Robot, Neuromancer o 2001: Odisea del Espacio. En aquellos tiempos, toda relación con la Inteligencia Artificial (IA) no era más que pura magia y fantasía, como lo son hoy en día una historia de dragones o de viajes interestelares. 

En los últimos cinco años, la inteligencia artificial a emergido como una herramienta que revolucionó múltiples ámbitos, incluyendo a la educación. Lo que antes no era más que meras proyecciones fantásticas y futuristas, propias de las más creativas mentes artísticas, hoy se ha convertido en una realidad palpable: la inteligencia artificial se está integrando cada vez más y de manera exponencial a los procesos educativos, ofreciéndonos nuevas formas de aprender y enseñar. Frente a esta vertiginosa situación pedagógica, a los docentes nos cabe ese viejo dicho popular que dice: “no te resistas que es peor”. 

A los docentes nos cabe ese viejo dicho popular que dice: “no te resistas que es peor”. Foto: Santiago Tagua/MDZ

Ahora bien, este avance tecnológico plantea interrogantes sobre el papel insustituible del docente humano y las limitaciones que la inteligencia artificial aún enfrenta. En esta nota vamos a analizar las fortalezas y debilidades actuales de la educación asistida por inteligencia artificial en comparación con la educación tradicional, explorando las posibilidades de una integración efectiva que potencie el aprendizaje sin sacrificar los valores esenciales de la enseñanza humana.

  • Todo lo que analicemos hoy sobre inteligencia artificial, en un par de meses será obsoleto.
  • Cuando nos referimos al docente humano, proponemos un modelo ideal, así que “Quien no sembró, no espere cosecha” y “inteligencia artificial que le quepa el sayo, que se lo ponga”.

La empatía y la conexión emocional todavía es una capacidad única del ser humano. Uno de los argumentos más recurrentes que surge cuando se abre el debate sobre el papel de la inteligencia artificial en la educación, es la falta de empatía. Los docentes humanos no solo imparten conocimientos, sino que también crean un entorno emocionalmente seguro para sus estudiantes. La empatía y la conexión emocional permiten al docente comprender las dificultades de los alumnos, sus inquietudes personales y sus motivaciones. Esta dimensión de la enseñanza facilita la construcción de relaciones de confianza, lo que en muchos casos es clave para un aprendizaje exitoso.

Los docentes humanos no solo imparten conocimientos, sino que también crean un entorno emocionalmente seguro para sus estudiantes.

Por otra parte, actualmente la inteligencia artificial puede generar respuestas simuladas que imitan el tono emocional, sin embargo, carece de la capacidad de experimentar y comprender emociones humanas genuinas. Al intentar replicar la empatía, los algoritmos detrás de la inteligencia artificial procesan patrones de lenguaje y datos contextuales, pero la interacción carece de la autenticidad que caracteriza a la relación entre personas. Esto plantea un desafío en contextos educativos, ya que la enseñanza efectiva no se limita a la transmisión de información; sino que también implica un proceso de acompañamiento emocional, algo en lo que los seres humanos tienen una ventaja natural.

Ahora bien, a pesar de esta limitación, es importante señalar que el vínculo emocional no es siempre un requisito indispensable para el aprendizaje. En ciertos contextos, las personas pueden aprender de manera efectiva sin la necesidad de una relación emocional cercana con el docente. Por ejemplo, esto se observa en las actuales plataformas de aprendizaje en línea, donde los estudiantes adquieren conocimientos de manera autónoma, con mínima o nula interacción humana. En estos casos, la retroalimentación precisa y personalizada que puede ofrecer la inteligencia artificial resulta altamente útil, aunque la cuestión de la empatía queda en segundo plano.

la IA a emergido como una herramienta que revolucionó múltiples ámbitos, incluyendo a la educación.

La capacidad de la inteligencia artificial para procesar grandes cantidades de datos permite un mejor análisis contextual. Uno de los argumentos clave a favor de la inteligencia artificial es su capacidad para manejar grandes volúmenes de información y analizar múltiples variables simultáneamente; lo que le brinda una considerable ventaja en ciertos aspectos respecto del docente humano. En una clase tradicional, el profesor basa su “comprensión del contexto” de sus estudiantes en la observación directa y las interacciones personales. Estos elementos proporcionan pistas sobre el bienestar emocional y el nivel de comprensión de cada alumno. No obstante, un docente humano está limitado por su capacidad cognitiva para procesar grandes cantidades de información en tiempo real.

