Zona Malvinas parte 1: la flota, el amigo invisible, Angola y una operación secreta
Corría 1982, la guerra fría entre los países integrantes de la OTAN y los países integrantes del Pacto de Varsovia se encontraba en su apogeo, por lo tanto, cualquier conflicto en el que alguno de sus integrantes se involucrara, automáticamente despertaba el interés de su oponente. Y mientras estos gigantes medían sus fuerzas en silencio y en secreto, el mundo prestaba atención a la guerra entre Irán e Irak que llevaba poco más de un año (terminaría recién en 1988) y en donde los dos grandes bloques mundiales también jugaban algunas fichas.
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Un escalón más abajo, pero no menos importante, la opinión pública mundial también prestaba atención a las actividades terroristas del IRA en Irlanda, de ETA en España, de las FARC en Colombia, y de guerras civiles como las de Angola y Uganda en África, y las de El Salvador y Guatemala en América.
Así las cosas, en abril de ese año estalló un conflicto completamente imprevisto para la mayor parte del mundo. Buena parte del planeta se enteró de la existencia de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur (incluido un porcentaje importante de británicos).
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Este enfrentamiento fue conocido como “La Guerra de las Malvinas”, aunque sería mucho más preciso referirse a los hechos bélicos ocurridos entre Argentina y Gran Bretaña entre abril y junio de 1982 como “Conflicto del Atlántico Sur”, ya que no solo se combatió en Malvinas, sino que hubo enfrentamientos o situaciones de conflicto también en las Georgias del Sur y en la isla Morrell, parte del grupo Thule, en las Islas Sandwich del Sur.
La cantidad e importancia de acontecimientos ocurridos en y alrededor de las Islas Malvinas justifican el foco de atención, pero como en las grandes pinturas, si logramos abstraernos de la escena central y observamos con detenimiento y atención, de a poco iremos descubriendo una segunda, o diferentes escenas que van transcurriendo en paralelo.
¿Qué pasaba alrededor de las Islas Malvinas en esos meses de 1982? ¿Qué podemos ver si por unos instantes dejamos de lado los hechos principales?
Isla de Ascensión
Se trata de una isla volcánica en el medio del Océano Atlántico, a mitad de camino entre América y África. Fue descubierta en 1501, pero permaneció deshabitada hasta 1815 cuando un pequeño destacamento británico fue establecido. Alojaría a una guarnición de la Royal Navy que daría apoyo a la Isla Santa Elena en su misión de mantener prisionero a Napoleón. La Isla Santa Elena, Ascensión y Tristán da Cunha son un grupo de tres territorios británicos de ultramar en el Atlántico Sur con cabeza administrativa en Santa Elena (cualquier parecido con un plan estratégico cuidadosamente ejecutado a lo largo de los siglos es pura coincidencia).
Volviendo a 1982, todos los grupos de embarcaciones que conformaron la Task Force 317 británica partieron en su mayoría de puertos británicos, pero algunos vinieron del Mediterráneo o del mar Caribe, en donde se encontraban haciendo ejercicios navales de entrenamiento, pero todos hicieron previamente una escala en Ascensión, en donde fondearon (no cuenta con un puerto con grandes muelles) para reaprovisionarse, y en el caso de transportes de tropas, para que los hombres bajen a tierra y hagan breves entrenamientos (no contaban con instalaciones para alojarlos).

