Opinión

Inteligencia Artificial: ¿un polo argentino?

El presidente Javier Milei busca convertir a Argentina en “el cuarto centro de inteligencia artificial del mundo” con regulaciones mínimas.

Carlos Javier Regazzoni martes, 9 de julio de 2024 · 07:04 hs
Inteligencia Artificial: ¿un polo argentino?
Cuál será la real posibilidad para la hipótesis planteada por el presidente Javier Milei respecto de convertirnos en un cuarto polo mundial de la IA. Foto: MDZ

La Inteligencia Artificial podría “quitarnos el trabajo a todos”, apuntó textualmente Elon Musk en un reciente encuentro de emprendedores en Paris. Más aún, sostuvo que habrá que decidir si queremos o no que todo el mundo tenga empleo, lo que equivale a definir qué y cómo se regulará la difusión de la IA, precisamente para que no se lleve todos nuestros trabajos. Sam Altman, CEO de OpenAI (Chat-GPT), en línea con esto recomienda un ente mundial de regulación de la IA al estilo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) debido a la potencia disruptiva de esta nueva tecnología. La lista de personalidades reclamando algún tipo de regulación para la IA se extiende desde Bill Gates hasta el Papa Francisco, aplaudido en la última cumbre del G7 en pleno por sus conceptos al respecto.

La Inteligencia Artificial podría “quitarnos el trabajo a todos”, dice Elon Musk

Haciéndose eco de la preocupación que genera esta tecnología, Estados Unidos, Reino Unido, y Japón por lo menos, avanzan en la creación de institutos nacionales de “inteligencia artificial segura”, destinados a ejercer un poder de policía sobre ella. Y recientemente un estudio de investigadores holandeses mostró que la transparencia en los veinte proyectos más importantes del mundo en grandes modelos generativos (como Chat-GPT) es casi nula. Sus códigos no son realmente abiertos, y los modelos que utilizan para que los sistemas efectivamente hablen y lleven adelante proezas inimaginables hace un año, son secretos, tanto como la verdadera procedencia de los datos usados para su entrenamiento.

La Inteligencia Artificial podría “quitarnos el trabajo a todos”, dice Elon Musk. Foto: MDZ.

El problema da origen al término “Lavado de apertura de la AI” (AI: Open-Washing), que sería como “decir que se abren los modelos, para expurgar culpas, y nada más”. No sólo eso, sino que por la propia dinámica de los grandes modelos generativos de IA podría estar conformándose un verdadero monopolio global, hecho actualmente bajo investigación por el gobierno de Estados Unidos y por la Unión Europea. Esta es la situación de un negocio que va para los 200.000 millones de dólares de inversión global y que promete generar unos 3 billones de dólares hacia el 2030. Como se ve la cuestión es inmensa y verdaderamente compleja.

La pregunta es, entonces, cuál será la real posibilidad para la hipótesis planteada por el presidente Javier Milei respecto de convertirnos en un cuarto polo mundial de la IA. A hoy, lo que más tenemos para ofrecer a modo “polar” para motivar a los grandes modelos generativo en cabeza de los gigantes tecnológicos que el Presidente conoció en su viaje a USA, es el frío. El frío (como en nuestra Patagonia más austral) sería indispensable para optimizar la operación de los grandes servidores de computación requeridos para mover estos gigantes. Más allá de eso, nuestra conectividad es malísima, nuestro internet promedio tiene un tercio de la velocidad que en Chile, la inversión privada en IA es un décimo de Brasil, y nuestra producción científica en la materia menos de un quinto que en ambos países. Sin contar con nuestro drama educativo en matemáticas. De acuerdo con el estudio PISA en matemáticas, el estudiante chileno promedio está tres años retrasado en la materia respecto a los países desarrollados, y en la Argentina 5 años detrás.