La inteligencia artificial, por su parte, podría procesar una mayor cantidad de datos contextuales si los sistemas educativos permitieran, por ejemplo, acceder a la información de las redes sociales de los estudiantes o a la interpretación de patrones de comportamiento a través de sensores como cámaras y micrófonos (siempre con el consentimiento y dentro del marco ético). Esta inmensa cantidad de datos permitiría a la inteligencia artificial ofrecer una respuesta más precisa y adaptada a las necesidades individuales de cada sujeto. Un docente humano, en contraste, estaría limitado a su observación directa, muchas veces “subjetiva”, y a su capacidad de analizar múltiples factores al mismo tiempo.

Pese a esto, surgen cuestiones éticas y de privacidad que no pueden ser ignoradas. El acceso a datos privados de los estudiantes podría implicar una invasión a su vida personal y existe el riesgo de que los sistemas de inteligencia artificial, a pesar de ser avanzados, perpetúen sesgos que afecten negativamente a ciertos grupos. Por lo tanto, si bien la inteligencia artificial tiene un potencial considerable para analizar el contexto de manera más detallada que un ser humano, es imprescindible que se establezcan marcos legales y éticos claros para proteger a los individuos.

La capacidad de la IA para procesar grandes cantidades de datos permite un mejor análisis contextual. Foto: MDZ.

La creatividad y la innovación aún son activos insustituibles del docente en el acto de enseñar. En esencia, la enseñanza es un proceso creativo. Los maestros, a través de su experiencia y conocimiento, son capaces de encontrar métodos innovadores para transmitir información de una manera que capte la atención de sus estudiantes. Cada clase, cada lección, es una oportunidad para que el docente use su creatividad y se adapte a las necesidades académicas de los alumnos, ya sea mediante actividades interactivas, ejemplos prácticos o la adecuación de los contenidos al contexto de los chicos. La creatividad del docente es clave para fomentar la motivación y el interés en el aprendizaje.

Por otro lado, la inteligencia artificial, aunque pueda procesar enormes cantidades de datos y adaptar ciertos métodos de enseñanza a los resultados obtenidos previamente de cada estudiante, aún sigue limitada por los algoritmos con los que ha sido programada. Si bien logra generar soluciones a partir de patrones de datos, no posee la capacidad de innovar de manera espontánea o de proponer nuevas formas de enseñar que no hayan sido previamente codificadas en su sistema. Dicho de otra manera, la inteligencia artificial aún carece de la intuición y la capacidad de improvisar, características que definen el proceso creativo humano.

No obstante, es importante destacar que los avances en inteligencia artificial están permitiendo el desarrollo de herramientas que ayudan a los docentes a ser más creativos. La inteligencia artificial puede generar nuevas ideas, proponer actividades e incluso ayudar a diseñar propuestas pedagógicas personalizadas, pero aún no tiene la capacidad de reemplazar completamente la creatividad humana en el aula.

La creatividad y la innovación aún son activos insustituibles del docente en el acto de enseñar.
Foto: MDZ.
  • El rol del docente humano en el desarrollo de habilidades sociales:

Un aspecto central de la experiencia educativa es la interacción social. Las aulas no son únicamente espacios donde se imparte conocimiento académico, sino también ambientes donde los estudiantes desarrollan habilidades interpersonales como la cooperación, la resolución de conflictos y la comunicación efectiva. Los docentes humanos juegan un papel fundamental en este proceso, ya que son mediadores en las dinámicas grupales y fomentan un ambiente de respeto y colaboración entre los estudiantes. Además, tienen la capacidad de identificar conflictos o problemas sociales dentro del aula y abordarlos de manera adecuada.

La inteligencia artificial, por el momento, carece de las competencias necesarias para mediar en situaciones sociales complejas o para promover un desarrollo integral de estas habilidades en los estudiantes. Si bien es viable pensar que los sistemas de inteligencia artificial en el futuro adquieran la capacidad de facilitar interacciones virtuales entre estudiantes, estas aún se encontrarán limitadas por la falta de una comprensión profunda de las emociones y los matices culturales/axiológicos de la sociedad. Las habilidades sociales no se aprenden simplemente mediante la transmisión de reglas o directrices, sino a través de la práctica y la interacción genuina, elementos que dependen de la presencia humana. Ya lo decía Santos Guerra que es probable que los chicos adopten las concepciones, actitudes y comportamientos de sus maestros, ya que no solo aprenden de ellos, sino que también los aprenden a ellos, tomándolos como modelos a seguir.

En conclusión, aunque la inteligencia artificial esté transformando la educación de manera extraordinaria, no se puede reemplazar completamente a los docentes humanos. La inteligencia artificial puede ofrecer personalización, eficiencia y acceso a recursos, pero carece de la capacidad para conectar con los estudiantes a un nivel emocional, social y ético. Los maestros aportan a la educación cualidades esenciales como la empatía, la creatividad y la capacidad de improvisación, que son vitales para un aprendizaje complejo y para el desarrollo integral de la persona.

Cristián Expósito.

* Dr. Cristian Expósito, doctor en educación - investigador en Conicet.