La isla cuenta con un aeropuerto (Wideawake) operado por los EEUU, que pasó de atender un vuelo semanal, a lidiar con 400 operaciones diarias durante la guerra. Parte de la carga de los buques y sus provisiones fue enviada vía aérea a Ascensión, días después de su partida. Esta pista aérea fue base de los bombarderos Vulcan que ejecutaron las operaciones Black Buck, y de los Víctor que los reabastecieron de combustible en vuelo. También fue base para los Nimrod que hicieron exploración lejana en el océano, de los Hércules británicos que arrojaron carga a la flota y hombres de las tropas especiales, de cazas Phantom GR2 que brindaron cobertura aérea a la isla, y de Harriers GR3 de la RAF que permanecieron en Ascensión complementando a los Phantom, y otros solo hicieron escala para seguir hasta los portaaviones.
La Flota en altamar
Cuando Argentina recupera lo que es suyo mediante la Operación Rosario, el Reino Unido dejaría en claro que las negociaciones diplomáticas no serían el camino para resolver el conflicto (¿Lo tendrían “previsto”? Existe documentación al respecto, pero esa es otra historia) y alistaría en tiempo récord una poderosa flota que debería enfrentarse no solo con su enemigo argentino, sino con el desafío de llevar adelante sus operaciones en alta mar, sin tocar tierra firme, salvo excepciones, por casi 100 días.
Hasta nuestros días se sigue leyendo y escuchando en los distintos relatos hablar de “La Flota” como si hubiera sido una unidad compacta. Se sabe que estaba formada por más de 100 unidades de superficie de distintos tipos, y 5 submarinos, 4 de ellos propulsados por energía nuclear. Sin embargo, dicha flota no se movió como un bloque, y fue llegando a la zona del conflicto en distintos grupos.
Su misión fue desde el principio y claramente, estar lista para reconquistar la colonia perdida. Para lograrlo debían estar en zona cuanto antes y preparada para entrar en acción ante la primera orden. Al mismo tiempo y mientras la diplomacia negociaba, que la flota estuviera en zona representaba un formidable factor de presión.
El plan de acción para lograr el objetivo, si finalmente las acciones bélicas serían el camino, se denominó Operación Corporate, y “la flota” se identificó como la Task Force 317.
Los primeros en zarpar, y llegar, fueron los submarinos nucleares, capaces de navegar a mayor velocidad y con su característico sigilo. En particular, el HMS Spartan partió el 1 de abril (cuando la inteligencia británica no tuvo dudas de la operación de recuperación) y arribó alrededor del 11 de abril para realizar tareas de reconocimiento y patrullaje, y asegurar la zona de exclusión. El HMS Splendid partió el 2 de abril con la misión de buscar al portaviones argentino ARA 25 de Mayo, y el HMS Conqueror el 4 de abril para buscar objetivos rentables de la flota argentina (hundiría al ARA General Belgrano el 2 de mayo).

El primer grupo de “barcos de guerra” que arribó a fines de abril a la zona fue el denominado Carrier Battle Group, compuesto por los 2 portaviones (por eso Carrier), el HMS Hermes y el HMS Invincible, y todo su sequito de destructores y fragatas que cumplirían la doble función de brindar protección antiaérea a los dos portaviones, y desprenderse del grupo para realizar misiones de bombardeo a tierra. Este grupo al igual que los demás, se completaba con un gran número de buques de apoyo logístico que los aprovisionaban de combustible, alimentos, armas, equipamiento, y mantenimiento y reparaciones de todo tipo en alta mar, incluyendo remolcadores y barreminas. Se estima que la Task Forec 317 desplegó aproximadamente 33 buques de guerra y más de 70 de apoyo. Estos números dejan en claro la importancia que en toda guerra tiene la logística.

Algunos destructores y fragatas de este grupo se adelantaron al resto (Advanced Group), y un destructor y dos fragatas, junto al rompehielos Endurance, participaron de la operación Paraquat, que entre el 25 y 26 de abril reconquistó para el Reino Unido a las Georgias del Sur. El Endurance era una vieja embarcación que sería raleada del servicio en poco tiempo, su base habitual era la capital de las islas, pero ante la crisis de las Georgias había partido hacia allí, por lo que no se encontraba en zona el 2 de abril.
Varios días después, alrededor del 15 de mayo (la guerra, con acciones bélicas comenzó el 1 de mayo), arribó a la zona el segundo gran grupo de embarcaciones, el Amphibious Group, que como su nombre lo indica, transportaba a las tropas de la 3ra brigada que desembarcarían en la Bahía de San Carlos. Estaba compuesto principalmente por buques de transporte de tropas (5) y sus fragatas protectoras (3), buques de desembarco (6), y dos naves de asalto anfibio, el HMS Fearless y el HMS Intrepid, unidades claves para llevar a cabo el desembarco de tropas que comenzaría el 21 de mayo y se prolongaría durante unos 7 días.

Por último, un tercer grupo arribó a fines de mayo denominado Bristol Group, compuesto por 2 destructores, 5 fragatas y 2 buques de apoyo, junto a los transportes que traían a la 5ta Brigada.

Trala y Red Cross Box
Esta enorme cantidad de embarcaciones en sus distintos grupos, fueron tomando diferentes posiciones entre el noreste, este y sudeste de las islas a lo largo del conflicto, y como es de imaginar hubo zonas de reunión, de espera, de reagrupamiento, etc.
También hubo dos zonas especiales por sus funciones. Una de ellas se denominó Trala que significa Tug, Repair and Logistics Area (Area de remolque, reparación y logística) adónde entraban y salían constantemente diferentes unidades con daños que pudieran ser reparados en altamar, y para distintos tipos de abastecimiento. Esta zona se encontraba al noreste de las islas, fuera del alcance de los aviones de la Fuerza Aérea Argentina y de la Aviación Naval. Su ubicación en el mapa no es tarea sencilla ya que no estuvo siempre en una posición fija.

