Atentado a las Torres Gemelas: la rescatista argentina que colaboró con las víctimas
Han pasado 23 años desde el atentado de las Torres Gemelas, en el cual fui médica voluntaria rescatista, cuando por destino y voluntad, fui a la American red cross y me enviaron a Ground Zero. Para mí siempre es conmovedor el día, en Estados Unidos siempre dicen que nunca lo olvidarán (Never Forget) y es un día muy especial, un montón de sentimientos, de recuerdos, de rezar por las víctimas, de mirar, reflexionar sobre lo vivido, sobre lo aprendido, sobre lo que se genera cada año que pasa posterior a un evento único que cambió la historia del mundo y también cambió mi vida porque con ese único acto de decidir ir a ayudar sin saber muy bien qué era lo que iba a hacer ni cómo lo iba a hacer, uno aprende que un hecho puede expandirse y puede transformar a uno mismo y a las vidas que toca.
Eso lo vas aprendiendo cuando miras para atrás con el paso del tiempo, aprender de uno mismo de lo que es capaz y que desconoce que puede hacer, aprender de la compasión, aprender de las miradas con desconocidos y sentir el mismo dolor y aprender a través del tiempo mantener vivas las memorias de esas almas y de esas historias que no serán contadas. Cada 11S los recuerdos siempre despiertan el impacto duradero de ese evento.
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Recuerdo claramente la mañana en que el caos invadió Nueva York. No entendíamos que era un atentado. Mi día en la Universidad de Columbia, de ser un sueño, se convirtió en pesadilla. Las Torres Gemelas, una vez símbolos de fortaleza, se convirtieron en escombros en cuestión de horas. La magnitud del evento era incomprensible. Miles de almas que se mantendrán vivas en la memoria de otros. Mientras caminaba en esa oscuridad de polvo gris, muerte, escombros y olor a combustible de avión quemándose, vi y sentí el miedo en los ojos de los bomberos, policías, rescatistas, pero también vi una humanidad compartida, un deseo de sobrevivir y ayudar a los demás. El impacto emocional de esos momentos, durante esos 3 días de rescate, me acompaña hasta hoy.
Aquel día nos enseñó a no subestimar la vulnerabilidad, la maldad pero también a valorar la solidaridad y la bondad humana. En los años que siguieron, el atentado transformó no sólo a quienes lo vivieron, sino al mundo entero. Como profesional de la salud, hemos visto cómo la mentalidad frente a emergencias y catástrofes ha cambiado drásticamente. La preparación ante ataques terroristas, la respuesta ante desastres a gran escala y el estrés postraumático en los profesionales de rescate han pasado a ser prioridades esenciales en nuestro campo, cuando antes quizás no eran tenidos tan en cuenta.
Foto: Alejandra Ciappa.
Los sobrevivientes y los equipos de rescate han tenido que lidiar con problemas de salud física ,salud emocional y salud mental, desde enfermedades respiratorias causadas por la exposición al polvo tóxico hasta el síndrome de estrés postraumático. En la actualidad, el impacto en la salud sigue siendo visible, en sus descendientes, en las nuevas generaciones. Hoy, inclusive, se cuida la manera en que se les cuenta a los niños la historia de las torres para no causar miedo y ansiedad . Hay múltiples estudios científicos sobre el impacto a largo plazo del atentado.
El mundo ha cambiado, pero no tanto como pensábamos. El terrorismo, las guerras, pandemias y desastres naturales provocados algunos por el hombre, lamentablemente, sigue siendo una amenaza constante. Las lecciones aprendidas aquel 11 de septiembre han servido para mejorar los protocolos de respuesta a emergencias en múltiples ámbitos. El estrés de la pandemia de Covid-19, que ha sido otro gran reto en la historia reciente, me recordó el caos de aquel día, cuando la incertidumbre y el miedo dominaron las calles de Nueva York. Nunca creí que volvería a ver allí la inmensa magnitud de 3000 muertos. Sin embargo, una y otra vez, los médicos, enfermeros y rescatistas siguen levantándose, seguimos aprendiendo de nuestras experiencias y ayudando a salvar vidas en medio de la adversidad. Es un patrón que se repite.
