El presidente de la AMIA denunció "falta de compromiso" para hallar justicia
Memoria y justicia. Foto: AMIA
AMIA“A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino”. La frase pertenece a Víktor Frankl, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia, y sobreviviente de Auschwitz. En su libro “El hombre en busca de sentido”, ofrece pasajes que ayudan a entender y admirar aún más la capacidad humana de la resiliencia, para poder seguir adelante, a pesar de lo que pasó.
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Lo que pasó el 18 de julio de 1994 fue, nada más y nada menos, que una masacre, un brutal ataque terrorista que mató a 85 personas e hirió a unas 300. Se cumplen hoy 30 años del atentado perpetrado contra la AMIA. Otro año en el que hay que volver a denunciar que la insoportable impunidad vigente en la causa es una marca vergonzante para la historia argentina, y una deuda enorme de la democracia.
Lo que pasó el 18 de julio de 1994 fue, nada más y nada menos, que una masacre
A pesar del dolor con el que conviven desde hace tres décadas, hemos sido testigos de cómo los familiares de las víctimas fatales del atentado a la AMIA han mantenido vivo el reclamo de justicia, cómo no han bajado los brazos, cómo han seguido de pie, mientras conviven con un dolor imposible de describir. Las instituciones comunitarias, por nuestra parte, seguimos exigiendo medidas y avances, marcando todo lo que hay que hacer, todo lo que falta aún para que llegue el día en que se administre justicia.
¿Y el Estado? ¿Cómo ha transitado estas tres décadas, desde el día en que el terrorismo internacional atacó por segunda vez en la ciudad de Buenos Aires?
Duele decirlo: El Estado no ha estado a la altura de las circunstancias. Y un Estado que no aprende de sus errores está condenado a repetirlos. ¿Cómo puede explicarse que, en muchos aspectos, estemos igual que en 1994? Con un Código procesal penal de la Nación obsoleto y sin una legislación moderna para combatir el terrorismo.
Nuestro país necesita una ley antiterrorista
Resulta inexplicable que, después de los dos atentados sufridos el 17 de marzo de 1992 y el 18 de julio de 1994, no se haya cambiado en nada el marco legal para prevenir, investigar y castigar este tipo de crímenes. Precisamos, además, que la Fiscalía a cargo de la investigación produzca realmente información nueva y sustanciosa. Desde 1994, se sabe que el atentado fue perpetrado mediante un coche-bomba, y que la República Islámica de Irán, sus diplomáticos y la organización terrorista Hezbollah fueron los responsables, y que contaron con la colaboración de una conexión local.
En reiteradas oportunidades, la Justicia argentina demostró estos hechos. Por lo tanto, se debe seguir exigiendo a Irán que brinde respuesta a los requerimientos judiciales cursados, a lo largo de todo este tiempo. Algunos de los acusados iraníes han circulado recientemente por países que los reciben y protegen. De los pocos logros que tenemos a nivel judicial podemos mencionar a las alertas rojas de Interpol que pesan sobre los acusados, pero necesitamos la cooperación internacional para que los acusados puedan ser extraditados y vengan a rendir cuentas de sus actos, y ser juzgados con todas las garantías de la ley.
Los hechos demuestran que falta compromiso para terminar con la injusticia. Una masacre que causó tanta destrucción, que dejó una herida tan profunda en toda la sociedad, no puede quedar impune. No podemos permitirnos perder la esperanza, aunque hayan pasado 30 años y aunque duele tener que repetir, en cada aniversario, que por el atentado a la AMIA no hay un solo responsable condenado.
Continuaremos insistiendo para que los responsables de este crimen de lesa humanidad comparezcan en un juicio, con todas las garantías constitucionales. Exigir justicia y castigo a los culpables y responsables del atentado es un imperativo al que no renunciamos, y en el que toda la sociedad debe estar comprometida.

* Amos Linetzky, presidente de AMIA.