La otra zona especial se denominó Red Cross Box (Caja de la Cruz Roja, o no tan literal, Zona de la Cruz Roja). Esta zona se encontraba al norte de las islas y fue muy especial porque allí tomaron contacto frecuente el buque hospital británico HMHS Uganda y los buques ambulancia Hydra, Herald y Hecla con el transporte polar argentino ARA Bahía Paraíso, transformado en buque hospital para intercambiar heridos y también insumos vitales.
Angola
Luanda es el nombre de un aeropuerto en Angola que fue base del 392° Regimiento Aéreo Independiente de Reconocimiento a Larga Distancia de la Armada Soviética. Como mencioné anteriormente, ante operaciones bélicas de cualquiera de los bandos, el otro hacía todo lo posible por espiar y obtener información de sus medios y sus procedimientos.

Esta base soviética en Angola albergaba aviones Tupolev TU-95RTs (nombre en código para la OTAN “Bear D”). Estos Osos eran viejos bombarderos estratégicos, devenidos en exploradores de largo alcance gracias a sus poderosos cuatro motores, autonomía y a su equipamiento electrónico de radares y sensores diversos. Las unidades de la versión RTs pertenecían a la Armada Soviética, por lo que su tripulación contaba con el ojo entrenado en reconocimiento de embarcaciones y submarinos.

Desde 1977 llevaban a cabo rutinarios vuelos de exploración relevando el tránsito mercante que usaba al Cabo de Buena Esperanza como pasaje entre los océanos Atlántico e Índico, pero en abril de 1982 su tranquilidad rutinaria se rompió cuando recibieron órdenes de seguir a la flota británica tanto al pasar hacia el sur, como al volver hacia el norte. Su cobertura fue eficiente y lograron numerosas imágenes a muy corta distancia. Fueron interceptados en varias ocasiones por los Phantom basados en Ascensión, pero sin ningún incidente reportado.

Los soviéticos también contaban con su enorme flota mercante diseminada por todo el mundo, y el Atlántico Sur no era una excepción. Al ser estatales, los buques mercantes casi siempre llevaban a bordo a uno o más oficiales de inteligencia. Estos barcos lograron considerables acercamientos a la flota británica, en especial en su paso por Ascensión.
También las costas occidentales africanas fueron escenario de la navegación de un grupo de batalla de la Armada Soviética compuesto por cinco naves con el crucero portahelicópteros Movska como nave insignia, sus escoltas y un buque logístico. El Movska contaba con un grupo aéreo embarcado de 14 helicópteros. Tocaron los puertos de Lagos en Nigeria, Luanda en Angola y Point Noire en el Congo. También se cree que uno o tal vez dos submarinos soviéticos patrullaron el Atlántico Sur. Si bien no existe confirmación, se cree que la presencia del grupo de batalla y del o los submarinos en la zona respondieron a posibles acciones de represalia si el Reino Unido concretaba algún tipo de ataque con armas nucleares.
Satélites
Tanto los Estados Unidos, como la Unión Soviética contaban en aquellos días con satélites de uso militar. En este punto conviene hacer algunas aclaraciones para evitar fantasías y leyendas. Debemos recordar que estamos parados en el año 1982, por lo que la mayoría (sino todos) de los satélites de reconocimiento fotográfico utilizaban cámaras con film (rollo) que luego de utilizar arrojaban en determinadas coordenadas. Estos debían ser recuperados y revelados, por lo que la información de imágenes en tiempo real o cercano, no existía. Sí existían satélites que no trabajaban con imágenes, sino que lo hacían con diferentes instrumentos electrónicos de aquella época y radares.
De hecho, los soviéticos posicionaron a su satélite Kosmos 1368 de reconocimiento fotográfico, de manera tal que pasara sobre Malvinas todos los días de mayo y junio a las 11am a 240 kms de altura. También utilizaron a sus satélites Kosmos 1455 de inteligencia electrónica, y Kosmos 1365 y 1372 de reconocimiento radar.
El Almirante de la Armada de los Estados Unidos Harry Train, quien en la época del conflicto se desempeñó como comandante de la flota del Atlántico, brindó una conferencia en la Escuela de Guerra Naval en noviembre de 1986, y allí afirmó que EEUU y el Reino Unido compartían varios satélites militares, tanto fotográficos como de interceptación electrónica, pero al mismo tiempo aseguró que no tenían cobertura en estas latitudes, y que no contaban con satélites radar. También afirmó que, si hubieran tenido cobertura, para obtener información sobre posiciones geográficas, ya sea de buques, o de posiciones terrestres, necesitaban al menos 7 horas luego de recabada la información para procesarla, sacar conclusiones y enviarla a quien pudiera aprovecharla.
Es realmente muy difícil de creer que la OTAN no tuviera la capacidad de posicionar satélites en una órbita que pudiera cubrir esta zona de interés. Es bastante lógico presumir que ambos bloques mundiales accedieron a información sensible y útil. Existe el mito o verdad de que parte de esa información llegó a manos argentinas proveniente de un “amigo invisible”, pero su real utilización en la práctica por parte de ambos contendientes seguirá bajo un manto de misterio, como suele pasar con todas las actividades ligadas a la inteligencia.
Operación Algeciras
Se trata de uno de los hechos más bizarros de la guerra, y consistió en el plan para volar un barco enemigo en Europa mediante una operación encubierta. Sería necesario para esto el empleo de buzos experimentados que colocaran minas explosivas en el casco del buque elegido. La curiosidad es que quienes llevarían a cabo la operación serían militantes de la organización terrorista Montoneros. De esa forma, si eran descubiertos, no serían agentes oficiales del gobierno y serían desconocidos por el Estado argentino.
Máximo Nicoletti era un buzo experto oriundo de Puerto Madryn que ya había probado su eficacia colocando una carga explosiva en la embarcación recreativa del Jefe de la Policía Federal Argentina, Comisario General Alberto Villar, matándolo a él y a su esposa, y en otra ocasión, colocando explosivos en el casco del que luego sería el destructor clase 42 ARA Santísima Trinidad, que se encontraba en construcción en el astillero Río Santiago.
A fines de los 70’s Nicoletti fue capturado por un grupo de tareas de la Armada, pero logró un “trato”, tal vez a cambio de algún tipo de información. Sea por el motivo que fuere y que por razones obvias no consta en ningún lado, estrechó lazos con sus captores y ante la posibilidad de llevar adelante esta operación, fue convocado.
Esta pequeña célula de operaciones, además de Máximo Nicoletti, estuvo integrada por Antonio Nelson Latorre, conocido como el Pelado Diego, y “el Marciano”, otro buzo experimentado. El enlace fue el Capitán Héctor Rosales.

