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Conspiraciones: por qué cada vez son más populares estas ideas sin fundamento científico

Razones políticas, sociales y psicológicas que llevaron a que tres de cada diez argentinos creyeran que el covid-19 fue parte de una conspiración de grandes empresarios para conquistar el mundo.
Según una nota del New York Times, la mitad de los estadounidenses cree en al menos una teoría conspirativa. Foto: Imagen ilustrativa MDZ
Según una nota del New York Times, la mitad de los estadounidenses cree en al menos una teoría conspirativa. Foto: Imagen ilustrativa MDZ

Según algunos "intelectuales" la Tierra en realidad es plana y hay quienes nos quieren hacer creer que es esférica para que sigamos sosteniendo un sistema que nos es perjudicial. Pero eso no es nada, porque también hay quienes dicen que el empresario George Soros, actores de Hollywood y dirigentes demócratas tienen una red de tráfico sexual y pedofilia en Estados Unidos.

Mientras estamos digiriendo esta revelación, nos informaron que en realidad el coronavirus fue diseñado por el Gobierno chino como un arma de destrucción masiva y estaríamos mejor para enfrentar todo este lío si contáramos con la tecnología de Tartaria, una civilización ultra avanzada que existió hasta hace muy pocos años y fue borrada del mapa por la élite mundial de occidente.

No, no estamos ante la presencia de la sinopsis de películas de ciencia ficción, clase B. Estas son las creencias de millones de personas en todo el mundo y, en muchos casos, son sus fuentes de argumentación para elegir y votar presidentes. Con ustedes la novedad del pensamiento contemporáneo: las teorías conspirativas.

La teoría de que el coronavirus fue un arma para controlar a la población

En relación a la invención del coronavirus como arma letal, según una encuesta realizada por el Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvania, uno de cada tres estadounidenses lo cree. La cifra se vuelve más alarmante. En una nota del New York Times en la que se afirma que un 50% de la sociedad cree en al menos una teoría conspirativa

La situación en Europa también muestra inclinación por teorías conspirativas de toda clase. Un creador de contenido completamente viral llamado Mr. Tartania captó la atención de los españoles con la teoría de la Atlántida tecnológica que le dio su seudónimo. 

Carles Torah, mejor conocido como Mr. Tartania tiene más de 620 mil seguidores en TikTok, 95 mil en Youtube y su propia página web. "Escritor, Gemólogo, Cartografía, Viajes místicos, Retiros Espirituales, Protocolo del Priorato de la Verdad, Atmosh Business", se define Torah y recientemente estuvo en un stream discutiendo con youtuber de divulgación científica que generó cientos de miles de views en vivo. Torah es quien difundió la teoría de Tartaria, una civilización que fue desaparecida por Occidente, porque "temían a su avance tecnológico". 

¿Creen los argentinos en teorías conspirativas? 

Argentina también tiene sus conspiranoicos. Según el estudio “La pandemia manufacturada ¿Quiénes creen en teorías conspirativas?” la llegada del coronavirus disparó números alarmantes sobre las más variadas de estas narrativas: “La principal creencia conspirativa referida por los participantes del estudio es que el virus fue creado en un laboratorio (47%), seguida por la creencia de que el virus constituye una expresión del Nuevo Orden Mundial (34.2%), una estrategia de control (20.6%), el negacionismo en torno a la gravedad de la pandemia (24%) y que la misma es fruto de una conspiración política (19.3%) o un complot de farmacéuticas para obligarnos a usar vacunas (12.5%), aunque sólo algo más de 1% consideró que el virus no existe”.

Pero, ¿por qué las personas en diferentes lados del planeta creen en estas teorías tan extravagantes? Según el artículo “El capitalismo es una conspiración”, de Lauren Fadiman, traducido y publicado en Jacobin Latinoamérica, la problemática de las teorías conspirativas reside en que parten de un problema real: hay conspiraciones.

“En su libro de 2020, After the Fact: The Truth about Fake News" (Después de los hechos: la verdad sobre las noticias falsas), el crítico cultural Marcus Gilroy-Ware, expone la idea de que «el transaccionalismo adversarial del capitalismo es una parte clave de la política de la sospecha, porque significa nadar en aguas que sabes a ciencia cierta que contienen tiburones». Ejemplos de esta adversidad, en la que las empresas no solo engañan, sino que perjudican activamente a los consumidores, pueden encontrarse en cualquier lugar donde se vendan productos.

Gilroy-Ware proporciona una lista rápida de malos actores de buena fe en la cancha del capitalismo del siglo XX, desde que "las tabacaleras que mienten sobre las conocidas consecuencias del tabaco para la salud, hasta las petroleras que financian investigaciones que demuestran funcionalmente el calentamiento global solo para sembrar mejor la duda sobre su existencia, pasando por Purdue Pharma que paga a los médicos para que receten en exceso OxyContin y luego patenta un medicamento para tratar las mismas adicciones que habían fomentado”.

Geroge Soros. El empresario depositario del odio de los seguidores de las teorías conspirativas
Geroge Soros: el empresario depositario del odio de los seguidores de las teorías conspirativas.

En esta cita en extenso en la que Fadiman cita a Gilroy Ware, se puede observar como la mentira de las corporaciones es una constante en la vida cotidiana. Si a eso le agregamos las mentiras probadas de los propios políticos, podríamos pensar que la percepción de que hay personas en los puestos de poder que mienten y conspiran contra la “gente de a pie” es una idea extendida.

Por otro lado, Ailin Tomio, especialista en ciencias del comportamiento y directora ejecutiva de la firma DESPa Method planteó que los seres humanos tenemos tres necesidades epistémicas: sentir que sabemos lo que sucede a nuestro alrededor, sentir que tenemos el control de nuestro entorno y pertenecer a un grupo. Por esta razón, las teorías conspirativas que son explicaciones del mundo cualitativamente, más simples que las teorías científicas, satisfacen las tres necesidades. Por un lado dan una explicación última de los problemas que tiene al individuo, le da una tarea que le genera la idea de control que es difundir esta teoría y la agrupa alrededor de personas que piensan lo mismo: los terraplanistas, los grupos antivacunas o incluso QAnon.

Desde el surgimiento del coronavirus hasta la actualidad, la sensación de no tener ningún tipo de control sobre la propia vida se ha extendido. El aumento exponencial de los seguidores a este tipo de teorías registradas en ambos estudios probablemente tuvieron que ver con esta situación.

El problema de la educación

Además, Jan-Willem van Prooijen, autor del estudio “Why Education Predicts Decreased Belief in Conspiracy Theories” (Por qué la educación predice una disminución de las creencias en las teorías de la conspiración), las personas con un nivel educativo formal más bajo son más propensas a creer en las teorías conspirativas.

Para Jan-Willem van Prooijen, la exposición a diferentes teorías científicas e ideas filosóficas: “Disminuye la creencia en las teorías de la conspiración, mientras el pensamiento intuitivo” las aumenta.

Independientemente de las razones, las teorías conspirativas representan números alarmantes en la sociedad y muchas veces tienen efectos perjudiciales para la salud de quienes se niegan a aplicarse vacunas o exponen a dirigentes políticos a ataques y escraches que no son propios del sistema democrático.