Un estudio de investigadores holandeses mostró que la transparencia en los veinte proyectos más importantes del mundo en grandes modelos generativos (como Chat-GPT) es casi nula. Foto: MDZ

Cuál será la real posibilidad convertirnos en un cuarto polo mundial de la IA

El promedio de matemáticas de la Argentina es peor que en Chile (primero de América Latina), Méjico, Perú, Costa Rica, Uruguay, Colombia, o Brasil. A su vez todos ellos bastante por debajo de Unión Europea o los países desarrollados de Asia. Entonces debemos pensar cómo convertirnos en polo de una tecnología cuyo fundamento son, precisamente, las matemáticas llevadas al paroxismo como es el caso de las redes neuronales recurrentes y otros algoritmos que permiten funcionar a estos programas. Sin contar con la precariedad de nuestras planillas de Excel que pululan como todo soporte de los pobrísimos datos de prácticamente toda nuestra administración pública.

Queda entonces la competitividad como toda esperanza

El asesor presidencial Damián Reidel sostuvo que gracias a que no tenemos regulaciones, entonces el país se convierte en un polo atractivo para las inversiones en IA ya que podrían trabajar aquí con mayor libertad. Olvidando que leyes inmutables son las de la termodinámica, pero no las que se infieren de los procesos sociales. O, alternativamente, tenemos la posición de los tecnoptimistas respecto del talento argentino. Talento en matemáticas o ciencias de datos en la Argentina, hay, sin ninguna duda. Como lo hay en Paquistán, la India, o en cualquier país que se considere. A menos que atribuyamos poderes “talentogénicos” al clima, la historia, o a cuestiones étnicas, posición moral y científicamente insostenible, talento hay. Lo que no hay es un sistema eficaz que potencie a los talentos; o seríamos Corea del Sur.

Para ser un polo de IA la Argentina deberá producir y exportar productos basados en IA, lo cual será imposible sin muchos innovadores en IA, lo cual necesita mucha gente muy formada en matemáticas y computación, para lo cual es indispensable una amplia capacitación escolar en cálculo y ecuaciones, lo que finalmente nos lleva al problema de la educación, que hoy tiene los inconvenientes descriptor más arriba con los números, y donde la mitad de la capacidad educativa es pública, y donde la mitad de sus alumnos siquiera se alimenta bien. Esto explica que la mitad de nuestras exportaciones son calorías (que el mundo cada vez necesita menos) y el otro grupo relevante proviene de un sector primario como es extraer a la tierra el producto de la descomposición de la flora y fauna prehistóricas que alguna vez poblaron nuestras mesetas. Todo bastante alejado de la tecnología de que hablamos.

Para ser un polo de IA la Argentina deberá producir y exportar productos basados en IA, lo cual será imposible sin muchos innovadores en IA. Foto: MDZ.

Para ser un polo de IA la Argentina deberá producir y exportar productos basados en IA

Comencemos mejor por dar pasos concretos hacia una revolución tecnológica fenomenal, viendo que hacen los vecinos. Brasil, por ejemplo, donde un grupo científico en colaboración con un instituto de China descubrió un millón de potenciales antibióticos, cuando el último hallazgo en el rubro databa de 1969; o donde se acaban de utilizar redes neuronales artificiales para evaluar, precisamente, el desempeño de los alumnos en sus escuelas (aquí la evaluación a los docentes genera una guerra gaucha). Necesitamos inversión pública en conectividad, planes efectivos de mejora de las matemáticas en las escuelas, promover los doctorados en inteligencia artificial con adecuados sistemas de becas, y desarrollar capacidades de IA generativa pública y de códigos y modelos abiertos.

Paralelamente, pensemos en crear un instituto nacional de IA segura con un modelo regulatorio tipo ANMAT, que alinearemos con lo que ocurre en países desarrollados. Deberíamos retomar los proyectos de microelectrónica y comenzar a investigar en semiconductores y microchips. Finalmente podríamos mejorar la infraestructura de datos públicos. El gobierno electrónico no es un enlatado como el Office o que se pueda comprar a Google, sino un arduo desarrollo que debe ser coordinado y financiado convocando a los mejores. La IA exige otra educación, otro sistema científico, otro modo de producir, y otro tipo de gobierno. Preparémonos para ello, o esperemos a que la usen los clubes para entrenar a sus caballos; ahí tendremos un polo y seremos campeones.

Carlos Javier Regazzoni.

* Dr. Carlos Javier Regazzoni, ex-titular del PAMI, director del Instituto de Salud Global, Universidad Kennedy.

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