El lugar elegido para atacar fue la colonia inglesa de Gibraltar, debido a la facilidad de ser un territorio español colonizado, por lo que la base de operaciones sería el pueblo portuario de Algeciras, que además dio nombre a la operación.
El grupo llegó a Málaga vía París, en donde ingresaron con pasaportes falsos, que fueron sospechados por los controles franceses, y tal vez hayan emitido algún tipo de reporte o alerta a sus colegas españoles. Luego de unos días en Málaga, viajaron a Madrid, recogieron los explosivos que habían sido enviados en valija diplomática a la embajada argentina y emprendieron viaje hacia Algeciras. Se trasladaron en tres autos diferentes que viajaron con 10 minutos de diferencia, llevando los explosivos en el último a fin de poder cambiar de rumbo si los primeros eran parados por controles carreteros.
Una vez en destino se alojaron en un hotel y comenzaron a vivir como inofensivos turistas con hábitos de pesca para poder observar las actividades de la base británica en Gibraltar.
El 10 de mayo, la fragata británica HMS Ariadne entró en puerto, por lo que se planificó el ataque para la noche siguiente. Latorre comandaría el bote, y Nicoletti y el Marciano bucearían hasta debajo del casco, en donde fijarían las minas. Latorre los esperaría determinado tiempo, y huiría en el bote si no volvían.

Ese mismo día Nicoletti envió a Latorre y al Capitán Rosales a renovar el alquiler de los autos para tener todo listo para el escape, mientras él y el Marciano dormían para estar descansados para la operación.
Aparentemente la policía se encontraba buscando a unos argentinos, y en su pesquisa por distintos comercios habían detectado el alquiler de los autos y pago en efectivo inicial, por lo que pidieron a los empleados de la agencia de alquiler de autos que los reporten si se presentaban. Así lo hicieron, y así fue como Latorre y Rosales fueron detenidos, y minutos después Nicoletti y el Marciano en el hotel en donde estaban durmiendo.
Nunca se supo el origen de la pista policial, y luego de algunas horas detenidos, los mismos policías les manifestaron lamentar haberlos detenido y de esa forma impedir que volaran un buque inglés. Con el mundial de futbol en España, el gobierno no necesitaba ningún escándalo, por lo que los cuatro argentinos fueron despachados vía aérea a Buenos Aires inmediatamente.
Hasta aquí la parte 1 de esta nota que busca rescatar del olvido a hechos y protagonistas de historias que ocurrieron en las periferias del escenario principal. En la parte 2 encontraremos actividad en el litoral marítimo argentino, y misiones, a veces secretas y otras veces no, hacia países que prestarían posibles ayudas.
* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.



