Venezuela libre
En este momento, mientras lees estas palabras, en Venezuela están torturando a más de 300 presos políticos. Al mismo tiempo, decenas de venezolanos intentan cruzar la peligrosa selva del Darién, sumándose a lo que es, desde hace mucho tiempo, la mayor migración del mundo, con al menos ocho millones de ciudadanos que han huido del país. Más que los migrantes de Ucrania o Afganistán, países en guerra.
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Pero también, en este preciso instante, millones de venezolanos están votando. Votando por Edmundo González Urrutia, sí, pero principalmente votando por ellos mismos. Votando por ser libres, votando contra la barbarie, votando por volver a abrazar a sus familias. En fin, votando por rescatar a un país saqueado pero no devastado, golpeado pero no arrodillado.
Esta ha sido una campaña distinta. Una campaña de una inmensa mayoría que quiere, desea y necesita un cambio, contra una diminuta minoría que solo le queda la fuerza bruta. Fue una campaña del pueblo, sin recursos, pero con toda la esperanza de volver a ser libres. Las movilizaciones encabezadas por González Urrutia y María Corina Machado, la líder de Venezuela, fueron tan grandes como históricas, porque representaron la rebelión de un país contra un régimen opresor que ya lleva un cuarto de siglo en el poder.
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Si se tratara de una elección en democracia, no habría dudas: la oposición ganaría sin contratiempos. Y es que 30 o 40 puntos de diferencia, que es lo que Edmundo le lleva al candidato-presidente violador de derechos humanos, es de una contundencia poco vista. Pero no estamos en democracia y, por ello, no basta solo con votar. Hay que hacer más. Hay que defender el voto, alzar la voz y contar con la comunidad internacional, porque esto no se trata solo de Venezuela, se trata de la democracia o la autocracia.
Los venezolanos enfrentamos una situación compleja porque, en dictadura, a veces 2 + 2 no es igual a 4. Pero esta vez, con una sociedad volcada al cambio, organizada, gritando libertad y deseando un futuro donde las familias ya no tengan que hablar por videollamada, se puede lograr que, de nuevo, las matemáticas funcionen.
Aristóteles decía que “la esperanza es el sueño de los despiertos”, y no hay descripción más perfecta para la Venezuela de hoy.
* Walter Molina Galdi, politólogo venezolano.