La deuda sigue vigente con los jubilados
Es posible que los historiadores del futuro reciban, al observar nuestra época, una fuerte impresión de continuidad en aspectos que hoy nos parecen grandes rupturas. Si uno se abstrae de la pirotecnia de la política cotidiana puede apreciar que de manera continua, a lo largo de las últimas décadas, se vienen sosteniendo procesos como la degradación de las jubilaciones y pensiones para personas mayores y para personas con discapacidad.
Independientemente de los discursos, y de los momentáneos reveses, la marcha de esos haberes es decreciente año a año, sin que se observe a futuro ninguna posibilidad de recomposición. En ese sentido, el actual gobierno funciona como una continuación, y si se quiere profundización, de lo que ya venía ocurriendo con los gobiernos anteriores, entiéndase, con el kirchnerismo y el macrismo.
La marcha de esos haberes es decreciente año a año
La película que estamos viendo, a lo largo de los años, es la de un Estado que se retira, ya sea por determinación propia o por impericia, por negligencia o por mal cálculo, por ideología, por negociados espurios o por no poder romper la inercia desatada por la superposición de todas las anteriores.
El resultado, desde el punto de vista de los haberes que reciben las personas, es siempre el mismo. Por lo cual, el mileísmo, mucho más que el fin de la casta representa la etapa final de sinceramiento de la misma. Todos los negociados que Javier Milei pretende terminar por parte del sistema político van a reorganizarse de distintos modos, porque quienes realizan esos negociados, políticos, sindicalistas y empresarios, cuentan con los medios para recolocar sus capitales en donde les sea conveniente.
Todos ellos sabrán recuperar lo perdido. Y siempre habrá jueces dispuestos a reinterpretar sobornos como aportes de campañas, tal como ocurrió esta semana en la célebre “causa de los cuadernos”. De hecho, los movimientos que el propio gobierno está realizando en torno a la justicia parecen apuntar a garantizar la continuidad de la porosidad judicial.
ALF PONCE MERCADO / MDZ
Los jubilados y pensionados, en cambio, nunca van a recuperar lo perdido. Lo cual se vuelve aun más injusto no solamente por el hecho de que una parte importante de los mismos se encuentra en una situación de miseria sino también por el hecho de que ellos fueron los principales financistas del ajuste del que se vanagloria el gobierno. Siempre que Javier Milei se manda la parte sobre el “mayor ajuste de la historia de la humanidad” debería recordar que fue gracias a los jubilados y jubiladas que pudieron hacerlo.
Ese reconocimiento, sin embargo, nunca se va a producir. Tanto por una cuestión ideológica como por un cuestión estratégica, este gobierno está terminando de concretar una inmensa transferencia de recursos públicos hacia los sectores que ya concentran la mayor parte de la riqueza en nuestro país. Esto se hace evidente cuando se observa la doble moral que el gobierno esgrime de manera impúdica en torno al concepto de deuda.
Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ
Quien reclama una recomposición de los haberes y pensiones, siendo que fueron estos haberes los mayores perjudicados por la política actual, es un “degenerado fiscal.” Por otra parte, las 80.000 causas con sentencia firme, por motivos previsionales, que el gobierno está legalmente obligado a pagar, pueden ser aplazadas indefinidamente.
Esas no serían deudas legítimas. En cambio, los compromisos con organismos de crédito internacional tienen que ser cumplidos aun más allá de lo exigido por esos mismo organismos. Y en eso Javier Milei se parece a Kirchner, que en su momento de mayor optimismo, liquidó sin discutir hasta el último peso de la deuda con el FMI.
Javier Milei se parece a Kirchner, que en su momento de mayor optimismo
A su vez, las empresas extractivistas que quieran instalarse en el suelo nacional pueden hacerlo en condiciones fiscales que no podrían siquiera soñar en otros países. Y eso por un plazo de tiempo que excede al tiempo de vida que le queda a la mayor parte de los jubilados actuales.
Hay ciertas deudas, entonces, que son sagradas y otras que no son siquiera consideradas como deudas. Ante semejante degeneración conceptual es imperioso apelar al sentido común. La deuda, ahora más que nunca, es con los jubilados. Y cualquier recomposición económica que vaya a haber en el corto o largo plazo debería impactar en el bolsillo de los jubilados, antes que en cualquier otro sector.
Si esto no ocurre, entonces la política del gobierno no sería más que una estafa
Una más en nuestra historia.

* Dr. Eugenio Semino - Defensor de la Tercera Edad - Pte. de la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología (SIGG).