Lo que ocurrió en 2001 ha definido muchas de las estructuras de seguridad y de respuesta que tenemos hoy. Pero más allá de los sistemas, lo que perdura es la memoria, la voluntad de quienes sobrevivimos por ayudar a otros, y la certeza de que el espíritu humano, aunque quebrado, es capaz de renovarse, resignificar, reconstruirse. El atentado sigue repercutiendo en la manera en que respondemos a las emergencias y en cada discusión sobre la importancia del cuidado de la salud mental para los profesionales de la primera línea. Aquel día marcó el inicio de una nueva era de respuestas globales ante crisis, y, como profesional, siento el orgullo de haber sido parte de una respuesta humana inquebrantable.
Foto: Alejandra Ciappa.
Hoy en 2024, sigo sintiendo la responsabilidad a través de mis conferencias, de compartir lo que viví aquel 11 de septiembre, no solo para honrar a quienes no sobrevivieron, sino también para recordar la importancia de la preparación y la resiliencia en momentos de crisis. Mi enfoque profesional se ha visto influenciado profundamente. Mi trabajo como rescatista continúa, quizás desde un lugar de prevenir muerte y promover salud en la consulta diaria. Ahora con una comprensión mucho más profunda de lo que significa el valor de la vida, y sobre todo, el desafío de seguir adelante y vivir con mayor calidad de vida y bienestar.
Comprendiendo que la salud emocional de la sociedad, los estados de ánimo, el comportamiento y los hábitos diarios son esenciales para una longevidad saludable.
Aquel martes fue el día en que todo cambió, esas cicatrices aún se sienten y dejan huella en 2024. Huellas de aprendizajes, de experiencias, de coraje, de duelos, de perseverancia, de enseñanzas. Que nos hacen liderarnos con resiliencia, y generosidad.
Creo en el concepto de que no importa qué tan destrozados estemos siempre podemos encontrar un cimiento para reconstruirnos, para dar un sentido a nuestra vida. Siempre agradecida que cada año pasa algo diferente que me lleva a seguir cumpliendo sueños y que tienen que ver con esas semillas, que sin querer uno plantó hace tantos años y está bueno también dejarse asombrar en la vida por esas cosas buenas que suceden que calman el alma y te dan ganas de seguir haciendo cosas. Debemos profundizar en los valores humanos, usar la compasión, la tolerancia, para cuidarnos entre todos y evitar actos de intolerancia, odio y violencia.
Necesitamos ejemplos de honor, de valentía y vínculos humanos para crecer como sociedad.
Foto: Alejandra Ciappa.
Una nueva aventura, se abre en esta historia. Hace poco tiempo, encontré una foto que saqué en Ground Zero 2001, de un hombre rescatista, un desconocido, la foto es la misma, en el mismo lugar que el saco mi foto. Prometí dársela, pero durante años, la libreta donde anotó su nombre, estuvo perdida en una baulera. Esa es otra historia dentro de la historia, detrás de mi foto. Ya se quien es, lo cual me llenó de emoción, es de Albany, Nueva York. Esta será otra promesa por cumplir…otro compromiso con la vida.
¿Cuántas veces tenemos la posibilidad de cruzarnos , en un instante de la historia que cambió la historia del mundo ,en un lugar determinado y encontrarnos 23 años después? Quizás para enriquecer nuestras historias. Nuestras fotos ya se reencontraron en 2024.
Cumplí, la promesa de llevar a mi hija, y contarle la historia en el museo 911 Memorial y mirarlo desde las alturas de la Torre Freedom, también, cumplí mi promesa de dar a las familias argentinas, las piedras del primer aniversario de las Torres Gemelas.
Nuevamente hoy vuelvo a soñar con esas historias que se cruzan y te nutren el alma. Objetos que se convierten en tesoros.
* Dra. Alejandra Ciappa. Medical Consultant Salud Emocional. Conferencista Internacional Liderazgo Resiliencia e Inspiración. Medical Science Liaison. Asesora Genética Alzheimer
IG: Alejandra Ciappa